Pete Seeger y la inoportuna levedad del tiempo

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Woody Gutrhie
Woody Guthrie
Pete Seeger
Pete Seeger

La muerte del veterano cantante folk Pete Seeger evoca en mí la inexorabilidad de lo inexistente. Me refiero al tiempo que, como la muerte, forma parte de los grandes enigmas de la vida.

Como todo el mundo sabe, el tiempo y el espacio son dos conceptos fabricados por la mente humana, carecen de existencia “real”, “propia”. Las cosas inanimadas y los seres orgánicos, mientras no se descubra y se demuestre lo contrario, existen por sí mismos, independientemente de que haya una conciencia que les reconozca. Dios, una desconocida fuerza natural, o las oscuras leyes del Universo han dado lugar a todo ello. Pero el tiempo y el espacio no existen fuera de la mente de los seres humanos.

Nunca he visto en persona actuar a Pete Seeger, pero desde mi juventud universitaria conozco su papel en la música folk. Fue después de cantar una de sus canciones sin saber que era suya, “We shall overcome”, que tradujimos en España por “No nos moverán”. En realidad el título era una broma, porque se lo gritábamos a los grises montados en sus caballotes en la Ciudad Universitaria de Madrid, y al primer amago de porra arriba, escapábamos a todo correr por las lomas de detrás de la antigua facultad de Medicina, donde los caballotes o sus jinetes eran ineficaces.

Con la naturalidad de todo progre, me convertí en admirador de Pete Seeger. Hay que reconocerle su mérito al cantante y al personaje. Para ser comunista en 1945 en los Estados Unidos de Norteamérica, en Yanquilandia, había que tenerlos bien puestos o ser un inconsciente.

Estoy leyendo, ahora, pura casualidad, las notas del periodista radiofónico yanqui William Shirer, (Diario de Berlín y Regreso a Berlín) y me entero de que fue el presidente de una asociación que se formó en San Francisco en 1945 para impedir que la España de Franco fuera admitida en las recién creadas Naciones Unidas, en la ONU. El ministro de asuntos exteriores de la República Española en el exilio, Álvarez del Vayo, y Juan Negrín, presidente de la misma, estuvieron allí, y junto con Herbert Evatt, ministro de asuntos exteriores de Australia, hicieron presión, sobre todo en el Departamento de Estado del gobierno de Wahington, para dejar fuera a la España de Franco. Lo consiguieron, algo que compensó su frustración por permitir que Argentina, alineada a la sazón ideológicamente con Alemania, formara parte del nuevo club.

William Shirer no era precisamente un comunista. Ignoro qué fue de él después de esas fechas, aunque imagino que le someterían a una buena criba profesional. No tengo ganas de consultar la Wikipedia en este extremo. Como él, había miles de norteamericanos, comunistas o no, que defendían la coherencia entre los derechos humanos, la democracia representativa y la economía del bienestar frente al capitalismo puro y duro.

Eran el público de Pete Seeger. Pero Pete Seeger no nació de la nada. Le precedió Woody Guthrie, que lo pasó bastante peor que él, y murió joven, a los 55 años, en 1967. La canción más famosa de Guthrie fue This Land is your Land, una maravilla de melodía y de letra.

Y ahora es donde entra en esta reseña la inoportuna levedad del tiempo. En junio de 1990 Gorbachov y Bush firmaban en Washington un gran acuerdo sobre misiles nucleares, armas químicas y comercio. Quizá Gorbachov no sabía que estaba firmando su sentencia de muerte política, porque seis meses después la URSS desaparecía del mapa.

Esa es la gran historia. La pequeña la viví yo en la capital norteamericana como enviado especial de Canal 9. Era la primera vez que desembarcaba en aquel continente, y quedé fascinado por él. Primero en Colombia, donde di cuenta de las unas elecciones presidenciales sangrientas. Y luego en Washington y no recuerdo si también en Nueva York. Yo me sentía el rey del mambo cantando canciones de amor, The Mambo Kings Play Songs of Love, novela de Oscar Hijuelos que compré en una librería de Georgetown. Era testigo de uno de los hitos de la historia moderna, a pocos metros de mí vi desfilar a George Bush Sr, a Mijail Gorbachov y al entonces ministro de Asuntos Exteriores de Israel, Benjamin Netanyahu, un fortachón guaperas con una retórica estupenda, que andaba por allí intentando pacificar a su modo el avispero palestino. Entonces no sabía quién fue William Shirer, pero de haberlo conocido, me habría sentido colega suyo. ¡Qué audacia!

La otra cosa memorable que hice en aquel verano americano fue asistir a una representación extraordinaria. Creo que el título era This Land is your Land, un musical sobre la vida y peripecias de Woody Guthrie. Fue en el teatro Ford. Asistí con cierta reverencia, porque en uno de sus palcos, desocupado desde hace un siglo, fue donde mataron a Lincoln. La platea estaba llena de maduros norteamericanos de aspecto juvenil. A todas luces era la generación nacida en la Segunda Guerra Mundial, los herederos de Guthrie y seguidores de Seeger, los autores del movimiento hippy, los pacifistas contra la guerra de Vietnam, la crema y nata del progresismo norteamericano. Me sentía mucho más identificado con ellos (yo tenía ya 40 tacos) que con los jóvenes que ocupaban los pisos superiores, los más baratos.

Para mí fue una representación emotiva, que me arrastraba hacia detrás, a mis años universitarios y marxistoides.

Ahora, al enterarme de la muerte de Pete Seeger, me he sentido en el vórtice de un torbellino espacio-temporal, que es donde te envían las emociones en estos casos. Cuando pienso que yo he estado en Washington, que he presenciado la firma de unos acuerdos esperanzadores que dieron mucho de sí y tuvieron efectos inmediatos en el derrumbamiento de un orden carcomido, y forjaron el espejismo de que el capitalismo había demostrado su superioridad, cuando evoco eso, no me reconozco. ¿He cruzado yo el Atlántico en varias ocasiones? ¿He pisado las calles de Nueva York, de Miami, de Baltimore? Debió ser otro. Debió ser una fantasía de la levedad inoportuna del tiempo que mi cabeza forja sin saber cómo ni por qué lo hace.

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Un comentario sobre “Pete Seeger y la inoportuna levedad del tiempo

    oliverrock respondido:
    29/01/2014 en 16:10

    Escuchando la radio, me he dado cuenta de que he confundido la canción “We Shall Overcome” con “We shall not be moved”, que es el “No nos moverán” de los universitarios españoles. No lo corrijo porque uno tiene que atenerse a sus errores. También recapacito, a raíz de otra canción de Seeger escuchada en la radio, sobre la vena humorística del cantante de folk, que provocaba las delicias de sus oyentes cuando se burlaba de los norteamericanos que encarrilaban su vida y la de sus hijos y nietos en los chalecitos suburbanos, las little boxes. Muchos de los que componían el público de Seeger eran universitarios, abogados, ingenieros, contables, directivos de empresa, y vivían en little boxes.

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