Ciencia y ficción extremas

Posted on Actualizado enn

GE DIGITAL CAMERAVastos océanos de palabras que forman historias, teorías, ideas, dogmas, promesas se extienden ante el lector versátil. Cada molécula de agua podría ser un texto, y aún los siete mares estarían desbordados de hermosas o malolientes o puntiagudas, o narcóticas o sedantes o indiferentes letras reunidas en volúmenes gaseosos, que se evaporarían hacia el horizonte estelar.

Me regodeo desde hace tiempo en The Mamoth Book of Extreme Sciencie Fiction, relatos cortos y no tan cortos compendiados por Mike Ashley, una enciclopedia andante en este tema y en todo lo que compete a la fantasía, la brujería y el horror.

Acabo de terminar uno de los cuentos, The Region Between, de Harlan Edison, y su lectura ha sido un largo calambrazo para una mente acostumbrada a mirar la realidad de frente, de los lados y desde detrás, pero no desde todas las perspectivas posibles, que son infinitas. La ciencia ficción extrema o dura es la que salta todas las barreras del entendimiento convencional, de la historia, de la ideología, la psicología e incluso de la ciencia, y nos lleva a mundos inconcebibles, pero que han sido diseñados, a veces con maestría y arte, por la mente de sus creadores. Los artistas, en estos casos, son mucho más que Deus ex Machina, porque lo que inventan tiene una complejidad superior a cualquier artefacto manufacturado, incluidos los más sofisticados ordenadores.

A veces pienso que he leído mucha ciencia ficción, poca comparada con la que han absorbido personas a quienes conozco y que parecen seres normales, cuando su mente debería ser un mejunje de fábulas y fantasmagorías. No más de un diez por ciento de lo que he leído me ha impactado; y esto significa mucho, porque ese océano de letras que he mencionado rebosa trivialidad y poco genio.

El autor del género con el que me lo paso mejor es Phillip Kindred Dick. Me sucede igual que con Pío Baroja en la literatura “figurativa”. Ni uno ni otro son genios destacados, pero casi todo lo que han escrito es digno de leerse, y haciéndolo, siempre se lo pasa uno bien. Otros autores que me han conmovido son Walter Michael Miller y su Cántico por San Leibowitz, y Clive Staples Lewis, autor de la Trilogía del Espacio o Trilogía de Ramson, personaje que debe parte de su existencia a John Ronald Reuel Tolkien. De los más recientes, me han impresionado Orson Scott Card, autor de los libros de Ender, y Dan Simmons, autor de trilogías donde la ciencia ficcion se mezcla con la literatura clásica. Estos dos últimos, aún gustándome mucho, me llegaron a fatigar en sus segundas y terceras entregas. Sin embargo, perseveré en la lectura por un mero respeto profesional, el enorme trabajo literario, científico y de erudición que habían desarrollado para escribir tan estupendos mamotretos.

Lo que más admiro de los autores de ciencia ficción exrema es su admirable capacidad de extraer poesía de temas tan poco emocionantes. Y me refiero ahora a lo último que he leído, The Region Between, de Harlan Edison. No quiero desvelar la historia porque quizá alguien que la descubra aquí le apetezca hincarle el ojo. El marco es un universo inverosímil, complejo, áspero, tanto que cuesta entrar en él. Un universo de universos. Pero que no tiene nada que ver con el ya tópico escenario de los multiversos. Seres inteligentes de civilizaciones inventadas (o reales, porque acaso los mejores autores de ciencia ficcción no sean sino alienígenas que nos advierten de lo que nos espera), de especies orgánicas, pero ajenas a lo reconocido y taxonomizado, y alguien o algo llamado Succubus, que parece manipularlo todo por mera codicia. Porque en la buena ciencia ficción, las coordenadas morales que arman la historia son las que todos coocemos, practicamos o evitamos, y ese es nuestro vínculo de mortales corrientitos con la invención extrema.

Una prueba de la calidad de Edison, torpemente traducida por mí

La muerte llegó como un guión ortográfico. Siguieron de inmediato la vida y el equilibrio de lo reconocido. Porque sólo cuando Bailey murió empezó a vivir. Si bien nunca le habría llamado a esto “vida”; nadie que hubiera pasado por ello le hubiese llamado “vida”. Era otra cosa. Algo bastante diferente a “muerte” y por completo distinto a “vida”. 

Las estrellas le atravesaban mientras escapó girando hacia afuera. Brillantes y ardientes, portadoras de su propio sistema planetario, estrellas y más estrellas daban vueltas como peonzas a través de él, como si viajaran a lo largo de hilos invisibles por la oscuridad tras él y en torno a él. 

Nada le tocaba.

Eran como motas de polvo volando en silencio en trayectorias incalculables, mientras el cuerpo de Bailey cada vez se hacía mayor, llenando el espacio , desafiando a la ley que dice que dos cuerpos no pueden coexistir en el mismo espacio al mismo tiempo…

Léala, señora, léala, caballero. Me lo agradecerá.

Anuncios

Un comentario sobre “Ciencia y ficción extremas

    Rosana Renau escribió:
    09/04/2014 en 21:52

    Disculpa, estoy perdida con esto del ciberespacio, y apenas uso el correo y estoy iniciándome en el facebook, como cualquier Renau que se respete estoy llena de manías, pero no tengo ningún problema en comunicarme contigo. Saludos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s