Momentos Humillantes del periodista

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La profesión de periodista tiene momentos humillantes. Y cuando digo “momentos humillantes” no me refiero a las vergüenzas (insignificantes, feroces, rutinarias) del trabajo diario de un redactor o de un directivo en relación con sus superiores. Me refiero a momentos humillantes.

Yo tengo dos que ejemplifican la campaña “Sin preguntas no hay cobertura”.

El primero fue con Eugenio Burriel, entonces delegado del gobierno en la Comunidad Valenciana. Yo había acudido como redactor de una radio pública a un acto convocado por él. En un momento determinado, había que tomarle declaraciones, todos los periodistas delante de él, micrófonos en ristre, como mendigos de la información. Y el tío suelta: “Preguntadme lo que queráis que yo os contestaré lo que me dé la gana”. Y juro que no lo dijo en broma, llevaba puesto el casco antidisturbios.

El segundo fue con Angel María Villar, presidente de la Real Federación Española de Fúmbol (sí, Fúmbol). Fue años despés de lo de Burriel, y me había enviado C-9 a hacerle alguna pregunta en relación con el mundial de Corea. Me dijo exactamente lo mismo que Burriel: “Pregúntame lo que quieras que yo te contestaré lo que me dé la gana.” Este creo que sí lo dijo como broma, estúpida broma.

El supuesto servicio al ciudadano de los políticos es a estas alturas de la democracia una trola que no cuela ni con vaselina. La campaña de la FAPE es una de las últimas evidencias. No creo que vaya a tener ningún efecto, salvo el de dejar con el culo al aire a los caraduras de turno. Pero esto no parece importarles mucho. La guerra mediática que mantienen los políticos en tantos frentes como medios es hoy una guerra de guerrillas sin ejército invasor. ¿Quién es el ejército invasor? No sabría contestarlo.

A los periodistas nos mosquea y nos ultraja la soberbia o la estupidez de los políticos o de los mandamases a quien nos acercamos con una pregunta. Entre la soberbia y la estupidez hay infinitas posiciones, tantas como puntos tiene una recta. Pero la virtud no está en el medio. Aquí no hay virtud que valga.

Léanse o escúchense las entrevistas que periodistas de renombre hacen a servidores públicos de renombre. Entre las preguntas más comprometidas y las respuestas sin compromiso hay eso, un abismo, una nada, un caos, un ápeiron, que diría Anaximandro.

La política está envenenando los medios en todos los sentidos, en el tóxico, en el ideológico, en el popular. Pero, ¿de qué pueden hablar los medios fuera de la política? Es una disyuntiva de narices. No es: política o basura. Es: hacer información o no hacerla. De lo que sea.

Está en nuestras manos. De momento, Sin preguntas, no hay cobertura.

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