LO DE CATALUÑA

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Lo que está pasando en Cataluña tendrá profundos efectos dolorosos allí y mucha inquietud e incertidumbre en el resto de España.

Acabe como acabe, la división en la sociedad catalana tardará décadas en repararse. Y los españoles que no vivimos allí nos sentiremos rehenes de la locura desencadenada por una clique de sinvergüenzas y fanáticos, y nos costará tiempo volver a confiar en la política, es decir, en los políticos.

Mal remedio tiene lo de Cataluña.

Se ha intentado explicar con infinidad de argumentos cómo y por qué estalla la burbuja secesionista. Se ha hablado de injusticias económicas, de indiferencia política, de falta de diálogo, de reproches atávicos, de naciones que jamás existieron, de la nula reacción de sucesivos gobiernos españoles a la creación de la fantasía independentista en el sistema educativo y en los medios de comunicación. Demasiadas razones. Demasiadas sinrazones. Ninguna acción. Se ha impuesto el egoísmo de unos, el cálculo político de otros, la esperanza de que se les pasara la rabieta echándoles algún hueso que roer, o la de que debilitados por la cegadora luz del independentismo, el Estado Español se quedarán como la liebre ante la mirada feroz de la serpiente…

Ahora, el daño está hecho. Mucha culpa se puede encontrar en la ceguera y el sanchopancismo del gobierno central. Pero ahora le han arrinconado, y no tiene más remedio que actuar.

Sin embargo, el daño mayor está apuñalando a los catalanes, se consideren o no españoles. La fantasía del nacionalismo catalán se ha vuelto criminal en términos legales. Pero la masa de quienes se han tragado esa fantasía (me resulta inaudito que haya personas con formación y experiencia profesional, académica, empresarial, capaces de zamparse la idea de que como estamos cansados de España, le vamos a dar un portazo en las narices, y ya está, no pasa nada, seremos libres e independientes porque nos ampara la Carta de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas) no puede dejar de creerla de la noche a la mañana. ¿Qué hará en nacionalismo catalán ahora con esta yesca a punto de arder? ¿Cual será el próximo argumento? ¿Que Dios Todopoderoso ha aconsejado a los videntes un periodo de ayuno, antes de encontrar unas nuevas Tablas de la Ley, que esta vez caerán como una piedra sobre el perverso aparato del Estado Español? ¿Que una invasión marciana procatalanista expulsará a la Guardia Civil del Principado y reordenará las mentes de los que no se han creído que Cataluña será una República Superior? ¿Que un  misil lanzado desde Pionyang borrará exactamente, con precisión coreana, el trozo de la península que hay entre la frontera de Portugal y la frontera catalana, y se acabaron los problemas?

Leo de un independentista: “La Guardia Civil hace el ridículo registrando imprentas en busca de papeletas”.

La Guardia Civil no hace el ridículo. La Guardia Civil está haciendo pruebas, sondeos. Está tanteando su operativo. Aquellos que, dentro o fuera de Cataluña, crean que el Estado Español no va a poner en funcionamiento el Uno de Octubre su aparato de resistencia y de reintegración del orden Constitucional por un vago temor político, por franco miedo o por desidia, se equivocan de plano. Los más atrevidos, lo lamentarán. Francia en respuesta al terrorismo islámico, el Reino Unido contra los terroristas de uno y otro bando en el Ulster, Alemania ante la Rote Armee Fraktion, y el propio Estado Español frente a ETA son ejemplos suficientes.

Ahora bien, si el Estado Español reacciona con timidez, con indecisión, y el Uno de Octubre se vota en muchos  colegios electorales improvisados en Cataluña, será el principio del fin de la España en la que hemos vivido durante más de cuarenta años en paz y con prosperidad. Poco a poco se irá desmigajando hasta entrar en barrena.

A la inversa, ítem más. Si la jugada de contener la locura secesionista le sale bien al gobierno, podemos contar con largas legislaturas de mayoría absoluta pepera, Podemos no tardará en convertirse en un residuo izquierdista como lo fue IU, y el PSOE saltara en pedazos. Será una lástima. Porque si Podemos ha dado muestras de una incapacidad congénita para gobernar un Estado y el PSOE ha decidido suicidarse, el Partido Popular ha evidenciado ser una máquina más competente en la corrupción que en el gobierno.

Tiemblo como ciudadano español común y corriente. Y temo la aparición de nuevos iluminados al estilo de los secesionistas catalanes, pero por otros rincones de una España gobernada por una partida de tipos con suerte.

 

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