Un innecesario “Espacio Americano”

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El embajador de Yanquilandia ha venido a Valencia para firmar un protocolo con el rector de la Universitat Politècnica. Dice la prensa que es “para impulsar el primer ‘American Space’ de España, que se ubicará en la universidad y permitirá tender puentes entre la institución, la ciudad y el mejor sistema de educación superior del mundo.”

Lo cierto es que la prensa local ha dado poca relevancia el evento. Yo me he enterado por una radio, que ha abierto varias veces sus informativos locales con la buena nueva, a saber por qué. Lo que decían del ‘American Space’ prometido me ha incitado a la reflexión. Para empezar, hay multitud de espacios americanos en Valencia: de Colombia, de Perú, de Argentina, de Méjico, de Canadá… Este será un espacio yanqui, nombremos a las cosas como son, por favor.

He aquí su naturaleza, según un diario digital: “potenciar el intercambio de alumnado entre la UPV y EE. UU., de reuniones de antiguos alumnos participantes en este tipo de programas, conferencias con expertos estadounidenses, exposiciones, conciertos de música, eventos culturales o el impulso del aprendizaje de idiomas”.

Cualquiera que esté familiarizado con la vida universitaria valenciana sabe que son incontables los estudiantes extranjeros que se reúnen en una infinidad de cafeterías (básicamente en el barrio de Benimaclet y las zonas aledañas a la Uni). Unos practican el intercambio de lenguas, en especial el inglés y el español, otros se mezclan y se divierten, otros se emparejan, etc. Sin que les ampare ninguna institución artificialmente creada.

Aquellos ciudadanos de Valencia familiarizados con la vida cultural local conocen por experiencia la cantidad de miniconciertos, conciertos y macroconciertos, charlas, conferencias, exposiciones, obras de teatro, etc., un porcentaje respetable de todo lo cual tiene sello de origen en Yanquilandia.

¿Qué sentido tiene, pues, crear un ‘American Space’ institucionalizado?

Supongo que sus promotores lo sabrán. Las circunstancia mencionadas llevan a pensar que tal espacio es una redundancia, e incitan a la fantasía de considerar el invento un manejo de la CIA, el FBI, o un simple montaje propagandístico.

Este capricho del ‘American Space’ me ha traído a la memoria años felices. Hasta entrados los años 80 existió en Madrid y acaso en otras ciudades españolas una institución llamada “Centro Washington Irving”. Constaba de una escuela de inglés (pagando), una biblioteca, una sala de exposiciones y una serie de actividades culturales, todo esto gratis. Llegó Reagan a la presidencia y clausuró en mediomundo los centros por innecesarios. Era una muestra de cortedad mental. Quizá pensaron los funcionarios yanquis que bastante se promocionaba su cultura a través del cine y la música, y que encima les reportaba royalties.

El desaparecido “Centro Washington Irving” era un punto de irradiación cultural. Decenas de libros he sacado yo de aquella biblioteca, que me sirvieron de mucho en mi formación. Era, repito, gratis, y el neoliberalismo pujante se lo cargó.

Hoy en día la irradiación cultural de la administración de Yanquilandia es nula a primera vista. Me encantaría que alguien me rectificara.

Esto no quiere decir que Yanquilandia se haya convertido en un desierto cultural o en una ruina. La prueba son los centenares de cursos universitarios on-line al alcance de todo aquel que desee apuntarse a ellos y sea capaz de seguirlos. Yo ya he hecho dos, uno en la universidad de Pennsylvania y otro en la Wesleyan University. No cuestan dinero.

Los documentales de todo tipo, incluidos los culturales, colgados en la red y de acceso gratuito, con sello norteamericano USA (es un engorro citar a ese país, que suele arrogarse la identidad del un continente lleno de naciones) son infinitos. La tecnología creada allí y a la que se puede acceder sin gastar un duro también es notable.

¿Qué necesidad hay de crear aquí, en Valencia o en Villanueva de la Serena un ‘American Space’? Empléese el dinero en reabrir centros culturales y bibliotecas Washington Irving, y no en colocar una placa en la pared de un pasillo.

Quizá me equivoque. Quizá dentro de un año el ‘American Space’ se haya convertido en un centro de referencia cultural como lo es, por ejemplo, L’Institut Français, modelo de actividad y promoción de una cultura. ¡Ojala! Pero me ha sublevado mucho el bombo que se ha dado el Ayuntamiento de Valencia en un evento del que es ajeno, y que terminó con la reunión del señor embajador de Yanquilandia con un selecto número de empresarios valencianos que, me figuro, se limitarían a sonreír y piropear al embajador de la nación más poderosa del planeta, ignorando que el gran valor de esa nación está en lo que producen sus ciudadanos, no sus industrias, su tecnología militar o el miedo que da su ejército.

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