Huracanes informativos

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Un huracán se lleva la Semana Santa al basurero de la historia, y la actualidad presiona sin tino sobre las redacciones que se han tomado un respiro y vuelven a berrear.

Hay que buscar un titular, ya vale de operación regreso, meteorología adversa y recursos de perfil bajo. Hay que tirar otra vez de los cebos podridos, que son los que más atraen la atención de las audiencias con halitosis.

La escalada coreana ha servido para que los contertulios se cachondeen un rato de una situación que no conocen. El caso Bárcenas regresará a los titulares con su carga de veneno, renovada por los retratos denuncia del entonces feliz Núñez Feijoo, en el chalet y el yate de un narco. Tristemente, los medios que armen barullo con los negocios sucios del PP quitarán importancia a los negocios sucios del PSOE en Andalucía, y viceversa. Es de esperar que el partido de tenis entre los medios de izquierda y de derecha se perpetúe un set tras otro. Da un poco de risa hablar de medios de izquierda y medios de derecha, porque la realidad muestra un panorama uniforme a un lado y a otro. Los medios se ponen etiquetas con desvergüenza de generales de dictadura.

¿Pero hay cosas importantes?

Sí, claro. Leo en Der Spiegel una entrevista con Hartmut Radebold, un anciano psicoanalista alemán que tenía 9 años cuando acabó la Segunda Guerra Mundial. Le pregunta la periodista Susane Beyer por una miniserie sobre el evento que la televisión pública ha difundido recientemente. Se trata de  “Unsere Mütter, unsere Väter” (Nuestros padres, nuestras madres), la guerra desde el punto de vista de familias corrientes. Dice que a los  pocos minutos de empezar, se levantó, se marchó al sótano y se puso a trabajar en su tren de juguete. No pudo soportar ver a los rusos entrando en Berlín, donde él vivía con su madre y un hermano algo mayor. 

Radebold: We fled out the backdoor of our house and out onto a half-frozen lake. There were cracks in the ice. We ended up on an island, but that was also fired upon. After two days on the run, we came to a small village. Soon thereafter, the Russians took my 15-year-old brother because they needed laborers in the hinterland. There, until April 4, I witnessed everything imaginable.

SPIEGEL: Would you like to tell us what you experienced?

Radebold: As you can see, this is all very emotional for me. Soldiers’ corpses hung by ropes from trees. And the Russians came every night and took the women.

SPIEGEL: To rape them?

Radebold: Yes.

SPIEGEL: Including your mother?

Radebold: We were all herded into a barn. My mother dug a hollow in the hay there, crawled into it, pulled a blanket over herself and told me to lie on top of it. “When the Russians come, they’ll only see a little boy,” she said. And that’s how it was. When a flashlight appeared, the other women were taken away. But I was able to protect my mother.

Radebold habla de los miles de alemanes de su edad y de la generación posterior, que han recibido y reciben tratamiento para superar sus traumas psicológicos relacionados con las consecuencias de la guerrra, el sentido de culpa, la falta de padres: there were 2.5 million children who grew up without fathers in postwar Germany.

Cuenta Radebold no sólo sus experiencias como terapeuta y paciente a la vez, sino sus problemas como padre de familia.

Radebold: Many children have unconsciously adopted the symptoms of their parents. One patient dreams of the tank attacks that his father experienced. The adults have conveyed much more through gestures and insinuations than they realize. This has been absorbed by the children and incorporated into their identities. Parents unconsciously pass on tasks to their children: Carry on with the family, do a better job and protect us, so we don’t decompensate.

SPIEGEL: You have two children. Have you passed on fears to them?

Radebold: My son was born 1970, and my daughter in 1967. My wife was also a war child. Our daughter very intensively confronted me when she was an adult. That was painful. Her allegations were typical of those who are today between the ages of 40 and 60, and are now in therapy everywhere. They say: You’ve raised us according to standards that you haven’t explained. Why do I have to constantly cover my back? You tried to spoil us outwardly with everything that you didn’t have — toys, our own room — but you weren’t reachable inwardly. You didn’t listen to our “small” problems. They say: Since you had to overcome things that were so much worse, we were given the message that we have to deal with our own problems alone.

No sé si el mundo está a punto de saltar en pedazos por la locura nuclear en Corea, ni si el presidente de Chipre tendrá que dimitir por haber (supuestamente) ayudado a familares y amigos a sacar dinero de su país antes de la entrada envigor del corralito. Pero entrevistas como la realizada a Hartmut Radebold hacen que merezca la pena leer un periódico.

Y sin ánimo de comparar una cosa con la otra, recomiendo a los interesados en conocer las interioridades de Canal 9 y cómo trabajaron algunos de sus mejores profesionales, la entrevista hecha a Juan Luís Hernández, cámara de Informativos durante 25 años. Está en Perinquiets, la revista experimental y anticompetitiva.

 

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