Pasmoso

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Retrato interior de la psicología de algunos políticos

Uno de los enigmas humanos que más me fascinan es la psicología de los políticos, la psicología del poder, creo que le llaman.

En días como estos, días de turbulencias ideológicas, de inseguridad colectiva, de equilibrio social con riesgo de romperse, los individuos que ejercen el poder ponen a prueba su capacidad de gobierno, su sabiduría moral, su fundamento ético y, claro está, su fortaleza psicológica.

Así, a ojo de buen cubero, muy pocos dan la talla.

Uno siempre tiende a juzgar a los demás por la medida de uno mismo. Sobre todo cuando uno no es psicólogo titulado. La ventaja de ello es que es más libre de hacer especulaciones que los profesionales, los especialistas y los eruditos en la materia.

Cuando me coloco en la piel de los aspirantes a políticos o de los políticos ejercientes que aspiran a renovar su ejercicio, me entran sudores fríos.

Pongamos el caso más próximo geográficamente a mi ubicación. Me pregunto qué habrá dentro de la cabeza y del corazón de don Francisco Camps, en su empeño por renovar su cargo de President de la Generalitat Valenciana.

Excluyo de esta reflexión la moralidad o inmoralidad, la ilegalidad o legalidad de sus implicaciones en el llamado “caso Gürtel”, porque tanto si es inocente como si es culpable, las consecuencias de su voluntad de seguir en política son las mismas.

¿Y cuales son estas consecuencias?

Un fuego granizado todavía más intenso que el que lleva padeciendo dos años. El menosprecio de los dirigentes nacionales de su partido. El riesgo de tener que sentarse en el banquillo. El riesgo de ser condenado. La avalancha de golpes que se le viene encima en ese posible caso… Y todo ese calvario, durante cuatro años más.

Como parece casi seguro que volverá a ganar, me deja atónito la voluntad de este hombre de subir peldaño a peldaño al catafalco de su sacrificio, su graciosa manera de ponerse la soga al cuello, su mirada sonriente al pueblo que observa pasmado su suicidio.

Los actos humanos están motivados por las expectativas de recompensa. Es el cimiento de la psicología, conocido desde el principio de los tiempos. ¿Qué puede esperar un político como el señor Camps si no son abucheos, insultos, trampas, puñaladas? ¿Compensa tanto la adulación  – bueno, llamémosle apoyo- del entorno que él mismo ha elegido? ¿Qué oscuras razones motivaciones alimentan la ambición de los políticos?

Pasmoso. Realmente pasmoso.

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