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ULTIMA HORA: INTERÉS ALIENÍGENA EN LO-DE-CATALUÑA

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IMG_2144 copiaTengo un amigo lunático. Quiero decir que es de la Luna, el satélite de la Tierra. Vive con su gente en la cara oculta desde el principio de los Tiempos. Y lo hacen con discreción y con distanciamiento. Entre otras cosas porque no tienen que ver nada con nuestra especie. La suya tiene forma de percha o de paragüero, y lo único que comparten con los humanos es la inteligencia, ni instintos ni emociones ni nada de nada.

Este tipo, Lunático, suele tomar vacaciones en el planeta Tierra, porque le coge más cerca y le tiene afición y afección (de la suya, no de la nuestra). La última vez que estuvo fue en enero, que debe corresponder con su agosto lunar, a lo mejor, no estoy seguro.

Hasta Año Nuevo no le tocaba descolgarse por aquí. Pero hace una semana, exactamente el 1 de octubre (1-O parece un resultado de fútbol) se presentó en mi casa, convenientemente disfrazado, claro, a eso de las cinco de la mañana (ahora caigo que no era el uno cero, sino el dos cero, no sé quién ganaba).

Me llevé un susto de muerte. Pensé que era una patrulla de los Mossos d’Esquadra para comprobar si estaba viendo TV3, TVE, La Sexta o la Trece, algo absurdo a las cinco de la mañana y sin mandamiento judicial, pero hoy en día lo absurdo es lo normal.

El caso es que era Lunático. Me cogió de las solapas del pijama (es la forma de mostrar afecto de su especie), y me pidió que le acompañara a la Luna, a los estudios de “CosmoVisión”, donde tenían un debate sobre Lo-de-Cataluña. Me necesitaban, me aseguró zalamero, sacudiéndome bien fuerte. Y también a tres humanos más. A saber, uno que defendiera la separación de Cataluña, uno que se opusiera a ella, y otro que se quedara entre medias.

—¿Y qué papel haré yo? —le pregunté desconcertado, más por el madrugón que por lo que me proponía.

—Tú serás el espectador terrícola. Con uno nos vale. Porque si invitamos a media docena, dentro de un mes InterCosmicNet estará infectado de polémicas sobre …

—¿Sobre la independencia de Cataluña?

—No, qué va. Sobre la conveniencia o no de aconsejar a uno de nuestros agentes en Corea del Norte que convenza a Kim Yong-un, que también es agente nuestro, pero pacifista, para que lance un missil nuclear sobre Guam y acabemos de una maldita vez con la Humanidad.

—¿El presidente Trump también es agente lunático?

—No, pero sus padres, sí. Lo raptaron de un orfanato suizo, precisamente porque era… ¿cómo decís vosotros?… un tipo con capacidad diferente, muy a propósito para un experimento nuestro que salió mal… Me estás liando, tío. Yo he venido aquí a llevarte a un debate político.

—¿Y si me niego? —tuve el atrevimiento de decir.

—¿Prefieres participar en uno de vuestras televisiones o radios terrícolas?

—¡No, gracias! —sabe que soy periodista.

—Pues hazle un favor a tu especie, y vente a la Luna un rato. Cuando regreses con tus amigos, no habrá pasado ni medio minuto, podrás volver a la cama.

Nos fuimos a buscar al independentista (lo encontramos en Don Benito, Badajoz), al español por los cuatro costados (lo encontramos en Estella de Navarra), y al ambiguo (un primo lejano de P. Iglesias del barrio de Usera de Madrid).

A las cinco y cuarto a.m. hora española estábamos en los estudios de Lunavisión. No hubo que maquillar a nadie. Esperamos muy poco a que nos dieran entrada en el plató en medio de un aplauso que sonaba a castañuelas y a zapateado.

Cada uno de los terrícolas hizo su discursete, coherente con su pensamiento, sintético, rotundo. Era como si les hubieran convertido en competentes lunáticos, no hubo bronca, no hubo digresiones ni pataletas.

Yo, mientras, permanecía al lado de Lunático sin decir palabra.

Luego vino el turno de preguntas. Tampoco pasó nada. Cuando terminó el programa y nos tocó volver, le pregunté a mi amigo si podíamos llegar a casa el 28 de diciembre, confiando que para entonces todo se hubiera resuelto. Arrugó su cara de paragüero y me miró como mira una percha.

—¿Quieres decir que habréis convencido ya a Kim Yong-un para que deje de ser pacifista?

Mi amigo se encogió de hombros. Es una forma de hablar.

Me gustaría tener memoria de elefante para dar cuenta pormenorizada de lo que se dijo en aquel debate lunar. Pero después de ver y escuchar tanta porfía, pelotera y declaración de fe en los medios de desinformación, digo, de confusión, digo de comunicación, en los mass media, ¡diantres!, después de tanto lío, he de hacer un esfuerzo, que he hecho, para resumir lo que los lunáticos creen saber de nosotros, en concreto de los españoles, incluidos, o no, los catalanes.

Un lunático veterano con semblante de aspirador de disco escuchó las razones de los humanos. Y al llegar su turno, dijo más o menos lo siguiente.

—En toda revolución, y lo-de-cataluña lo es, deciden dos factores: la fuerza y el dinero. ¿Qué fuerza tienen los independentistas? Los Mossos de Esquadra, una insignificancia. Y el dinero se está yendo a la carrera. La Revolución Soviética fue financiada y protegida por el gobierno del Kaiser, sin su ayuda Lenin estaría hoy enterrado en Suiza. Es solo un ejemplo de algo constante en la historia de la Humanidad desde que la venimos observando.

Se quedó callado un momento, como si esperara una pregunta mía. Acaso deseaba dialogar. No abrí la boca, y él utilizó la suya que yo no podía identificar, aunque escuchaba sus palabras debidamente traducidas.

—El orden público no ha sido un problema, aunque sus medios de desinformación no paren de sacar imágenes de guardias aporreando a manifestantes desgreñados. No lo es, ni lo será. A no ser que su presidente de gobierno sea tan insensato como parece serlo el catalán.

¿Tomaba partido el lunático o era un defecto del intérprete?

—A ustedes les pasma que su presidente de gobierno parezca impertérrito. Dicen que es un hombre irresoluto, que es un timorato, que si no se qué y que si no sé cuántos —el intérprete era un fiera—. Del presidente del gobierno de Cataluña dicen que es un tío bragado, con mucha cintura y tal. Muy bien. ¿Con qué fuerzas armadas cuenta? Los patéticos Mossos de Esquadra —el intérprete debería ser españolista—. Nada. Se los meriendan en una tarde. Pero no ocurrirá tal, a no ser que el señor Mariano sufra un colapso, regrese el señor José María con la gorra de plato puesta y embista con los tanques por las Ramblas. Absurdo, insensato. No pasará.

“Su presidente de gobierno parece impertérrito, que no lo estará, pero su naturaleza galaica le ayuda a simular, porque tiene al dinero de su parte. Pongamos que el señor ese del flequillo —de nuevo el intérprete mostraba su partidismo— proclama la DUI. ¿Qué hará el señor Mariano? Nada. Y hará bien. A no ser que los que se oponen a él en su Parlamento pierdan la chaveta y se lo quiten de en medio, lo que convertiría su país en una jaula de grillos y no sé qué cosas peores.

“Pongamos que el señor Mariano persiste en su aparente inactividad. Pasa una semana, pasan dos… las que sea. De pronto, un día, el chófer del estadista Puigdemón —los lunáticos habían cambiado de intérprete— se encuentra que no tiene una peseta, o sea, un euro para llenar el depósito de gasolina. Y no sólo el president, sino todos los políticos amantes del derecho a decidir —sí, nos habían cambiado de intérprete— se ven en la obligación de sacar dinero del banco, de su propia cuenta, para pagar esos gastos. ¡Pero se encuentran que sus cuentas están embargadas! Por mucho que el ex-honorable les inyecte dinero de las suyas en Suiza y en Andorra, no llega para pagar tantas necesidades. Los funcionarios cobrarán. No todos, los servicios de información españoles han pasado las filiaciones de los bomberos, los maestros de escuela, los mossos y otros cargos públicos que se han retratado literalmente en el Prusés, y se verán en la obligación de pedir préstamos a los vecinos. Puede que se los den la primera semana, algunos hasta la segunda. Pero a la tercera, ni un duro, que las cosas están muy apurás —de nuevo había vuelto el intérprete fiera—.

“Y mientras tanto, las empresas catalanas que venden productos en el resto de España —esta precisión es otra prueba de que había vuelto el intérprete españolista—, empiezan a recibir devoluciones de productos y pedidos. Las grandes se han ido marchando. No hay dinero, no hay violencia. La revolución se viene abajo como un castillo de naipes”.

—¿Y qué ocurrirá entonces? —creo que fui yo quien pregunté al lunático eminente.

—Depende de si la oposición deja al señor Mariano en paz. Y esto depende de si las cancillerías europeas envían recados serios al del flequillo y a los de la oposición. Podemos deducir…

—¿Qué pasa con Podemos? —salté yo.

—…Podemos deducir que si alguien no pierde la cabeza..

—¿Quién? —de nuevo era yo.

—No sea usted ansioso, hombre. Si casi todos los que tienen responsabilidades políticas conservan la calma, Catalunya volverá a ser Cataluña.

No recuerdo cómo me encontré de nuevo en mi cama. Pensé si habría soñado. Pero un cacho de pedrusco lunar me observaba desde la mesilla en un grave silencio.

Salté del lecho, me aseé, y fui a la cocina a prepararme el desayuno. Puse la radio, y resulta que era el 5 ó el 6 O. El partido se había convertido en una goleada.

Así que me he sentado a escribir esto y a colgarlo en la Red, por si alguien le saca beneficio. La visión de los lunáticos merece la pena conocerse de uno a otro confín del Universo.

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LO DE CATALUÑA

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Lo que está pasando en Cataluña tendrá profundos efectos dolorosos allí y mucha inquietud e incertidumbre en el resto de España.

Acabe como acabe, la división en la sociedad catalana tardará décadas en repararse. Y los españoles que no vivimos allí nos sentiremos rehenes de la locura desencadenada por una clique de sinvergüenzas y fanáticos, y nos costará tiempo volver a confiar en la política, es decir, en los políticos.

Mal remedio tiene lo de Cataluña.

Se ha intentado explicar con infinidad de argumentos cómo y por qué estalla la burbuja secesionista. Se ha hablado de injusticias económicas, de indiferencia política, de falta de diálogo, de reproches atávicos, de naciones que jamás existieron, de la nula reacción de sucesivos gobiernos españoles a la creación de la fantasía independentista en el sistema educativo y en los medios de comunicación. Demasiadas razones. Demasiadas sinrazones. Ninguna acción. Se ha impuesto el egoísmo de unos, el cálculo político de otros, la esperanza de que se les pasara la rabieta echándoles algún hueso que roer, o la de que debilitados por la cegadora luz del independentismo, el Estado Español se quedarán como la liebre ante la mirada feroz de la serpiente…

Ahora, el daño está hecho. Mucha culpa se puede encontrar en la ceguera y el sanchopancismo del gobierno central. Pero ahora le han arrinconado, y no tiene más remedio que actuar.

Sin embargo, el daño mayor está apuñalando a los catalanes, se consideren o no españoles. La fantasía del nacionalismo catalán se ha vuelto criminal en términos legales. Pero la masa de quienes se han tragado esa fantasía (me resulta inaudito que haya personas con formación y experiencia profesional, académica, empresarial, capaces de zamparse la idea de que como estamos cansados de España, le vamos a dar un portazo en las narices, y ya está, no pasa nada, seremos libres e independientes porque nos ampara la Carta de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas) no puede dejar de creerla de la noche a la mañana. ¿Qué hará en nacionalismo catalán ahora con esta yesca a punto de arder? ¿Cual será el próximo argumento? ¿Que Dios Todopoderoso ha aconsejado a los videntes un periodo de ayuno, antes de encontrar unas nuevas Tablas de la Ley, que esta vez caerán como una piedra sobre el perverso aparato del Estado Español? ¿Que una invasión marciana procatalanista expulsará a la Guardia Civil del Principado y reordenará las mentes de los que no se han creído que Cataluña será una República Superior? ¿Que un  misil lanzado desde Pionyang borrará exactamente, con precisión coreana, el trozo de la península que hay entre la frontera de Portugal y la frontera catalana, y se acabaron los problemas?

Leo de un independentista: “La Guardia Civil hace el ridículo registrando imprentas en busca de papeletas”.

La Guardia Civil no hace el ridículo. La Guardia Civil está haciendo pruebas, sondeos. Está tanteando su operativo. Aquellos que, dentro o fuera de Cataluña, crean que el Estado Español no va a poner en funcionamiento el Uno de Octubre su aparato de resistencia y de reintegración del orden Constitucional por un vago temor político, por franco miedo o por desidia, se equivocan de plano. Los más atrevidos, lo lamentarán. Francia en respuesta al terrorismo islámico, el Reino Unido contra los terroristas de uno y otro bando en el Ulster, Alemania ante la Rote Armee Fraktion, y el propio Estado Español frente a ETA son ejemplos suficientes.

Ahora bien, si el Estado Español reacciona con timidez, con indecisión, y el Uno de Octubre se vota en muchos  colegios electorales improvisados en Cataluña, será el principio del fin de la España en la que hemos vivido durante más de cuarenta años en paz y con prosperidad. Poco a poco se irá desmigajando hasta entrar en barrena.

A la inversa, ítem más. Si la jugada de contener la locura secesionista le sale bien al gobierno, podemos contar con largas legislaturas de mayoría absoluta pepera, Podemos no tardará en convertirse en un residuo izquierdista como lo fue IU, y el PSOE saltara en pedazos. Será una lástima. Porque si Podemos ha dado muestras de una incapacidad congénita para gobernar un Estado y el PSOE ha decidido suicidarse, el Partido Popular ha evidenciado ser una máquina más competente en la corrupción que en el gobierno.

Tiemblo como ciudadano español común y corriente. Y temo la aparición de nuevos iluminados al estilo de los secesionistas catalanes, pero por otros rincones de una España gobernada por una partida de tipos con suerte.

 

Primavera en Alemania

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estampa idilica con mascara.jpgLa nación más preparada para admirar, describir y aprovechar los fenómenos naturales, dándoles una aplicación práctica y elevada, es Alemania.

También podría decir que el alemán es la lengua apropiada para describir la naturaleza y exaltarla, y los alemanes, los seres humanos más preparados para sacar provecho de ambas cosas, la poesía y la producción agraria.

El fermento de una semana en Alemania en el mes de mayo produce tales afirmaciones temerarias.DSC_0185.JPG
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La primavera, desparrame de flores en ramas, alféizares y arriates, conciertos canoros enredados en el follaje, perfume de lilas avasalladoras, tibia temperatura al sol en las terrazas de los Biergarten, nublados repentinos, chaparrones. Doncellas de pantalones rotos, de blusas que a duras penas contienen senos generosos en corsés de encaje, cual cortinas de puntilla atravesando la ventana, que esconden revelando lo que hay en el interior de alcobas y salones.

DSC_0289 copia.JPGLos alemanes, las alemanas, son capaces de escribir odas a la Naturaleza y de fabricar todo tipo de instrumentos para embotellarla, meterla en tiestos, combinar sus colores y sus efluvios, preparar pasteles de ruibarbo recién cosechado, inundar de una inmensa variedad de frutas y verduras locales los mercadillos callejeros.DSC_0597.JPG

Goethe escribía elegías romanas y pequeñas odas picantes, y descubría un hueso maxilar en el que nadie había reparado, o construía una teoría de los colores, gestionaba las obras públicas de Weimar y organizaba la programación cultural de la ciudad. Poeta, investigador científico y superconsejero a la vez.

Cuando uno sale fuera imagina descubrir cualidades que en casa no acostumbra a ver y cree que no existen.

La primavera es la estación propicia para estos engaños, porque el paisaje centroeuropeo y alemán en particular, coloca ante los ojos unos escenarios que en el corrupto sur son privilegio de las mayores fortunas. En primavera en Alemania, un paseo por cualquier ciudad, villa o aldea muestra una belleza oculta, privada, excepcional en España. Como si España, Estepaís, no fuera otra cosa que un erial sin aprovechamiento.DSC_0473.JPG

Vista desde el otoño de la edad, la primavera alemana adquiere un valor resonante, doloroso, de algo que se muestra en su esplendor, como las muchachas de los pantalones rotos y corsés de encaje, recordándote que tu esplendor es irrecuperable.

A los 18 años tuve mi primera visión de Alemania. Entonces, hasta la contaminación de las usinas me parecía encomiable.DSC_0420.JPG

Pertenezco a una generación que fue educada en la falsa idea de que los españoles somos subproductos de la Ilustración y la revolución industrial y científica. Semejantes a los rusos, nos creemos incapacitados de ser probos ciudadanos: “Los rusos siempre acabamos igual. Puede que esa capacidad para ver nuestros propios defectos sea un rasgo positivo de nuestra naturaleza, pero exageramos y nos consolamos con la ironía, que tan pronto acude a nuestros labios”, dice Serguéi Ivánovich, uno de los personajes de Anna Karénina.DSC_0388.JPG

Hay mucho español parecido a León Tolstoi, funámbulo desesperado, entre la tradición y el postmodernismo, que acaba dándose un batacazo. Algunos hasta mueren en la miseria ideológica.

Desde Alemania, las noticias sobre la corrupción de la clase política española, y el baile de máscaras de los partidos ante las nuevas elecciones, produce desarraigo.DSC_0375.JPG

Y hay que pararse en una pendiente soleada a pensar, y situarse en la realidad europea presente para aceptar que en poco nos distinguimos de alemanes, franceses o daneses.

Es preciso no dejarse deslumbrar por el espejismo macabro del paisaje urbano y rural. Las ciudades españolas modernas son la cosa más fea que ha producido el ser humano occidental. Sin embargo nuestra tasa de suicidios estéticos no es mayor que la de los germanos, que tienen el gusto más educado a la belleza.DSC_0363.JPG

Pero fuera de este y de unos pocos aspectos más, los españoles y los alemanes nos dejamos engañar igual por las sirenas del consumo, producimos con la misma eficacia, nos divertimos con los mismos chistes televisivos, y aceptamos con la misma confianza el dictado de la razón práctica emitida desde Moncloa y la Carrera de San Jerónimo aquí, o la Bundeskanzlerei y el Bundesrat, ambos a las orillas del Spree en Berlín.DSC_0347.JPG

Pasear ocioso por las calles de Nuremberga, de Fürth, de Bamberg o de Schwabach le sume a uno en un espejismo moral, porque aparenta que las personas de allá, de cepa alemana, turca o rusa, parecen más felices, más contentadas, los servicios, mejores, el tráfico, más fluido, las obras, menos engorrosas. Y eso porque el paisaje urbano es excepcionalmente hermoso en primavera, pero también en verano, en otoño o en invierno.

Tendemos a pensar que el alemán es más dócil, más maleable social y políticamente que el español, arraigado en una vetusta alma bereber biológicamente imposibilitada para sufrir injertos.DSC_0356.JPG

Nada es así. Es un problema óptico. Si las calles españolas (de Estepaís) estuvieran más limpias, y el urbanismo salvaje pudiera ser vestido de tejaditos y de jardines floridos, veríamos que no somos tan diferentes.

Es solo la primavera, que nos narcotiza con sus ensueños erótico-económico-políticos, sobre todo en los educados estética y moralmente en ese terrible franquismo en el que nos hicimos por fin europeos.horizontes.jpg

Hinten im Winkel des Gartens da stand ich der letzte der Götter

Rohgebildet, und schlimm hatte die Zeit mich verletzt.

Kürbisranken schmiegten sich auf am veralteten Stamme,

Und schon krachte das Glied unter den Lasten der Frucht.

En un rincón del huerto,atrás, aguardo yo, último dios,

pues agrestes y difíciles tiempos me han herido.

Calabazas trepadoras suben por la envejecida rama

y ya se quiebra el miembro bajo el peso de la fruta.

(Elegías Romanas de Johan Wolfgang Goethe. Traducción de Salvador Mas Torres.)DSC_0334.JPG