Dentro de un año, volveremos a pagar en pesetas.

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No sé si soy víctima de la neurastenia o es que de pronto me he vuelto un sabio. Sucede que todas las explicaciones que escucho y leo sobre la catástrofe financiera que nos afecta me parecen válidas, por contradictorias que sean. Si proceden de un experto, suenan del todo convincentes. Si proceden de un contertulio profesional, depende de su retórica.

Pero esto no es ni lógico ni posible, aunque verdadero. Juro que encuentro en todas un sentido.

Así que, animado por la temeridad o por el convencimiento de que por fin me he unido a la conciencia universal, voy a exponer mi propia hipótesis. Lo digo en serio, no voy a hacer derrapes mentales, sino a ajustarme a razones similares a las de los verdaderos sabios.

Siendo yo un muchacho, recuerdo a mi padre asegurar que lo mejor que uno podía hacer con el dinero sobrante era comprar bonos del estado español. Eran seguros y rentables, aunque al parecer no tanto como otros productos financieros. La inflación estaba entonces por las nubes. Imagino, pues, que la rentabilidad de los bonos sería altísima, en relación a la actual prima de riesgo. Pero, o bien no había prima de riesgo o a nadie le importaba que la hubiera. La diferencia más grande es que entonces no había euro, y el gobierno español podía maniobrar con su moneda.

De pronto la prima de riesgo se ha convertido en la bicha, en la fórmula de la piedra filosofal, en la conspiración bolchevista al revés, en un poste totémico, una plasmación de la antimateria. ¿Quién la hace? ¿Cómo la hace? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Por qué? ¿Para qué? Es el viejo polinomio informativo N=4W+H.

No sé nada de economía, pero tampoco soy un ingenuo. Lo que yo deduzco del torrente de noticias, rumores, fantasías, argumentos, falacias, conjeturas es que debemos preparanos para que, hacia el verano próximo, la Unión Europea se fraccione en dos, los del euro y los que recuperen su moneda nacional. Es la única forma de funcionar. Llámese como se desee, una Europa a dos velocidades, de primera y segunda división, de nucleo duro y de periféricos… No sé qué pensaban los políticos que decidieron extener el euro donde ahora llega, es decir, por qué no hicieron caso a quienes avisaban de los peligros que hoy se han convertido en amenazas pendientes a punto de caer: países que eran insolventes ya, que aprovechaban los préstamos para repartirlos entre sus clientes, según la acepción griega y latina.

De forma que no hay otra manera de salir de esto, porque la alternativa es todavía más dura: la renuncia de la soberanía nacional. No creo que el experimento italiano y el griego duren mucho, o no creo que tengan éxito, la fuerza de la costumbre, la inercia es potentísima. Sólo con un gobierno europeo, unas finanzas europeas, unos impuestos únicos europeos, un banco europeo único, etc. Europa podría dominar a los díscolos.

Lo que yo preveo es un esfuerzo tintánico por parte de Rajoy para recuperar el país y mantenerlo en la Europa Dura. Otra cosa es que sepa hacerlo, que acierte, que le dejen, que pueda. Como mucho, tiene ocho o nueve meses, que no es nada. Si se admitieran apuestas, yo lo haría contra él. No le embido la ganancia, porque, a estas alturas, parece que ganar, ganará.

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