El enigma del Intruso

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El Instituto Francés de Valencia es una institución meritoria. Enseña lengua francesa y promueve la cultura francófona a lo largo del año escolar. En su salón de actos de la calle Moro Zeit se realizan conferencias, se representa teatro, se interpreta música y se proyectan películas. Al tiempo, las exposiciones de arte plástico se suceden en el vestíbulo del edificio. La personalidad rica y caleidoscópica de su director, Pascal Letellier, se advierte en la programación, variada, pero centrada en el presente rabioso de “lo francés”

La última película que he visto estaba enmarcada en un ciclo protagonizado por el filósofo francés Jean-Luc Nancy, de cuya existencia me enteré con motivo de la programación de las jornadas. Como soy un completo ignorante de la filosofía de este hombre, me limitaré a comentar lo que presencié la tarde del 16 de noviembre.

El señor Nancy presentaba la película de Claire Denis “L’Intrus”, basada en un libro escrito por el filósofo con motivo de un trasplante de corazón que sufrió en su día. El libro, según me pareció entender, son las reflexiones de un paciente que piensa sobre un acontecimiento personal y vital (literalmente) en clave filosófica. Y el intruso, obviamente, es su nuevo corazón.

La película de Claire Denis está inspirada en el libro de un modo extremadamente libre, según advirtió el propio filósofo al presentarla. De hecho vino a decir que cuando él la visionó antes de su montaje definitivo, no le encontró relación con su discurso escrito, pero que la autora, buena amiga suya, insistió en encadenar el filme al libro por razones de método y estilo cinematográfico.

Esto quiere decir, estimo yo, que la película “se atiene” al pensamiento del señor Nancy. En el programa impreso del Instituto Francés se dice sobre él: “Jean-Luc Nancy forma parte de los pensadores que creen que el mundo no debe ser considerado como un sistema lógico y estructurado, sino complejo y fragmentado, atravesado por flujos que perturban las referencias estables y las correspondencias.” Me parece un resumen muy preciso, que revela la adscripción del señor Nancy a la hégira del postmodernismo, predominante en la intelectualidad francesa, que ha contagiado a la española e italiana con su virus imbatible .

Confieso que soy poco postmodernista. Y la película “L’Intrus” me dio más razones para distanciarme de esta corriente que, sin embargo, respeto y admiro.

Uno de los argumentos del señor Nancy en la velada referida giraba en torno a la diferencia entre presentación y representación en la obra de arte. El final, vino a decir, son la misma cosa. Y en esta paradoja se erige la estructura del guión de “L’Intrus”. Como iba advertido, aguanté la proyección hasta el final con espíritu estoico. Pero si hubiera entrado en un cine, incluso de arte y ensayo, a verla, me habría marchado a la media hora.

Me gustaría resumir lo que vi, hacer una recensión orientativa. Pero es imposible. Se necesita un tratado postmodernista para transmitir algo sobre una película que, al parecer, es eso que se ha dado en llamar “un icono”, que es como decir un tótem, una figura que representa a la divinidad, un objeto de culto.

Cuenta una historia de manera fragmentada, equívoca, a-cronológica, con escenarios internacionales anti-turísticos. En realidad no cuenta una historia, descompone una historia, nos la tira a la cara hecha pedazos para que nosotros, los espectadores, la recompongamos. Yo, la verdad, no voy al cine para eso, ni al teatro, ni a un espectáculo de danza, ni me gusta leer textos escritos de manera tan oscura que me hacen sospechar que el autor no tiene nada que decir o que añadir a lo dicho.

“L’Intrus” empieza en la frontera franco suiza, se plantea en los bosques de la zona, de pronto salta a Corea y de allí a Tahití. El protagonista es un señor mayor que ha comprado un corazón nuevo en el mercado negro, y se dispone a un trasplante. Poco a poco vamos deduciendo que es un mafioso ruso con un pasado en las islas francesas del Pacífico, y que tiene enemigos, algo nada extraño, porque al inicio de la película el tipo acuchilla a muerte a alguien que parecía seguirle los pasos por las montañas suizas.  Este hombre se pasa la película o haciendo ejercicio (cosa sorprendente, si su corazón está hecho añicos) o tumbado aquí y allá con cara de sufrimiento íntimo.

Hay otros personajes secundarios vulgares y misteriosos a la vez. Una paradoja más, supongo. Pero encajarlos en la historia es algo a primera vista aleatorio. Me figuro que la directora deja a nuestro arbitrio hermenéutico encajar las piezas de la narración. Pero, al escribir el guión, ella tendría algo en la cabeza, una estructura, una orientación, porque no me la imagino grabando en Suiza y, de pronto, pensar que era muy gracioso seguir en Seúl, y luego en Papeete. ¿De dónde habrá sacado esta señora la millonada que habrá costado rodar “L’Intrus”? Confieso que es pura envidia de intelectual orgánico, que se gana la vida a costa del erario público. Seguramente hoy la señora Denis no haría la misma película, dados los ajustes presupuestarios de los financiadores culturales. No deja de ser un alivio.

He indagado superficialmente en Internet sobre Claire Denis y “L’Intrus”. Aquí dejo algunos enlaces: Videodrome, La Calle Morgue, Las Estrellas, El Ojo Soberano. En ellos se glosa esta película y la obra de Denis con mayor conocimiento que el mío. Añado dos portales en inglés y en francés: Senses of Cinema, Les Inrocks.

Tras asistir a la conferencia de Jean-Luc Nancy y a la proyección de “L’Intrus” de Claire Denis,  y tras rastrear en la red, compruebo que el maître penseur Nancy va por buen camino cuando afirma eso de que “el mundo no debe ser considerado como un sistema lógico y estructurado, sino complejo y fragmentado, atravesado por flujos que perturban las referencias estables y las correspondencias.”

Con la que está cayendo…

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Un comentario sobre “El enigma del Intruso

    Bernardo Lerma Sirvent escribió:
    17/11/2011 en 16:34

    Hola: jo també vaig estar en l’acte (algú es va referir a ell com a un “event”) i tinc les mateixes sensacions que tu. A més a més em va estranyar el seu desconeixement de l’obra d’Erice, més encara si tenim en compte que és qui prologa l’edició espanyola del seu treball sobre Kiarostami. No vaig poder quedar-me al debat (perdia el metro), però el preludi (la seua “conference”) així com les intervencions posteriors -particularment la deleuziana- em varen resultar decebedores. De totes formes no done el temps per perdut, ben al contrari, m’ha picat la curiositat per llegir-lo i per tornar a veure aquest film intrús que s’ha colat sense avisar en una vesprada otonyal de la que tan sols esperava un acte acadèmic i formal. Enhorabona pel teu comentari. Berni.

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