Cuatro sueños, de Txemacántropus

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Txemacántropus, amigo y compañero de trabajo, acaba de publicar el libro cuya portada se muestra sobre estas líneas, Cuatro Sueños, Edicions del Ponent, Alicante, enero 2012.

Es un libro ilustrado. Creo que hay un género, explotado por los japoneses, de novelas para adultos con imágenes, dibujos, y pequeños textos en forma de diálogos y didascalia. No es ningún descubrimiento nuevo, en España hemos tenido tebeos hasta hace quizá una década; mi generación ha crecido leyéndolos: de niños, de jóvenes, de chicas, de hazañas bélicas, y luego de héroes de importación. Ahora se llaman comics porque a la industria eso de tebeo le suena a casposo. Allá la industria, con su bolsillo y su conciencia.

Cuatro Sueños es un libro de una calidad excelente y de una trascendencia que no debería pasar inadvertida al mundo editorial. Lo chocante es que ni lo uno ni lo otro importan lo más mínimo a Txemacántropus. Para él, la creación es un acto sagrado e íntimo cuya mayor recompensa es compartir con los amigos. Sospecho que si por un azar de los negocios editoriales, Txemacántropus se convirtiera en un dibujante codiciado, él se llevaría un disgusto.

Yo considero a Txemacántropus uno de los cinco o seis mejores dibujantes de historietas de España. Lo mantengo, consciente del riesgo, porque en España hay muy buenos dibujantes de historietas. Pero, desaparecidas las grandes revistas ilustradas (de cómics, concedámoslo) que florecieron en los años 80 y 90, lo que hoy se edita son cuadernos de dibujos muy conseguidos, pero básicamente convencionales, aunque a veces toquen temas controvertidos y lleven adherida la etiqueta de “políticamente correcto”. La imaginación, el riesgo estético, eso que los pseudoautomarginales llaman “la transgresión” (que en realidad es coherencia estética), brillan por su ausencia. Por eso afirmo que Txemacántropus debe ser uno de los cinco o seis mejores dibujantes de historietas de España, porque hace lo que le sale de dentro literalmente, no lo que espera vender para hacerse un hueco en el mundo del cómic.

Acabo. Cuatro Sueños es un libro ilustrado dirigido a adultos. Sin embargo, sus historias son de las que fascinan a los niños. Niños de entre ocho y doce años, porque muchas de las paradojas en las que se distrae y se complace el autor son un poco terribles para los más pequeños. Estoy seguro de que si el editor centrara el objetivo de sus ventas en la población infantil (a través de los padres, claro, que son los que compran) podría extraer el beneficio que esperan y merecen, porque el libro tiene una edición estupenda.

Imagen tomada de la página de Wikipedia referida al autor

Al leer Cuatro Sueños se me venían a la memoria las historias del neoyorkino  Maurice Sendak, que ensartaba peripecias alucinantes dirigidas a los niños. No es que Txemacántropus se parezca a Maurice Sendak, sino que su imaginación es del estilo que los dibujantes anglosajones transforman en cuentos memorables para niños.

Hay quien es amigo del director de la RAE, hay quien conoce y frecuenta a autores superventas, hay quien disfruta impartiendo doctrina cultural en suplementos. Yo me complazco en ser amigo de Txemacántropus, uno de los cinco o seis mejores dibujantes de historietas de España.

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