ARQUITECTURA MALDITA

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He aquí que la arquitectura empieza a revelar sus grietas. Es decir, los proyectos monumentales, el gigantismo urbanístico, evidencian unos defectos que se anunciaban desde su concepción.

Véanse dos artículos en ABC del día de hoy. Uno, sobre la ampliación del Museo Reina Sofía de Madrid: La ampliación de Nouvel, un pozo sin fondo.

Otro, en el suplemento cultural, sobre el paraíso artificial construido en Dubai, en concreto un mostruoso museo Guggenheim levantado sobre las islas artificiales que un ejército de obreros casi esclavos han creado en esa parte del Golfo Pérsico. (Sin enlace activo de momento.)

Resume en el primero Natividad Pulido los males de una colosal ampliación del Museo Reina Sofía proyectada por el arquitecto francés Jean Nouvel en 2001. El presupuesto de 68,4 millones de euros pasó a 92 millones en 2005 (cuando se inauguró oficialmente el edificio), a los que habrá que añadir 700.000 euros más para reparaciones que revelan la incompetencia de alguien, el equipo de arquitectos, las constructoras, ambos a la vez y los directivos culturales que supervisaron las obras. Ha habido filtraciones de agua (la majestuosa cubierta no es impermeable), las baldas de la biblioteca tienen más elecricidad estática de la aceptable, los ecologistan han acusado al museo de emplear madera noble procedente de talas ilegales…

Hace una semanas pasé por la ronda de Atocha y me entretuve observando el edificio. Es colosal, efectivamente, pero muy poco acogedor. En una palabra, feo. Y encima, una chapuza. Un recorrido a vista de pájaro digital de los grandes museos europeos de hace uno o dos siglos muestran la grandilocuencia de quienes decidieron su construcció. Pero duran, y no son tan feos como los churros de hoy.

Segundo asunto: la isla artificial de Dubai. Dice Fredy Massad que un centenar de artistas ha llamado “a boicotearel futuro Guggenheim Abu Dhabi como repulsa por esas abusivas condiciones bajo las que están trabajando en su construcción hombres procedentes de India, Pakistán, Bangladesh y otros países del sur asiático”. Son estas: “Jornadas de trabajo de 12 horas durante 6 días a la semana, percibiendo menos del tercio del salario acordado en el contrato. Durante dos años, casi todo ese dinero lo destina el emplead0  a devolver los 2.500 euros que supuestamente le cuesta el billete de avión entre su lugar de origen y Dubai (a una tasa de interés anual por el préstamo de 36 por iento).”

Christian von Borries ha realizado una película denuncia sobre el tema. The Dubai in me. Rendering the World. Independientemente del filtro ideológico del trabajo, merece la pena conocer las atrocidades que se hacen en nombre de la cultura.

Está visto y probado que el arte y la cultura han llegado a sus más altas cimas de indignidad.

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