Antisistema

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Turbios torbellinos agitan la biosfera europea, y en especial la mediterránea, y en concreto la hispana. La demagogia reina. Los pensamientos ligeros, las voces fatuas se remueven a ras de suelo en un tira y afloja de inquietas turbas estudiantiles y mediáticas.

Esto es un cachondeo.

Está en entredicho el Sistema. Cantidad de gente arraigada en el Sistema clama contra el Sistema. ¿Hay algo fuera del Sistema? Ni la Utopía ni la Distopía ni la Fantasía ni la Realidad Mostrenca, que es la que no tiene casa ni hogar, ni señor o amo conocido, y además es gorda, pesada e inerte mental. Nada.

El Sistema lo es todo. Un buen amigo mío sostiene que el mejor remedio es vivir de espaldas al Sistema. Yo matizo: vivir a espaldas del Sistema. ¿Esto qué es, niño?

Pues irse hasta el final, ponerse en la cola y aprovecharse de ser el último.

En mi juventud yo fui un antisistema diferente a los de ahora. Yo creía que si acabábamos con el Capitalismo, el Socialismo (o el Comunismo) nos redimiría a todos.

La presunción de quienes hoy quieren acabar con el Sistema no es suicida, es imbécil. Sólo aquellos que tienen acceso a  la caja de los truenos nucleares y pueden apretar con su dedazo el botón del Apocalipsis pueden acabar con el Sistema. Todo lo demás, derrumbamiento financiero, quiebra de empresas, paro galopante, deuda insostenible, reforma laboral, calentamiento global, extinción de combustible fósil… todo eso no son más que argumentos, berridos, susurros, depende de quien los emita. Argumentos con víctimas propiciatorias: los que se han arruinado, los que se han quedado sin empleo, los que han perdido la fe, los que la han encontrado.

No me gusta el Sistema, a pesar de que materialmente me va de maravilla para lo que tengo que sacrificar a cambio. Pero me aterroriza el tumulto de quienes se manifiestan dispuestos a todo para acabar con Él. Son los imbéciles.

Me hace sufrir mucho este maldito Sistema, me tiene ninguneado, inactivo, me ha encadenado con grilletes al consumo, me amenaza con males mayores, me condena y me absuelve a ritmo de metrónomo. Y yo me dejo. Pero sin Sistema no hay nada, ni bienestar ni malestar ni Arcadia ni Infierno.

Y mientras los amos del Sistema no sean cambiados (no sé cómo, pero lo serán, eso me preocupa mucho, cómo), los servidores privilegiados del Sistema y sus víctimas seguiremos zarandeados como peleles.

Estos años serán recordados como los de la Gran Confusión, la Gran Demagogia. Y los políticos del Sistema (incluidos los antisistema que viven como pachás en el Sistema) serán sumergidos en formol en frascos de cristal, como aberraciones. El caso es que no son mala gente, sólo muñecos de unas pasiones antiguas como el Sistema: codicia, soberbia, envidia, avaricia…

Hay quien dice que los vicios no son pecados, sino errores del hombre en su búsqueda de la felicidad. Dejemos de confiar de una vez en que sean otros quienes busquen nuestra felicidad. Salgamos a buscarla de una vez. Sólo así empezará a cambiar el Sistema.

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Un comentario sobre “Antisistema

    Antonia Bueno Mingallón escribió:
    01/03/2012 en 13:50

    Muy atinado y perspicaz.

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