Estrategias

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La hora brilla en la Noche Oscura

Mientras la economía va a la deriva, políticos y “agentes sociales” difunden sus estrategias disfrazadas de soluciones. Pero una estrategia no es una solución, no es un objetivo, sino un medio.

La reforma laboral tiene el objetivo de remediar el marasmo económico y social que sufrimos España y sus habitantes. No debería ser una estrategia, sino una serie de decisiones de necesaria ejecución. Mi desconfianza se basa en que sus artífices la han planteado como una estrategia ideológica, no como una serie de medidas que afecten a todo el mundo. El gobierno español, el de hoy igual que el de hace un año, apoya el  mayor peso de sus decisiones no en la observación de las necesidades, defectos y disposición de los ciudadanos españoles, sino en  las recomendaciones europeas. ¿Qué es Europa? Europa es una voz, no una entidad. La voz cantante y la entidad real de Europa es Alemania, el gobierno alemán, los intereses de los industriales y financieros alemanes que a veces coincidirán con los de sus iguales franceses, británicos, etc y otras veces, no.

Se deduce de ello que la Unión Europea no es una sociedad de iguales. Los más poderosos mandan.

Mientras tanto, aquí se disputa a voz en grito, se anuncia, se amenaza.

¿Cuáles son las estrategias ideológicas que ahora mismo compiten en el escenario español?

En primer lugar, la del gobierno. El gobierno da a entender que quiere acabar con los privilegios institucionalizados, léase funcionariales, para dejar claro ante el resto de los asalariados, esos que no viven a sueldo de las administraciones públicas, que el sufrimiento se está repartiendo. Por un lado obliga a los ayuntamientos y otras instituciones a cumplir con sus compromisos de pago, por otro propone aligerar el peso específico laboral de esas instituciones, con un exceso de personal y una administración calamitosa.

La estrategia ideológica de la oposición, en concreto de la oposición de izquierdas, es convencer a la población de que la derecha se ha propuesto regresar al capitalismo emergente del siglo XIX. Que privatizar determinados servicios públicos es un propósito demoníaco. Que fuera del estado de bienestar, por ruinoso que sea, no hay más que negrura, peligros, miseria.

Su desventaja es su base demagógica, su falta de sentido práctico. No proponen nada, posiblemente porque no tienen nada razonable y factible que proponer.

Todo esto se advierte sólo con leer aleatoriamente los medios de comunicación, algo accesible a través de Internet. Uno encuentra en el mismo diario o revista digital informaciones contradictorias, datos que no casan sobre el estado de las economías, voces fatuas de políticos, financieros y supuestos especialistas en crisis. También encuentra uno informaciones que levantan las sospechas, como aquel análisis de una consultora anglosajona que señala los defectos de la banca española; sirva esto de ejemplo para preguntarse: si el panorama que dibujan es cierto (probablemente sí) ¿no puede ser que las bancas alemanas, inglesas, etc. no anden en mejores condiciones, y lo que persigue el informe es deteriorar la posición internacional de la banca española para eliminar a un competidor?

A mí, como ciudadano, me importan tres higas la salud de las instituciones financieras. Sea cual sea, se van a aprovechar de mí. Pero descubro estrategias o sospecho que los intereses en juego están chocando; y de paso me pregunto cuándo me llegará a mí el perjuicio causado por esta guerra intestina de los poderosos. Quizá me esté volviendo paranoico, pero la dura realidad me está ayudando mucho.

Existe una estrategia de los “países ricos” (Alemania, Reino Unido, Francia) europeos empeñados en definir a los países del Sur como indolentes, despilfarradores, y timadores. He leído y escuchado que es un conflicto entre la Europa Católica y la Europa Protestante. Eso sí es paranoia. Ese conflicto, mucho más reducido de lo que se dice, acabó en el siglo XVII, y se desarrolló básicamente en Centroeuropa, donde las dos religiones (es decir, los poderosos de cada religión) competían.

Hay demasiado interés en pintar escenarios, en justificar decisiones y muy poco en ofrecer soluciones firmes, eficaces, beneficiosas en último término para todos, no sólo para los más fuertes. Se está invirtiendo esfuerzo, imaginación y dinero en pura propaganda.

Si la tendencia se acelera, será una carrera hacia el caos.

La razón nos asista.

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Un comentario sobre “Estrategias

    José Parra escribió:
    03/04/2012 en 02:00

    Realmente la situación es de verdadera incertidumbre, pero no es de extrañar que sean las clases sociales más ‘bajas’, incluyamos aquí también a las medias, las que se tengan que apretar el cinturón. Lo curioso, es que no veo distinción económica entre clases políticas, sea izquierda o derecha los privilegios de éstas siguen siendo elevadísimos. Vamos que lo que se dice hambre… no van a pasar.

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