“Encontr-artes” en Póvoa de Lanhoso

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Una de las acciones en el Centro de Criatividade de Póvoa de Lanhoso

Junto con mi mujer, Antonia Bueno, la semana pasada he participado en Encontrartes. Encontro das Artes da Tradição ao Contemponâneo, en el auditorio de Fontarcada de la localidad portuguesa de Póvoa de Lanhoso, organizado para celebrar la inauguración del nuevo Centro de Criatividade.  Han sido tres días de una intensa programación sucesiva y a veces simultánea de músicas, teatro, danza, artesanía, artes plásticas, talleres lúdicos y una introducción que consistió en una mesa redonda sobre el tema “La creatividad en tiempos de crisis”.

De izquierda a derecha, Dario Oliveira, Carlos Martins, Fátima Moreira y Fernando Bellón

Participaron Dario Oliveira, Carlos Martins y yo, presentados por la vereadora (concejala) Fátima Moreira. Dario Oliveira es el director del Festival Internacional de Cine Curtas Vila do Conde, que el año próximo celebra su vigésima edición. Contó su experiencia desde el inicio del festival, una apuesta de aficionados al cine con ganas de dinamizar su ciudad, a la orilla del Atlántico, al norte de Oporto, y que poco a poco se ha transformado en un reconocido festival internacional de cortos documentales y de ficción, con frecuencia no tan cortos, pues pueden durar una hora.

Carlos Martins es el director general de Guimarães 2012, capital europea de la cultura, y centró su discurso en el lúgubre futuro que nos espera si no cambiamos nuestro paradigma económico, con un planeta desolado, superpoblado y en crisis permanente.

Ambos ponentes reclamaron un cambio de actitud de los jóvenes presentes en el auditorio, prácticamente todos de Póvoa de Lanhoso, en favor de la creatividad, de la imaginación creadora, del sentido práctico pero también sostenible, etc.

Mi discurso fue un poco más abstracto, pero en la misma línea. Lo reproduzco a continuación. Enlo spróximos días colgaré información y comentarios más comprensivos de “Encontrartes”.

Un momento de la inauguración de "Encontrartes"

Notas para Póvoa

1.- Jamás en la historia de las sociedades humanas se había alcanzado un grado de bienestar como el presente. Incluso aquellos grupos sociales más pobres y apartados de nuestra cultura de consumo reciben algún tipo de asistencia, que les permite sobrevivir, aunque esta sobrevivencia nos parezca a nosotros indigna.

Jamás en la historia de las sociedades humanas, habíamos dispuesto de tantos individuos cualificados profesionalmente. Tenemos científicos que investigan en beneficio de la sociedad, médicos que nos curan y nos previenen de enfermedades evitables; ingenieros y arquitectos que proyectan puentes, ferrocarriles, aviones, edificios de viviendas, centros comerciales, industrias; tenemos profesores que enseñan a nuestros hijos y a nosotros mismos si lo deseamos; y tenemos creadores profesionales que nos entretienen, nos deleitan o nos llaman la atención sobre los defectos de nuestra sociedad; tenemos intelectuales que discuten sobre las medidas más apropiadas para remediar las injusticias, y políticos que aplican estas ideas o las suyas propias; tenemos fuerzas armadas que nos protegen, y también tenemos empresarios medianos, grandes y supergrandes que producen, compran y venden todo aquello que consume la sociedad.

Nuestro modelo social, de estado, de sociedad, visto desde, digamos, el siglo XV, realiza un ideal platónico.

Y sin embargo, sobran científicos y médicos, hay demasiados ingenieros, cantidad de profesores están en paro, los creadores sobreviven de limosnas, los intelectuales y los políticos se dedican a vivir del aparato del Estado independientemente de la eficiencia de su trabajo, las fuerzas armadas tienen poco que hacer dentro de las fronteras y los empresarios se arruinan a velocidad pasmosa.

¿Cómo es esto posible? ¿Cómo es posible que una de las sociedades mejor preparadas de la historia tenga todos los recursos necesarios para vivir con comodidad, e incluso un exceso de bienestar, y se encuentre al borde  de un precipicio económico y político? Luis de Camoens, Miguel de Cervantes, dirían que nos hemos vuelto locos, que somos unos imbéciles, que teniéndolo todo estamos echando a perder nuestro futuro.

Supongo que habrán observado ustedes que en el enunciado de sectores profesionales que acabo de hacer falta uno, el más importante y del que se nutren todos ellos. Falta el de la población en general, el de los trabajadores asalariados, el de los pequeños agricultores, los pequeños emprendedores, los estudiantes, los desempleados, las amas de casa, los jubilados. Eso que antes llamaban el pueblo, y ahora nombramos como ciudadanía.

Es el tejido social, es la materia prima, es el océano humano del que salen los médicos, los ingenieros, los profesores, los intelectuales, los políticos; toda esa elite que dirige la sociedad se nutre del depósito de creatividad que reside en la masa ciudadana.

Creatividad. Hemos llegado al núcleo de esta mesa redonda. Creatividad y crisis.

2.- El mundo, la sociedad ha cambiado mucho en los últimos dos siglos, desde que la industria estableció su modelo. Un cambio dramático se suele decir, porque ha dejado destrucción y dolor en su camino. Y hemos llegado a un punto en el que las crisis social, económica y política vuelven a coincidir. No podemos permitir que el modo de salir de ellas sea tan traumático como las dos revoluciones que marcan la historia contemporánea, la burguesa y la proletaria. Y menos aún que desemboquemos en una guerra de todos contra todos.

Sin embargo, los políticos y los financieros, que tienen en su mano importantes palancas de cambio, se comportan como si les importara poco el resultado de sus acciones.

Da la impresión de que estemos a punto de regresar a las condiciones sociales de hace un siglo. La industria necesitaba una elite de técnicos y especialistas que se preparaban en las universidades politécnicas. Esta elite se fue sumando a la elite política, económica y financiera dominante y constituyó una elite más amplia. Una elite que dirigía, dictaba, adoctrinaba a la masa de trabajadores intermedios y simples asalariados.

El sistema no funcionó. De eso sabemos mucho los portugueses y los españoles: hemos tenido dos dictaduras, que intentaron resolver por la fuerza las contradicciones de nuestras naciones entonces “emergentes” en términos industriales.

Pareció que todo iba a arreglarlo el Mercado Común, la Unión Europea, el Euro.

Tampoco ha sido así.

Y si observamos las soluciones que proponen los tecnócratas, vemos que parecen basarse en un modelo que fracasó hace un siglo. Si nos fijamos en el marco educativo, parece que el mayor objetivo del Plan Bolonia sea asegurar una masa de técnicos con cualificación media que asista a una economía planificada por esos mismos tecnócratas, que nos dicen representar, pero que en realidad representan los dictados de los grandes financieros e industriales europeos.

Hay demasiados médicos, muchos ingenieros, muchos arquitectos, muchos profesores, muchos creadores y artistas. Es decir, sobra inteligencia.

¡Cómo que sobra inteligencia! ¿Cuál es el propósito de los planificadores? ¿Qué regresemos a una sociedad estanca de clases? ¿Tendrán razón los autores de ciencia ficción cuando dibujan un futuro tecnológico de rasgos medievales?

3.- Sea lo que sea lo que tengan preparado los tecnócratas para nuestro futuro, el futuro está en nuestras manos. Y nosotros poseemos aquello que parece faltarles a los tecnócratas: creatividad, talento, fuerza de voluntad. Empleemos todo eso en nuestro provecho, en nuestro beneficio, que es el beneficio de las mayorías.

¿Cómo?

No hay soluciones globales. Esta es la gran falacia, el gran fracaso de los sistemas políticos que se han experimentado en los últimos cien años. El resultado ha sido destrucción del tejido para volver a tejer uno nuevo. Eso no nos lo podemos permitir otra vez.

No hay soluciones globales. Las soluciones son locales. Si esperamos que los grandes poderes europeos descubran algún bálsamo de Fierabrás, el que don Quijote creía que curaría todas sus heridas, nos encontraremos atrapados por planes Bolonia en todas las áreas de la producción y de la distribución.

Casi nadie discute que tenemos que cambiar el modelo. Pero casi todos esperan que aparezca de pronto un líder carismático y nos ilumine. Eso no sucederá, y si sucede, habrá que llamarlo autocracia o dictadura. Y estamos hartos de dictaduras. No queremos más dictaduras. La solución está en nuestras manos.  En nuestra capacidad de crear ese nuevo tejido, en nuestra creatividad a todos los niveles, no sólo el artístico.

Hasta ahora hemos sido esclavos del consumo. Y parece que la crisis nos está enseñando a librarnos de esta esclavitud. Pues bien, aprovechémoslo.

Cambiar el modelo es un objetivo a primera vista imposible, sobre todo desde nuestra perspectiva de pequeños habitantes de Póvoa de Lanhoso, de Burjassot, de localidades insignificantes al lado de Lisboa, Madrid, París, Berlín o Londres.

También los filósofos de la antigüedad estaban convencidos de que la esclavitud era un fenómeno natural, inevitable, les parecía una insensatez liberar a los esclavos. ¿Qué iban a hacer los esclavos sin nadie que les diera órdenes?

Y sin embargo, los esclavos constituían el bastidor en el que se tejía la sociedad. Los esclavos trabajaban en los oficios más penosos, los esclavos eran administradores, los esclavos eran creadores, los esclavos aconsejaban a los políticos, dirigían ejércitos, diseñaban puentes y carreteras, escribían tratados filosóficos.

Nos encontramos en una tesitura histórica en la que la esclavitud puede regresar, literalmente. Esclavos mantenidos, esclavos satisfechos, esclavos felices. Pero esclavos.

¿Es eso lo que queremos de nuestros hijos? En nuestra mano está evitarlo


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