MARTA SERNA EN LA GALERIA ROSA SANTOS

Posted on Actualizado enn

Cruel but Fair

 
 
 

 

Caperucita superando sus miedos
Caperucita superando sus miedos

 

Una galería con varias plantas obliga a transitar hacia arriba y hacia abajo. Uno asciende, y encuentra cosas. Luego, desciende repasando lo que ha encontrado y, si se da el caso, gozando más de ello. O reflexionando. Así sucede en la Galería Rosa Santos (C/ Bolsería 21. Valencia).

 

 

            Su promotora y propietaria explica que empezó en el bajo del mismo local con una socia, cuando todavía estudiaba en la Universidad. Luego se quedó sola y fue adquiriendo alturas. También asegura que no es un negocio rentable. Esto implica un afecto especial a este trabajo de “tratar con el arte”, y también algún tipo de recurso financiero. Muchas galerías funcionan igual, sin cuenta de resultados que no sean la satisfacción o la vanidad. En el caso de Rosa Santos, me inclino por la primera.

 

Planta baja y entresuelo
Rosa Santos en su galería

            Hasta el 8 de noviembre, expone una colección de dibujos, pinturas y “recortes” en plástico negro (no sé qué otra definición darle, si es que la tiene esta fórmula parecida a las sombras recortadas en papel oscuro que entretenían a los ilustrados de los siglos XVIII y XIX). Por último, hay un video en el que se halla la clave de la exposición. El conjunto se llama “Cruel but Fair”. “Cruel pero Justo”. Una clave que ha de ser revelada.

            ¿Y qué sucede si no la conoces?

            Nada. No hace falta descifrar una obra de arte para gozar de ella. Ahí está todo el Renacimiento y el Manierismo, el Historicismo y el Simbolismo del XIX, y toda la pintura no objetiva del siglo pasado y del presente. Muchos de los jóvenes de hoy apenas han oído hablar de los misterios del cristianismo, y eso no impide que puedan gozar de Rafael, del Tintoretto o del Bosco.

            Pero si la artista (o alguien que lo sepa) te revela el enigma, el conocimiento se añade al goce.

            Lo más importante es éste, sin embargo. A mí me han seducido las imágenes de Marta Serna, sus formas, sus insinuaciones, su mensaje inquietante. Un mensaje cuyas claves he conocido después.

            Para evitar farragosas especulaciones, construcciones metafísicas o simplemente rollos patateros, luego de recorrer con calma la exposición, he charlado un largo rato con la artista, que me ha revelado sus secretos estéticos.

            Pero antes, una descripción de lo que expone en la galería Rosa Santos.

Calle Bolseria
Calle Bolsería

            Primero, una serie de colecciones de dibujos en papel de cuaderno. En ellas hay niñas. Una, dos y hasta tres niñas. 36, conté en una de las colecciones, en filas de 9 por 6. Hay niñas con gato. Niñas con ciervo. Caperucitas cabalgando sobre el lobo…Según se puede ver en las fotos que acompañan estas palabras, el estilo de estos dibujos evoca el tebeo japonés, que no significa que sean mangas, sino que se reconoce en ellos la huella del manga en la conciencia de Marta Serna. Me estoy arriesgando, porque puede que no sea así. No se lo he preguntado a la artista. Y de ella es la última palabra.

            Luego están los lienzos. El mismo perfil de la misma niña (aunque tenga dos o tres aspectos diferentes, se ve que es la misma niña, está claro que la propia Marta, enseguida veremos su explicación). No son retratos, son perfiles a una sola tinta. Toda la expresión está en los ojos y en la boca. Y en unas botas rojas que aparecen por todas partes, también en los dibujos, y que evocan sangre, menstruación, “el lado oscuro o agresivo de una mujer”, según me dijo una visitante a la que pregunté sus impresiones. Una colección de lienzos representan a la niña de las botas rojas y unas simples braguitas (en los dibujos también aparece vestida, pero dominan las primeras) comiéndose un gato con un collar de pinchos. El cuadro final es la niña con rabo y el collar de pinchos en una mano, mirando hacia delante con desapasionamiento.

            Los recortes en plástico son grandes, de un metro o más. Vuelve la niña. A veces con unos instrumentos de carpintería que la hacen peligrosa. Pero también la niña y unos monstruos que parecen Frankenstein y Drácula, en actitudes nada amenazadoras, todo lo contrario, mostrando una complicidad natural, aunque también desafectada, casi provocativa. Se ve que son amigos, y que nos miran diciéndonos, “¿Qué pasa?” “¿Qué hay de malo o de raro en ello?” Ojo, no hay nada de aberración, de pedofilia. Toda la sensualidad y el erotismo que emiten las niñas, palpable, imposible de ignorar, está ausente en estas composiciones de niña con monstruo o viceversa.

            Y por fin, el video. La niña de las braguitas, un charco rojo que se transforma en botas katiuskas, o al revés. Da lo mismo.

            Vamos a la clave de esta exposición. Añadamos conocimiento al encanto de visitarla y recorrerla. Entrecomillo el párrafo que sigue, aunque no es literal. Pero la explicación de boca de la artista resultará más amena que el estilo indirecto.

Niñas peligrosas
Niñas peligrosas

            “Las botas rojas. Toda la exposición viene de ahí. Me he dedicado últimamente a la fotografía. Pero desde hace 3 años llevaba con la idea de volver a dibujar, sin que llegara a atreverme. Hubo un despertar por cuestiones personales, familiares. Andaba detrás de buscar la recuperación de la raíz del poder que uno ejerce sobre uno mismo. [Yo entiendo en esto la búsqueda de uno mismo que a todos nos sobreviene varias veces en la confusión de la vida.] La buscaba en las imágenes. Una de las más poderosas se refería a un verano de mi infancia, en agosto, con un gran calor. Alguien me trajo de un viaje a Rusia unas botas katiuskas rojas. Eso cambió mi mundo. Me hizo sentirme diferente, y por tanto poderosa. Era algo mágico. La niña era la misma. Pero el objeto que le diferenciaba de los demás, no era de ese mundo, venía de Rusia. No me quité las botas en todo el verano. Mi indumentaria fueron las katiuskas rojas y las braguitas del bikini.”

“Hace unos dos o tres años, el 31 de julio tuve un sueño muy fuerte, de esos que te devuelven los pies a la tierra. Al día siguiente, el 1 de agosto, era el aniversario de una cuestión personal también muy fuerte. Me encaminé al estudio por un camino por el que no había ido nunca. Y al entrar en una calle desconocida, vi al fondo un buzón de correos con una mancha roja en la base. Al acercarme descubrí que eran unas botas katiuskas, nuevas.  ¡De mi número!”

Niña Gato
Niña Gato

“Eso fue el detonante. Lo sentí como una segunda oportunidad. Perdí el miedo a dibujar, aunque pasaron unos meses durante los cuales fue efectuándose este proceso, esta revelación.

“El video es esa historia, volver a encontrar el objeto mágico. Hace memoria de lo poderosa que me sentía de niña. Al hacerte adulto, pierdes ese poder, que es inconsciente, que está basado en una protección de tu familia que tú das por descontada e ignoras.”

             En este caso, todo lo expuesto por Marta Serna en la galería Rosa Santos procede de esa “revelación”. Pero la elaboración del trabajo ha seguido unas pautas que ella suele mantener.

            Lleva cuadernitos encima en los que toma apuntes. Anota palabras, ideas, dibuja bocetos. Almacena los cuadernos. Luego los deja reposar, se olvida de ellos. Y al cabo, los revisa cuando siente que debe de hacerlo. Y empieza a sacar conclusiones, a ver cosas que al hacer las anotaciones en el cuaderno no había percibido.

Hojas de cuaderno
Hojas de cuaderno

            Marta Serna dice que también se inspira en la literatura, en sus lecturas cotidianas o extraordinarias. Entonces da con cosas que buscaba de un modo intuitivo, que acuden a ella, y que en otros momentos de la vida, aunque se pusieran delante de sus ojos, no las interpretaría igual.

            “Cruel but Fair” tuvo una evolución asombrosa, dice. Al principio no era del todo consciente de lo que estaba creando. Poco a poco empezó a darse cuenta del sentido de sus dibujos y de sus lienzos.

            En pocas palabras es una representación de la inocencia infantil a la realidad adulta, de la conciencia de que una etapa ha acabado y que empieza otra en la que las cosas serán más complicadas, más costosas. Y para ello hay que prepararse, hay que armarse.

            Le hablo de la perversidad que se observa enla mirada de la niña en algunos dibujos.

            “¿Perversidad? No creo en los conceptos planos, en la bondad y la maldad extrema. En cada uno se operan actitudes distintas que le sorprenden. Los monstruos de cine representados son supertiernos, son entrañables. Son valientes, van con su indefensión por delante, no se ocultan. No es exactamente Frankenstein, sólo se le parece. Esa fisonomía tiene que ver con otras cosas. Los monstruos son la parte oscura, pero también la parte protectora. Me dan más miedo los que tienen cara de bueno, esos que ostentan el traje de chaqueta y la corbata.”

            “En cuanto a la niña que se come al gato, no es una violencia gratuita. No se come al gato, es una especie de trueque, de connivencia con el animal. Al final dejan de ser lo que habían sido antes. Se producen cambios en el cuerpo. La niña se queda con la parte salvaje del gato para hacerse fuerte. Mutan ambos seres. Cada uno por separado no puede sobrevivir, necesitan fusionarse.”

“Por último, la niña con los cuernos de ciervo. A veces se ve a dos niñas astadas que luchan, pero no sangran por los cuernos. Cuando está sola, sí sangra por los cuernos. Es una lucha interior. Luchar por permanecer ella misma. La simbiosis al principio le hace aislarse, sentirse distinta. Parece algo malo. Luego te das cuenta que lo que te hace distinto te dará la clave para la supervivencia. Sin cuernos, no podría luchar.”

Es la metáfora del crecimiento.

 

 

Política y creación

Posted on

“El País”, ese diario que quiere comprender y que predica en una corbata la búsqueda de retos cada día, publica hoy en Babelia una serie temática dedicada a la política ya la creación. Resulta curioso que, en términos generales, los artistas evocados, citados o entrevistados manifiesten su disposición a hacer política con sus creaciones. Digo curioso porque esa forma de comprometerse ganando dinero y quedando bien sin arriesgar ni un pelo está demasiado explotada. Pero sigue funcionando.
La entrevistada es Alicia Framis, artista catalana residente en Shangai. Alicia Framis estudió en Barcelona, París y Amsterdam, vivió a medias entre Nueva York y Japón, luego tuvo un hijo como madre soltera vocacional, regresó a Barcelona porque no podía con todo, la invitarona Shangai, aceptó, se marchó para allá y rejuveneció. Además es mona.
Esta chica es un ejemplo vivo de artista moderno. Debe de haber cientos de personas nacidas en Cataluña que hayan recorrido más mundo que ella. Pero no son artistas. Como mucho, son posibles personajes de una novela de Vila-Matas.
Puede parecer que me estoy cachondeando de Alicia Framis. Pero lo único que hago es resumir textos de un periódico y establecer una comparación pertinente.
Alicia Framis ha tenido la suerte (o el enchufe) de exponer en el Centro de Arte Santa Mónica de Barcelona. Ha juntado en filas e hileras centenares de cascos de moto cortados por arriba y ha llamado a esta ocurrencia (instalación) Guantánamo Museum.
“Como una letanía, el músico Blixa Bargeld lee unalista de 274 nombres que han sido ordenados por el escritor Enrique Vila-Matas por asociaciones poéticas o fonéticas”. Así introduce Catalina Serra la entrevista.
Otro ejemplo de la esencia del arte contemporáneo. Búscate un músico de nombre danés o sueco para que lea con su áspero acento nórdico (estoy imaginando) nombres árabes y tal. Convence a un escritor de culto para que “ordene” esos nombres según criterios que puedan ser nombrados (eufonía, poesía, etc.). Tienes aseguradas dos páginas en un diario nacional dispuesto a comprender. La predisposición a comprender es justa y necesaria en las aproximaciones a la creación artística de hoy. Yo confieso que la fotografía de los cascos es bonita y muy sugerente. No sé qué me sugiere, pero seguro que me sugiere algo, sobre todo si antes me lo ha sugerido el título de la instalación.
Me resisto a entrar a saco en el contenido de la entrevista porque acabaría haciendo un ensayo ilegible. Esta chica tiene que ser despabilada a la fuerza, además de una artista sagaz. Compagina sin el menor empacho el compromiso y el mercado. El día que los suplementos de arte y cultura se dediquen a hacer un análisis serio de las entrevistas que publican, cerrarán el kiosko. La suma de banalidades, incoherencias o estupideces que dicen algunos intelectuales sin cortarse un duro elevaría la montaña de la inverecundia o poca vergüenza a alturas insoportables, la Tierra se daría la vuelta por tanto lastre amontonado y nos caeríamos todos al vacío. (¿Hacia dónde? ¿Hcia arriba o hacia abajo?)
Luego están los artículos de fondo.
Hay uno del veterano Calvo Serraller en el que viene a decir que los artistas comprometidos son los mejor instalados en el sistema. Patada en la boca a Alicia Framis.
Y otro de Estrella de Diego sobre una exposición de Cy Twombly en el Prado. ¿Debe entrar el arte contemporaneo en el Prado? Pues claro, dice la Estrella. Y en un matadero. Y en una pocilga. Y en la sala de estar de mi casa. Y en una telecomedia. Donde sea. Qué más da. ¡Ah, no! No da igual, ni mucho menos. Porque hay gente que al ver las creaciones de Cy Twombly (“copia en sus signos las pintadas del Coliseo, las frases de amor para marineros de los retretes públicos”), exclaman: “Esto es lo que hace mi niño en el colegio.” Son gente vulgar. Que no está dispuesta a comprender. Qué tontos. Seguro que escuchan la Cope y leen La Razón y El Mundo.

José Ramón Cumplido a las puertas de Arcadia

Posted on Actualizado enn

Herbes.
Herbes.

La imagen que ilustra la cabecera de este blog es un fragamento de una obra plástica del artista valenciano José Ramón Cumplido.

José Ramón Cumplido es un creador que lleva años buscando un nido en la selva del arte.

José Ramón no es de los que se dejan arrastrar por la inspiración. Le gusta dominar el acto creativo, aferrarse con ambas manos al trabajo que realiza en cada momento. Para él, crear es una actividad reflexiva. Medita sus decisiones. No le gustan los experimentos. Su mayor satisfacción es reconocer en el lienzo o la tabla que acaba de terminar aquello que había previsto realizar. Esto es lo que quería.

José Ramón Cumplido se mantiene todavía en los aledaños del paraíso, que es lo que parece la selva del arte vista desde fuera, una especie de Arcadia Feliz.

Mirada con atención, esa Arcadia contiene fragamentos del Infierno.  La Arcadia es una tierra básicamente fría porque en ella las pasiones se congelan, y la felicidad se convierte en una obligación o en una rutina, como si sus habitantes se tomaran una pastilla de endorfinas artificiales cada mañana. Artificiales o ajenas, endorfinas de otro que quizá las ha vendido para poder comer. Por eso viene muy bien el calor del infierno que se escapa por las rendijas del jardín, subiendo por el tallo de las flores y el tronco de los árboles.

José Ramón Cumplido está parado delante de la selva de Arcadia, escruta su interior entre el follaje y cavila. ¿Merece la pena entrar? ¿No será un aburrimiento? ¿Terminará uno quemándose por los escapes hirvientes del Infierno?