GRECIA Y EL ESTABLO

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IMG_0554Los medios de comunicación de medio mundo proclaman que el desafío griego está poniendo a la Unión Europea al borde de abismo. Eso, a pesar de que Grecia constituye menos del tres por ciento no sé si del Producto Interior Bruto, del Presupuesto comunitario o de algún otro concepto económico.

Una de las claves de la confusión reinante es el uso de terminología incomprensible para los mortales comunes. Se pueden decir en público las barbaridades, las mentiras o las tonterías más grandes sin riesgo de patinazo.

Muestra del lío es la pregunta que el gobierno de Atenas hace a los griegos. La acompañan dos documentos de más de diez páginas con apretados argumentos financieros. Dudo que más del diez por ciento de los posibles votantes se los lean.

Los medios de comunicación se alimentan de escándalos. Y Grecia es una mina de ellos. Mi propia experiencia en ese país, hace veinticinco años, confirma la desconfianza que muchos sienten hacia la administración política helénica. Eso no quiere decir que la corrupción y el fraude dominen hoy el escenario social griego. Solo que el lastre de décadas de mal gobierno es un ancla de plomo, que impide ella navegación hacia mares seguros de la nave de Ulises.

Pero el problema no es Grecia. El problema es el concierto desafinado que, de un modo espontáneo o de manera dirigida, llevan tocando los mass media desde el 11 de septiembre de 2001.

Hoy, 30 de junio de 2015, debe de firmarse el acuerdo entre el Mundo (por resumir, al estilo de los mass media) y el gobierno de los ayatolás de Irán, para controlar el desarrollo nuclear de aquel país. A última hora, Alí Jamenei, dirigente máximo, ha hecho comentarios que parecen contradecir los términos del acuerdo. Todo vuelve a estar en el aire.

Cuando las cosas importantes empiezan a pender de un hilo, los mass media hacen su agosto, y los políticos se meten en berenjenales imprevisibles.

Si el resto del panorama internacional fuera estable, no cabría tocar alarma. Pero una mirada a nuestro alrededor, pone los pelos de punta.

En Europa, Ucrania y Rusia andan a tiro limpio por el norte, y por el sur, las costas de Italia y ahora de Turquía son un matadero de inmigrantes africanos desesperados. Luego está el llamado terrorismo islámico.

En Africa, los problemas de los diferentes pueblos y países, comparados con los de Grecia, son una montaña al lado de un ratón.

En Oriente Medio, lo normal es el conflicto y la guerra, ante la impasibilidad del “mundo civilizado”.

En Asia, China empieza a dar muestras de inestabilidad económica, que si se confirma, acabará transformándose en jaleo social.

En las Américas, las cosas parecen pintar mejor. Pero un poquito de observación enfocada revela problemas como los de Puerto Rico, que acaba de declararse insolvente, o la sequía de California, que si dura no tardará en afectar el despropósito consumista.

De Oceanía no sabemos nada, como es habitual, porque solo llaman la atención los incendios estivales (ahora es invierno), las inundaciones otoñales, y los terremotos, que llevan un tiempo sin producirse.

Si hacemos un ejercicio de análisis propio, aunque sea basándonos en los datos de los mass media, empezamos a descubrir discordancias.

Los auxilios financieros para salvar un sistema bancario incompetente y hasta corrupto en Europa, no los están pagando los consejos de administración de los bancos, sino los contribuyentes. Esto quiere decir que los pecados de Grecia no son de todos los griegos, sino de un pequeño grupo de estafadores con despacho en Atenas y en diversas capitales europeas.

Si la república iraní es el mayor peligro, ¿cómo es que el gran alimentador del llamado terrorismo islámico es la facción (o herejía, según quien la califique) sunita, promovida y financiada por Arabia Saudita y otros países vecinos? ¿Es la bomba atómica una amenaza en manos de Irán y no lo es en manos de Israel?

¿Jugaban al mus los diplomáticos europeos y yanquis cuando decidieron embidar el dominio geopolítico de Rusia sobre Ucrania? ¿Lo hacían con plena conciencia de lo que podía provocar en los rusos?

¿Qué influencia tienen las grandes empresas extractivas con base multinacional en la inestabilidad y los desafueros que padecen los pueblos africanos? ¿Por qué Francia ha sustituido a los Estados Unidos como gendarme en aquel continente? ¿Qué tipo de combate económico-financiero se está desarrollando allí entre China y las antiguas potencias coloniales?

¿Es el panorama político suramericano mejor o peor, desde que llegaron al poder dirigentes llamados populistas?

Y por acabar en España, los nuevos y pocos responsables políticos de izquierda con mando en plaza, abrumadoramente titulados y con sobrada experiencia laboral de distinta naturaleza, ¿acabarán transformando nuestro país en un yermo de corrupción e incompetencia? Concedamos que su discurso de antagonismos simplificados puede haber sido una pantalla, pero esto no invalida su capacidad de gobierno.

Porque el máximo denominador común a todo este panorama estremecedor es la concentración de poder económico y político en manos de una casta de bandidos con corbata, y la marginación de las inmensas mayorías sociales de los países llamados del primer mundo, rebaños encerrados en establos con aire acondicionado, forraje abundante, hilo musical y droga televisiva y mediática.

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