Cultos, guapos, prósperos y Marginales

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El tañedor de laúd, de Caravaggio

Visita al Hermitage sin salir de Madrid, por gentileza del Museo del Prado y cinco instituciones más (gastos y administración). Exposición digna de un minucioso paseo. Equivale a un viaje a San Petersburgo de ida y vuelta en cohete de un par de horas de duración.
Te dan el billete de entrada con una hora de inicio, porque las nueve salas visitables (en tres espacios) se quedan pequeñas para las aglomeraciones. El público que encontré en mi visita era nacional español, predominantemente femenino, de edad superior a los 50 años, aparentemente culto e interesado en lo expuesto, y de clase media establecida y estable (buena ropa, buen calzado, buen peinado, buen perfume, etc). Jóvenes, muy pocos, algo explicable porque aquellos en edad escolar se debían hallar en las aulas, y los postuniversitarios estarían trabajando. Un grupo de escolares de uniforme recorrió las instalaciones: colegio de pago, buena familia.
Posiblemente no había muchos desempleados en aquella muestra, y los turistas evidentes eran escasos. Me atrevo a decir que el público de “El Hermitage en el Prado” constituye una elite representativa de la sociedad española culta e intelectualmente activa. Esto es independiente de la calidad moral o intelectual de esta elite, de sus luces y de sus sombras. Lo más selecto de nuestra población en términos culturales-económicos está a la altura de sus contrapartes europeas. La diferencia debe ser la proporción, mayor la transpirenaica que la antepirenaica, a ojo de buen cubero. Otra cosa son las sectas. En ese ámbito, quizá España sea el país europeo con más intelectuales cultos sectarios per cápita, después de Francia.
Al acabar el recorrido del Hermitage, me asomé a “El vino de la fiesta de San Martín”, lienzo de Pieter Bruegel el Viejo recientemente adquirido y restaurado en el Museo del Prado. Como estaba a la salida de la exposición temporal famosa, se colaban muchas personas. Además de la contemplación de esa obra al temple, lo mejor es un documental en el que se cuenta cómo se ha reparado la pieza. Extraordinario, ilustrativo, pedagógico. Una vez más, estamos a la altura de Europa.
Y por fin, el Prado. El contraste era así: al entrar en la gran sala de Velázquez que alberga reyes y meninas, los únicos visitantes éramos mi mujer y yo. Pronto se incorporaron otros, pero nunca fuimos más de una docena. Una explicación, la hora, casi las dos, la de la comida. Pero los turistas no hacen estos horarios españoles. Otra explicación: era un día frío, con menos afluencia de visitantes. Sin embargo hay otra que a mi entender es la clave: hoy en día, muchos museoadictos acuden donde les atrae la publicidad, no la seducción cultural. Hasta las elites se hallan sometidas al barrido selectivo de la propaganda. No somos nadie, y menos en un museo.

Aspecto de una de las salas de Tabacalera

Por la tarde, paseo por Lavapiés, y cosecha de más conclusiones sociológicas. En estos momentos Lavapiés es uno de los barrios más fértiles en términos creativos de Madrid. Algo chocante en relación con ese dato de las elites cultas, porque los muñidores y realizadores de las iniciativas de Lavapiés son jóvenes rabiosamente alternativos o marginales o como se quiera calificar a ese sector que se aparta unos años del curso convencional y consumista de la existencia, hasta que la edad les doma y les hace “entrar en razón”, que es uno de las tránsitos más tristes del ser humano occidental próspero. El Sistema, que conoce muy bien de marginación y de tránsito, ha ofrecido el antiguo edificio de Tabacalera, en la calle de Embajadores, a los antisistema. El resultado es una convivencia paradójica, pero muy productiva.
Y la mayor paradoja es la que se ve en Crossing East West Narratives by the End of Video Art (2000-2011). Una década de videoarte en Asia y España, proyecto de Casa Asia, comisariado por Menene Gras Balaguer. En los corredores y salas desoladas y gélidas de la antigua Tabacalera han instalado un sin fin de monitores de televisión y algunas proyecciones que exhiben 50 producciones asiáticas y 28 españolas. Están todo el día funcionando, y uno se pregunta la utilidad o funcionalidad del asunto, porque las visitas son escasas y breves. ¿Qué sentido tiene una multiexposición para casi nadie y para casi nada? Pocos de los que se detienen ante un monitor ven la pieza entera, hecho excepcional, desdeñable.
Así pues, una muestra que da salida a los sentimientos de los marginales, se pierde como el agua de una fuente pública con el grifo estropeado. ¿Habrá alguna otra manera de hacer llegar a “la gente” esas producciones? Quizá. Los expertos en museos deben de saberlo, pero también deben de guardarse el secreto como si tuviera un valor profesional preservable, no vulgarizable.
Sobre la idea que el/la comisiario/a de la exposición, valga esta cita. “A partir de una selección de materiales producidos en el transcurso de la última década, se plantea la opción de hacer la exploración de un imaginario global en fragmentos cuya autonomía e individualidad desbordan cualquier localización, pese a que su procedencia se tenga en cuenta, ya que éstos informan acerca del espacio/tiempo de su origen.” Mi madre decía en estos casos, quien te entienda, que te compre. Si hubiera que pagar por esta exposición, el resultado sería ruinoso para los organizadores. Pero eso no parece importar a nadie.

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Un comentario sobre “Cultos, guapos, prósperos y Marginales

    nach escribió:
    28/01/2012 en 17:05

    Sublime, lo de las sectas cobra más importancia en estos días. Cuanto cuesta ser libre!

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