Terror oligárquico

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El fantasma de lo que podemos hacer contra el mangoneo
El fantasma de lo que podemos hacer contra el mangoneo

“En todas las épocas, cualquiera que sea la forma de gobierno, monarquía, república o democracia, una oligarquía acecha tras las bambalinas”.

No es una cita de Pablo Iglesias el Joven, ni de Carlos Marx ni de ningún demonio de la izquierda. Lo publicó el historiador y profesor neozelandés, caballero del Imperio Británico, Ronald Syme en 1939 en su apreciado libro “The Roman Revolution”.
Lo escribió en una atmósfera de inquietud política, el fascismo rampante. Pero de estas palabras no se deduce que se estuviera refiriendo solo a Alemania, a Italia, a España o a la Repúbica Romana, que se descuartizó durante un siglo en guerras intestinas hasta que fue sustituida por el imperio de un príncipe. En la democrática Gran Bretaña también mandaba una oligarquía. Y pronto se vio que en la Rusia soviética se imponía lo propio

Viene esto a cuento por la desconcertante (para mí) campaña de bastantes medios de comunicación contra Podemos, y en concreto contra Pablo Iglesias, el Joven, también conocido entre los suyos y los opuestos como “El Coletas”, ibérico apelativo.

Si yo tuviera intereses o afecciones en la derecha y algún predicamento en el cubil, procuraría borrar de la palestra pública a Pablo Iglesias, o al menos le mencionaría lo menos posible.

Por qué le están dando tanta cancha es un misterio. A no ser que la razón sea tan tonta como que le tienen (a él y a Podemos) un miedo cerval. Si es así, la derecha española y sus sicarios mediáticos muestran una vez más carecer de cualidades políticas que no sean el trapicheo, el clientelismo y la fuerza bruta. Esto es muy lamentable, sobre todo para los votantes de derechas, obligados a conformarse con una banda de tiranosaurios rex.

Pero el motivo de este texto es resaltar que no hace falta ser un radical revolucionario para reconocer la verdad de las cosas en la vida política de las naciones. Los últimos cien años de la República Romana fueron escenario de corrupción, ambiciones sin medida, violencia, guerra civil y desgobierno. El imperio de Octavio Augusto fue, desde nuestro punto de vista, inevitable. Aunque parece que desde el punto de vista de los ciudadanos romanos, la solución del Principado frente a un Senado vacío de poder fue también un alivio.

Desde entonces, y sin duda desde siempre, tras toda forma de gobierno acecha una oligarquía. Este es el supuesto fundamental en la obra de Syme, y lo documenta con precisión: desvela las relaciones clientelares y domésticas, y las componendas familiares de las principales casas nobles de Roma, los Claudios, los Julios, los Valerio, los Fabio, los Cornelio… Eran los que mandaban de verdad, los que se pusieron de acuerdo (a quienes las circunstancias obligaron a ponerse de acuerdo) para permitir que el heredero legal de César, Octavio, impusiera su solo imperio sobre el carcomido Senado.

La descomposición de ese Imperio, documentada con pasión exhaustiva por otro hombre de orden, Edward Gibbon, estuvo trufada de una sucesión de conflictos de intereses de esa oligarquía enriquecida pero endeble, porque las fronteras del Imperio habían llegado a unos límites insostenibles, y necesitaba del concurso de tribus no latinas para mantener la cohesión.

La oligarquía española en las tinieblas (es un decir, conocemos a casi todos, han perdido el pudor, si es que alguna vez lo tuvieron) actúa, maneja, obra, influencia, exige, señala, quita, pone, se pelea por las mejores piezas… Pero está aterrorizada por Podemos y el Coletas. Cuesta trabajo entenderlo; yo de Pablo Iglesias, me buscaría un buen servicio de guardaespaldas.

No parece que las oligarquías francesa, alemana y británica estén más tranquilas. Ha sido la ascensión europea de Podemos lo que ha hecho saltar sus alarmas. ¿Tan peligroso es el movimiento, porque ni siquiera es partido político?

Lo que afirma Podemos es exactamente lo que el caballero del imperio británico Ronald Syme decía hace casi un siglo, y lo que todos los analistas políticos modernos han señalado, el poder oculto de las oligarquía en el gobierno de las naciones, sean viejas, sean nuevas. Nadie está descubriendo nada. ¿Entonces? ¿A qué viene la alarma?

A que, por primera vez desde hace tiempo los ciudadanos españoles empiezan a reaccionar ante las urnas, y ponen en peligro prebendas, privilegios y chollos que han dado de comer y han hecho medio ricos a una pandilla de incompetentes y mangantes.

No sé yo si Podemos convertiría la sociedad española en una comunidad idílica si tuviera una mayoría suficiente. Esto es tan improbable que no merece la pena sacarlo a la palestra. El peligro para la oligarquía mangoneante española no es Podemos, es el ejemplo de Podemos, la evidencia de que si queremos es posible cambiar las cosas.

 

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