Sociología de “El Maestro y Margarita”

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El Festival de Otoño en Primavera de Madrid ha presentado una obra de teatro que en realidad es una ópera. Las paradojas viajan en equipo.
Antes había un festival de teatro de otoño en Madrid. Luego pasó a la primavera, y en lugar de cambiarle el nombre, le añadieron una estación. Las paradojas son simpáticas.
En la Sala Roja de los Teatros del Canal se ha presentado en mayo de este año “El Maestro y Margarita”, basada en la novela inconclusa del soviético Mijail Bulgákov (¿o era ruso?, murió antes de la guerra Patria, hemos perdido la ocasión de preguntárselo).
Es una producción de la compañía británica Complicité, fundada hace tres décadas por Simon McBurney, Annabel Arden y Marcello Magni.
“El Maestro y Margarita” de Complicité dura casi tres horas y media, intervienen en el montaje 16 actores y actrices, cuenta con una monumental escenografía, un complejo apoyo audiovisual, una iluminación no menos compleja, marionetas, canciones, grabaciones de audio, micrófonos inalámbricos, cámaras de grabación en directo con proyecciones (y retroproyecciones)…
Este tremendo y carísimo montaje habría sido imposible sin una coproducción de las mismas dimensiones gigantescas. Hela aquí: Barbican de Londres, Les Théâtres de la Ville de Luxemburgo, Festival de Otoño en primavera de Madrid, Wiener Festwochen, 
Ruhrfestspiele Recklinghausen y Festival d’Avignon, en asociación con Theatre Royal Plymouth.
El resultado es una obra espléndida (en inglés, con traducción en pantalla de textos colgada delante del escenario).
Es inevitable preguntarse, ¿“El Maestro y Margarita” es una obra de teatro o una ópera? Según mi apreciación, lo segundo. Por la envergadura de la producción y por su contenido. Desde luego, una ópera mucho más atractiva, más interetesante y más aleccionadora (para aquellos que se complacen en la cualidad didáctica del teatro) que “La Vida y la Muerte de de Marina Abramovic”. El hecho de que no hubiera orquesta presente, y la música y los efectos estuvieran grabados no le resta mérito, sino presupuesto. De hecho, el precio que pagué por verla desde la primera fila del primer anfiteatro, fue de 13 euros. Los Teatros del Canal son tan públicos como el de la ópera de Madrid; una de dos, o están más subvencionados (algo que el bolsillo agradece) o están dirigidos por alguien más eficiente y generoso. También puede haber otra explicación: la ópera es un espectáculo para ricos (les guste o no el género), y los que no lo sean se tienen que conformar con una butaca en el quinto infierno, desde donde no se aprecia nada si no llevas prismáticos, y que encima tienes que pagar a precio de… rico.
Sobre el público que asistía (mos) a la sesión en la que puede gozar de “El Maestro y Margarita”, lo caracterizo así: clase media bien educada, muchos extranjeros, edad predominantemente madura, relativamente pocos jóvenes (lógico, no tienen un duro para gastar en lujos), mucho intelectualillo, equilibrio inestable varones/mujeres, encantados de haberse reunido en ese teatro.

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