La Economía del Bien Común desborda la Universidad de Valencia

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La Economía del Bien Común es un concepto muy joven que se extiende por Europa como un antivirus contra las desigualdades sociales gratuito y accesible a todos. Lo acuñaron en octubre de 2008 un grupo de doctos austriacos, uno de los cuales ha adquirido renombre y se ha convertido en un autor de superventas, Christian Felber. Propaga una propuesta que se opone al capitalismo financiero, argumenta que el lucro y la competición son falsedades económicas, y que se puede llegar a la satisfacción de las necesidades humanas, base y principio de la economía, mediante la cooperación y la persecución del bien común por encima del bien individual.

El martes, 19 de febrero, Christian Felber dirigió en Valencia un curso-taller con el título “Cómo realizar el Balance del Bien Común” dirigido a empresas y a organizaciones interesadas; la cuota era de 100 euros.

A media tarde, se presentó ante un público expectante en el Aula Magna de la Universidad de Valencia, y desgranó con precisión, orden y sentido del humor, los principios, fundamentos y consecuencias de la aplicación de esta visión del mundo que postula los beneficios de la la dignidad humana, la solidaridad, la justicia social, la sostenibilidad ecológica, y la democracia en la empresa. El discurso lo hizo en perfecto español. El título de la conferencia era “Crisis Económica y Derechos Humanos”,y la entrada era libre.

El señor Felber empezó precisando que él no es ni economista ni profesor universitario, sino licenciado en una variedad de disciplinas que se pueden resumir en la palabra Humanidades, y sólo profesor asociado en la Universidad de Viena. Se manifestó conmovido por las expectativas visibles, más de 300 personas deseosas de escucharle, y subrayó que las universidades han olvidado su compromiso original de ser espacios del conocimiento universal; son instituciones poliversales, multiversales, incluso perversidades, pero no universidades. Dicho lo cual, en presencia del vicerrector de Cultura e Igualdad de la UV, entró en materia.

La EBC no es un discurso nuevo ni revolucionario, sino que recoge y reivindica el cumplimiento de la letra de las constituciones de los países democráticos. La materialización de la economía ha conducido al lógico predominio de la economía y de los intereses financieros, que están por encima y se oponen a los intereses humanos.

El punto de partida de la EBC es reconocer y proteger la dignidad del ser humano. Todos los seres humanos tienen el mismo valor, comparten derechos y libertades. La satisfacción de estos principios conduce ineluctablemente al Bien Común.

Tres contradicciones hoy insolubles pretende resolver la EBC: una política, otra económica y otra ética.

La primera pretende acabar con la dolorosa paradoja que soportan los ciudadanos de los países democráticos, cuyas constituciones declaran defender unos derechos que una y otra vez están o pisoteados o en entredicho, como el trabajo, la vivienda, la sanidad, la igualdad ante la ley, etc.

La segunda es la que opone los intereses generales o del bien común a los mercados financieros. Se propaga y se sostiene una falacia, que el afán de lucro y la competencia son la causa del bienestar. Que esto es una falacia se ve en la falta de una teoría económica válida en este sentido, y en los estudios empíricos, que evidencian lo contrario, que la cooperación entre los emprendedores, la democracia empresarial, la trasparencia en la gestión, la sostenibilidad, el respeto al medio ambiente, y otros valores positivos, dan lugar a sociedades más justas y más felices.

La competencia, el afán de lucro estimulan sólo el miedo, el egoísmo y la violencia . Propugnar que el éxito económico se basa en las debilidades del ser humano por encima de sus virtudes es un grave y destructivo error.

Esta es la tercera contradicción que desea resolver la EBC. Se trata de redefinir el éxito económico. Hoy se mide con el Producto Interior Bruto, PIB, y los beneficios empresariales. Una redefinición de los fines de la actividad económica producirá una rectificación filosófica y moral de la falacia de considerar los medios (lucro, competitividad, etc) como fines. La satisfacción de las necesidades sociales, humanas es el único fin moral y práctico, el que nos permitirá sobrevivir en el planeta a todos los seres que lo poblamos.

Concluyó el señor Felber su intervención con dos propuestas, en las que trabajan los voluntarios de los grupos de la EBC desperdigados por todo el mundo en organizaciones definidas como “Centros de Energía”.

Por un lado, convencer a empresarios de toda actividad y tamaño de industria o servicios, de atenerse, mediante un plan progresivo, a los principios de la EBC. Lo que se llama “el balance del bien común”.

Por otro, hacer lo propio con instituciones locales, básicamente ayuntamientos de localidades pequeñas y medianas.

La dignidad, la solidaridad, la justicia, la sostenibilidad y la democracia pueden extenderse en el mundo sin partir de estragos revolucionarios.

En el turno de preguntas (se hicieron diez), el señor Felber tuvo oportunidad de revelar las fuentes de su pensamiento: la Ilustración, el Cristianismo, y una variedad de teorías, propuestas religiosas, cívicas, filosóficas, que se han desarrollado a lo largo de la historia de la Humanidad en diferentes latitudes, y que contienen objetivos comunes, aunque partan de teorías dispares.

 

Mi curiosidad periodística se resume en algunas anotaciones que realicé, aparte de los apuntes sobre las palabras de Christian Felber.

Más de 300 personas llenaban el Aula Magna, unas pocas, de pie. La edad de los asistentes se reflejaría en una especie de huevo o curva elíptica cerrada. Por arriba, en la parte estrecha, casi ancianos y ancianas de 80 años. Por debajo, jóvenes estudiantes de 20. Y entre medias, un grueso de hombres y mujeres (predominio de ellas, como siempre) de 40-50 años, y unos poquitos de 30 y de 60-70.

Me resultó chocante encontrar muy pocas caras conocidas. Me permito deducir de ello que a la conferencia no asistieron “los de siempre”. Llevo más allá mi intuición, y radiografío un predominio de docentes. La actitud de la audiencia era de franca complicidad, de simpatía, cualidades que sintonizan con la propuesta de empatía de los promotores de la EBC.

Me dio la impresión de que la mayoría de aquellas personas no venían en busca de consuelo, sino de esperanza y de lecciones prácticas que experimentar en sus propias vidas; venían a darse un baño de realidad optimista, no de utopía. Los mayores, acaso estaban predispuestos a recuperar una ilusión maltratada por la corrupción, la crisis económica y la pésima calidad de la clase dirigente. Los más jóvenes… no sabría definirlo.

Muchos eran los que conocían ya la EBC y habían escuchado a Christian Felber en vivo o mediante grabaciones descargadas de Internet. Pero no se percibía ni veneración ni anhelo de redención. Se aplaudió con vigor al conferenciante, pero no se le jaleó como a un torero.

El acto formaba parte del programa Claustre Obert de la Universitat de València, que se desarrolla a lo largo del curso académico, pero dudo que en otros episodios haya acudido tantísima gente. También el diario El País patrocina estos encuentros cívicos.

En el claustro de la la Nau, la librería Soriano de Valencia vendía ejemplares del penúltimo libro traducido de Christian Felber: “La Economía del Bien Común”, de la editorial Deusto.

En la Red hay multitud de páginas, además de la oficial, con referencias e incluso grabaciones de conferencias de Christian Felber. En ECB Documental, editada por los promotores de esta filosofía, hay un resumen escrito y grabaciones en las que cualquiera puede hacerse una idea.

 

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