La Ciencia en España, un futuro sobre la yesca

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15 de de julio, Paraninfo de la Universitat  de Valencia. Ocho científicos españoles (la más joven, aspirante a investigadora) debaten en público los problemas de la investigación científica en España. Es una mesa redonda en el marco de la XXXIV Reunión Biennal de la Real Sociedad Española de Física. La magna aula está prácticamente llena de público. La ciencia interesa. Como es natural, la mayor parte de los asistentes son cofrades de la comunidad académica valenciana y española.No todos.

Los siete investigadores en ejercicio resumen en pocos minutos la materia de su trabajo. No son cosas baladíes ni caprichos de docentes instalados en una cátedra que tienen que justificar. Hablan de la vital importancia del estudio de los líquenes en el estado de salud de nuestros bosques, que cada verano se calcinan un poquito más. Hablan del uso de las partículas elementales en la transmision de información. Hablan de la aplicación a la medicina y a otros campos, de los experimentos en el acelerador de partículas de Ginebra.

La ciencia española, dicen, ha experimentado un salto cualitativo enorme en los últimos 30 años. Pero en esos momentos, los recortes presupuestarios y la miopía de los políticos de todos los colores está a punto de neutralizar el avance. Los siete ponentes admitieron ser unos seres privilegiados, dadas las circunstancias. Su crítica iba dirigida a lo que pudiendo realizarse se queda sin hacer por falta de dinero. También, como dijo un asistente en el turno de palabras, porque los gestores de la ciencia se están convirtiendo en burócratas ajenos a ella.

Una excepción a este panorama devastador fue la del investigador Ignacio Cirac, director de la División Teórica del Instituto Max-Planck de Óptica Cuántica de Garching (Baviera). El único contratiempo al que hizo referencia fue a la bajada de sueldos de investigadores y académicos experimentada desde 2001 en Alemania, debido a los costes de la unificación; sin embargo, añadió, los políticos de todos los partidos se pusieron de acuerdo en 2001 para dedicar el 3 por ciento del presupuesto a la investigación. ¡Y lo cumplieron! Al revisar el acuerdo 10 años después, subieron del 3 al 5 por ciento, y lo están cumpliendo.
Hubo comentarios entre la desigual relación de las industrias punteras alemanas y las españolas y sus caladeros científicos, sobre el espíritu científico y académico que en Alemania es más fuerte que en otras partes.
También se comentó la inercia esclerotizante de la universidad española. Algunos ponentes se quejaron de que es imposible abrir líneas de investigación multidisciplinares en un aparato forjado sobre los departamentos estancos. Un asistente puso su dedo en una llaga: la contradicción entre los informes elaborados para el mejoramiento de la universidad y la resistencia de los claustros (al menos el de la Universidad de Valencia) a sustentarlos.
También otro asistente, que no puedo nombrar porque soy ajeno al gremio, pero que calculo debe ser un directivo del CSIC, quitó lastre al panorama devastador, asegurando que en el CSIC se están dando pasos en la dirección señalada por los críticos.
Irene de Higes, perteneciente al colectivo de Jóvenes Investigadores españoles leyó una declaración de su grupo en la que denunciaba los extremos recortes en los presupuestos para la ciencia y en la disminución a cifras irrisorias de las becas para jóvenes investigadores.
Como es natural, todos los ponentes señalaron el valor social de su trabajo. La retribución que hacen los investigadores a la sociedad que les permite “realizarse” personal y profesionalmente. Parece que a esto se le llama “transferencia”. Transferencia del valor que cada investigación va añadiendo a otras áreas de investigación y a la sociedad. Una sociedad que no entiende bien el alcance de la ciencia pura y aplicada en su beneficio, cosa que en países cercanos como Francia y Alemania no sucede; no sólo todo el mundo está orgulloso de sus científicos, sino que los estimula. No me parecieron una declaraciones retóricas, sino sinceras. La ciencia es rentable casi siempre, incluso cuando se investiga para matar; al final se aprovechan los descubrimientos para salvar vidas o para facilitar la comunicación de las personas, como es el caso de Internet, un recurso en su origen exclusivamente militar.
La ciencia en España tiene un futuro asentado sobre yesca, quiero decir que una chispa puede convertirla en cenizas. Esto viene a cuento por una información que dio la catedrática de Botánica de la Universitat de València Eva Barreno. Investigadora de líquenes, asegura que esta especie es la primera que avisa de la muerte aplazada de un bosque, con 20 años de antelación. Los incendios forestales que arrasan cada verano la Comunidad Valenciana se habrían podido evitar hace veinte años, o al menos desde que se tiene información de lo que hay que hacer para prevenirlos, gracias, entre otras cosas a las investigaciones del equipo de la profesora Barreno.
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