Un fin de semana fantástico en Mislata

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El fin de semana del 12 y 13 de noviembre han tenido lugar en Mislata (Valencia) Hispacon e Imagicon, dos encuentros fundidos en uno para los amantes de la ciencia ficción, la fantasía y el género de espada y brujería.

Para algunos de quienes hemos asistido, ha sido un aliviadero a la tensión y a la crisis que nos zarandea, como un niño afectado de un berrinche sacude un juguete. Mientras Berlusconi se busca la vida en otros escenarios, los banqueros y financieros urden nuevos enjuagues, los políticos en general intentan ocultar en mítines y ruedas de prensa su histeria y su pánico, y las bolsas se preparan para más montañas rusas, un grupo de personas dedicaba el fin de semana a compartir fantasías que desvelan el crudo estado de ánimo de nuestra sociedad real: sexo, dinero, violencia, ucronía y apocalipsis.

La ventaja de los “hispacones” e “imagicones” es que se entregan a baños de sangre y a viajes intergalácticos sembrados de cadáveres con la desenvoltura que los españolitos del siglo XVI se reunían para escuchar lecturas de libros de caballerías, para entretener su ocio. Por cierto, un siglo marcado a hierro y fuego por una crisis que costó al imperio español su preeminencia. Es una semejanza muy oportuna.

Desde hace pocos años leo ciencia ficción con harto agrado. Buscaba una oportunidad de encontrarme con lectores como yo. Y he comprobado que son algo más que lectores. Este sería su retrato robot: hombres, de mediana edad, educados, con formación científica y humanística, y con un conocimiento de la historia de la ciencia ficción muy sólido. Me complació ver que contaba con un excelente plantel de maestros de los que aprender en esta afición mía.

Contrasta con este retrato robot el público de la fantasía y el género de espada y brujería. Son jóvenes o muy jóvenes, más chicas que chicos, con una desenvoltura y apariencia “frikis” ,y una pasión que me hacía pensar en las aficiones futbolísticas, volcadas en sus equipos y en las competiciones deportivas, pero no tanto como para perder la auténtica personalidad en su afición, salvo raras excepciones. Se puede ser acérrimo del Sporting o del Sevilla, manteniendo la personalidad, la prudencia y el sentido común en la vida diaria.

Estos chicos y chicas de la fantasía, la espada y la brujería no suelen interesarse por la ciencia ficción, aunque a la inversa no sea así, los adultos “fans” de la ciencia ficción sí hacen incursiones en esos géneros que, si se me permite el atrevimiento de la ignorancia, calificaré de menores en relación a la SF auténtica, que es la que desarrolla problemas morales, políticos y científicos.

El encuentro tuvo una complejidad extraordinaria. Decenas de conferencias, presentaciones de libros, mesas redondas, talleres de cosas (para mí) peregrinas, como el maquillaje, la sastrería élfica (es un decir) y los juegos de mesa de mundos tolkenianos. Y también una pequeña feria del libro.

La industria del libro de fantasía, espada y brujería es considerable. Dominan, como es lógico, las grandes editoriales, que, sin embargo no monopolizan el mercado. Hay cantidad de pequeñas editoriales, que al parecer no persiguen el lucro (tampoco pueden, la verdad), sino que buscan satisfacer una pasión, igual que hay peñas de fútbol, grupos musicales, compañías de teatro aficionado o ateneos culturales. Es decir, que la llamada sociedad civil, “la gente”, se organiza de acuerdo con sus gustos, aficiones y entusiasmos al margen del maldito mercado, incluso aunque el mercado intente por todos los medios aprovechar este margen de libertad de los individuos.

Es revelador en este sentido que la mayoría de los que hicieron acto de presencia en Hispacon e Imagicon se conocían. No todos, sino grupos de personas, algunas de las cuales hacían de vínculo entre conjuntos. Yo debí ser de los pocos bueyes sueltos o free keys de verdad.

Asistí a todos los eventos que pude. La ciencia ficción, como digo, fue una especie de Cenicienta, pero el interés de las conferencias fue máximo. La ciencia ficción se ha practicado en España más de lo que los profanos creemos. El ejemplo más evidente es el de La Saga de los Aznar, una serie de novelitas que en los años 50 se llamaban “del espacio”, escritas por un valenciano. Tuve ocasión de conocer a autores veteranos como Carlos Saiz Cidoncha, y a eruditos de la historia de la ciencia ficción como Augusto Uribe o Ramón San Miguel . El colofón de las jornadas, en lo que a SC se refiere lo hizo Sergio Mars, otro hombre enciclopédico, bastante más joven, que además escribe historias. Dio una conferencia rica de contenido y con entretenida retórica sobre la “Etica de frontera: dilemas morales en la frontera de la ciencia (ficción)”.

Gracias a todos ellos he cargado mis pilas psico-voltaicas de energía positiva, que falta me hace.

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Un comentario sobre “Un fin de semana fantástico en Mislata

    Carmen Cabello escribió:
    16/11/2011 en 09:39

    Como buey suelto, ¿te sentiste acogido? 🙂

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