La Hora Final (On the Beach)

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Si quedaba alguna duda sobre la crisis histórica que la Humanidad (los distintos pueblos y naciones que la componen) sufre, el verano se ha encargado de disiparlas.

Me he extendido en muchas ocasiones en el asunto. Tanto, que he podido dar la impresión de ser un tipo obsesionado con las jeremiadas. No me veo así, aunque es una posibilidad.

Hace setenta años, esta crisis generalizada de crecimento y sostenimiento económico y social en varios puntos del planeta, sucesiva o simultáneamente, hace setenta años, una situación como esta, digo, habría desencadenado un conflicto bélico generalizado.

Si ahora no hemos acabado así se debe a la amenaza nuclear, y a que el planeta está lleno de pequeñas guerras tan “eficaces” todas juntas como una universal. Bueno, esto es una exageración, pero vale para entender lo que intento explicar.

A propósito de la guerra nuclear, desde hace poco me vengo haciendo una pregunta inquietante. En mi juventud la amenaza de guerra nuclear llevó a muchos europeos (yo, por ejemplo) a emigrar a Australia, porque confiábamos que el petardazo que parecía inevitable tardaría más en llegar allí (hay una estupenda novela de Nevil Shute, On the Beach, llevada al cine por Stanley Kramer, sobre La Hora Final del mundo en Melbourne).

La pregunta es esta:¿Por qué los fanáticos que se atreven a destruir dos rascacielos gigantescos, matando a miles de personas, no hacen estallar una bonba nuclear en una ciudad? El cine está lleno de malas películas sogre el tema. ¿Puede la respuesta ser “porque no poseen ese arma”? Parece la más plausible. Pero quizá haya otras, cuyo conocimiento nos produciría pánico.

Viene a cuento este introducción para recomendar un artículo de Chan Akya  (no sé quién es, tiene nombre hindú, creo) en la excelente revista digital Asia Times. Se titula London riots reduce lies of left to ashes (Los motines de Londres convierten las mentiras de la izquierda en cenizas). Merece la pena leerlo. Como indica su título es una crítica a las políticas del estado de bienestar llevadas a cabo por la izquierda, y mantenidas por la derecha en Europa desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Una crítica documentada y bien hecha, de la que se puede discrepar, pero no menospreciar. Traduzco el primer párrafo, y no sigo porque no quiero alimentar la pereza; el que quiera peces que se moje el culo, que es el leit motiv incuestionable del artículo.

Un chino perezoso y poco educado, probablemente no se llegue a casar, dada la ratio hombres/mujeres del país; pero incluso si lo hiciera, su vida sería un infierno producido por las maldiciones de su suegra.  Un hindú perezoso probablemente descienda en la escala social hasta el punto en el que todos los sistemas de auxilio social le fallen, conduciéndole a una muerte temprana natural o violenta. No hay africanos perezosos, porque los que se crian así no llegan a la edad adulta. Un europeo perzoso, por otro lado, permanece sentado en su casa mirando la televisión recibiendo ayuda social de su gobierno

Y concluye con esta maldición: Así pues, para los europeos la decisión es clara, o reducen el estado de bienestar ahora, o mañana lo harán los chinos y los hindúes por ellos.

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Un comentario sobre “La Hora Final (On the Beach)

    Joan M escribió:
    22/09/2011 en 18:31

    articulo de obligada lectura. desenpolva las neuronas y a re los ojos frente a demasiados topicazos. gracias

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