Bárbara, una película sobre la moral

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Un fotograma sobre el campo de trabajo para jóvenes rebeldes, extraído de la pagina web de la película
Un fotograma sobre el campo de trabajo para jóvenes rebeldes, extraído de la pagina web de la película

 

Está en cartel en las salas de Valencia una película que recomiendo a los amantes del cine. Se llama “Bárbara, una producción alemana dirigida por Christian Petzold e interpretada por Nina Hoss y Ronald Zehrfeld, entre otros. La filmografía de Christian Petzhold es notable y singular.

 

Voy poco al cine, porque las películas exhibidas no consiguen siquiera entretenerme. Por eso cuando estrenan una europea y no la publicitan como copia de las producciones yanquis, me arriesgo a verla. Las salas españolas han decidido ignorar el cine alemán y el francés, y sólo dejan entrar películas que, como “Bárbara”, viene acompañada de galardones sonoros, en este caso Oso de Plata del Festival de Berlín 2012, y candidata a los Oscar 2013, como película extranjera.

 

“Bárbara” condensa su relato a una o dos semanas de un verano de los años 80. Barbara, doctora en medicina, espera el momento de poder huir de la Alemania Democrática, de la que es ciudadana. Acaba de llegar a un hospital de provincias, en la costa del mar Báltico. Antes ha trabajado en el prestigioso hospital Charité, de Berlín Este, de donde ha sido expulsada tras solicitar un permiso de salida para casarse con un alemán occidental. La solicitud (más bien persistir en ella) le ha acarreado una pena de cárcel, y el destierro profesional.

 

La mujer reprime sus emociones en su nuevo trabajo, y se conduce como una autómata; a los intentos de sus colegas de estrechar relaciones, responde con un silencio deliberado y un desapego ominoso. Sin embargo, como profesional es irreprochable.

 

Christian Petzhold propone la historia con precisión de cineasta cualificado. En las primeras escenas sabemos quién es Bárbara, lo que hace en aquel hospital provinciano y su propósito de escapar en cuanto el operativo esté preparado.

 

Luego presenta las relaciones de Bárbara con su colega André, que intenta ser amable con ella, con los pacientes y con su novio de la RFA, que urde y financia el operativo de huida. En este punto hay lo que yo veo como una incoherencia en beneficio del suspense. Se ve con el novio a escondidas, pero el dinero (en marcos RFA) lo recibe de un modo artificioso, no se lo proporciona él. Después, debe esconderlo, arriesgando que lo detecten, y finalmente entregarlo a quien tiene la misión de sacarla. Me pregunto si no sería más seguro que el rescate se pagara en la RFA. Afortunadamente no me he visto en circunstancias parecidas ni conozco ningún caso personal, así que me limito a subrayar lo que yo encuentro una incoherencia narrativa.

 

Bárbara es acosada por policías (la temida Stasi), que la humillan de un modo protocolario, no emocional, con una crueldad burocrática. No son “malos” de película, sino instrumentos de un aparato. Esto me parece un acierto del director. La publicidad presenta la película como si formara parte de la estela de “La vida de los otros”. Esto sólo es cierto en la temática. El tratamiento es bien distinto, sobre todo en lo que compete a la caracterización de los personajes. En “La vida…” había tipos malísimos junto a infelices virtuosos. En “Bárbara” no hay rastro de maniqueísmo. El policía-burócrata encargado de la vigilancia de Bárbara es un pobre hombre apesadumbrado por el inminente fallecimiento de su mujer, a causa de un cáncer.

 

Tampoco se nos presenta la RDA como una cárcel. Sí se ofrece un escenario sórdido, pero tiene más que ver con el estado de ánimo de Bárbara que con una realidad objetiva. Por ejemplo, en una escena, el novio de a RFA le dice a la protagonista que él podría trasladarse a la RDA, donde sería muy bien recibido por sus conocimientos profesionales, y que allí “podrían ser felices”. Bárbara reacciona como si le hubieran dado un martillazo en el tobillo.

 

La escena en la que se nos muestra a un grupo de muchachas condenadas a un campo de trabajo (Bárbara le llama, impropiamente, “campo de exterminio”, un modo de determinar la psicología agobiada del personaje) me pareció a mí una ironía de las películas yanquis sobre penitenciarías y trabajos forzados.

 

En otra escena, una chica normal y corriente de la RDA que mantiene un romance erótico con un alemán occidental, enseña a Bárbara un catálogo del tamaño de una guía de teléfonos (impreso en la RFA) de objetos de consumo personal y doméstico. Lo que más interesa a la muchacha es que su amante occidental le regale joyas y vestidos, y su sueño de salir de la RDA se cifra en vivir como una reina en occidente.

 

La actitud de Bárbara es muy otra. Su vida es un ejercicio moral. El imperativo categórico, la obligación interior de la conciencia moral, obra en muchos personajes de “Bárbara”, incluso en los agentes de la Stasi, cuya misión ineludible es perseguir al disidente, en virtud del peligro que ejerce sobre el orden establecido por el “Sozialismus”.

 

Bárbara, enemiga convicta y confesa de este régimen, acabará sacrificando su huida en beneficio de alguien que, según su convicción moral, la necesita más que ella.

 

Este desenlace está lleno de preguntas, que responde el director con un contundente negro en la secuencia final.

 

¿Qué vida le espera en la RFA a esa muchacha favorecida, una chica que ha pasado media vida en hospitales y en campos de trabajo? ¿Volverá Bárbara a la cárcel? ¿Cómo reaccionará el médico amistoso, André, ante lo que se avecina en la vida de una mujer a la que admira y hasta incluso ama?

 

Esto nos lleva a otras preguntas embarazosas. ¿Era la RDA una dictadura despiadada en la que la vida era imposible? ¿Realmente habían tantos ciudadanos dispuestos a jugársela por escapar de aquella cárcel espiritual? ¿Qué habría pasado si no se hubiera construido el Muro y sellado las fronteras con campos de minas y vallas de alambre? ¿Fue necesario construir un estado policial para retener a los ciudadanos no dispuestos a aceptar el imperativo categórico del “Sozialismus”?

 

Los historiadores y los comunicadores no paran de crear estereotipos sobre el tumulto de conflictos al que nos enfrentamos los seres humanos cada día. Pero estos tópicos quedan desmontados con las preguntas adecuadas, como por ejemplo, ¿por qué la dictadura cubana no ha sido borrada del mapa por las fuerzas y el ingenio formidable de los Estados Unidos de Norteamérica, por qué no se han hundido en la miseria Corea del Norte, víctima de tanto despotismo ejercido por líderes que se nos presentan como marionetas de feria, tantos abusos y tantas necesidades, es la democracia competitiva y consumista occidental un modelo política y éticamente superior al despotismo obligatoriamente igualitario?

 

Por último, un recordatorio que no suele hacerse: las manifestaciones pacíficas multitudinarias que tumbaron el “Sozialismus” en la RDA fueron obra, básicamente, de miles y miles de ciudadanos que NO querían la desaparición de su país, que NO querían ser absorbidos por la RFA, que deseaban un “socialismo de rostro y corazón humano”. Ellos fueron los agentes determinantes del cambio, del “Wende”, y lo hicieron “keine Gewalt”, sin violencia. El proceso que su valentía y su esperanza consiguieron abrir fue cerrado por una unificación forzada a golpe de talonario y de demagogia. Este salto se cifró en la perversión de una consigna. Los ciudadanos valientes dijeron que ellos eran el pueblo, no la fantasía propagandística del “Sozialismus”, “Wir sind der Volk”. Y los avispados publicistas al servicio de Occidente lo transformaron en “Wir sind ein Volk”, somos un pueblo.

 

Mi novela “La Rendición de Lenin” describe la situación en la RDA a lo largo del año 1989, mediante una variedad de protagonistas alemanes y españoles, víctimas y a la vez agentes de unas circunstancias que desembocaron en lo que hoy llamamos “la crisis mundial”. El socialismo real y virtual se derrumbó como un castillo de naipes en cosa de un año. El capitalismo real y virtual lleva el mismo camino. Esta es la reflexión central de mi novela. Cuando se publique, daré constancia de ello para los lectores interesados.

 

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