Gracias, profesor

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Efectos de las chapuzas de don Corrupción en el hogar de doña Democracia

Comienzo advirtiendo que para entender esta entrada es preciso leer los cuatro comentarios a la entrada anterior.

Tres de ellos, los firmados por el profesor Carlos Flores Juberías, son un verdadero tortazo a mi reseña de la presentación de la película “Todos los hombres del Rey”. Como muy bien dice el profesor Flores Juberías, sus comentarios me han sorprendido (aunque no anonadado, las cosas como son).

Imagínese el lector común, un internauta de medio pelo como yo, que se dirige a él nada menos que un catedrático de Derecho Constitucional y le pone como hoja de perejil. La primera reacción es: “¿Qué habré dicho?” La segunda, releer lo escrito. La tercera, admirarse una vez más de la suerte de haber sido elegido por un catedrático como objeto de su interés.

Yo creía que mis entradas eran un desahogo. Ahora compruebo que lo que uno dice, dicho queda, grabado a fuego en el espacio virtual.

Yo no tengo nada que añadir, ni que defender de mi posición, que ya está suficientemente argumentada en la primera entrada. Pero reconozco un segundo ataque de perplejidad. ¿Qué es lo que ha molestado al profesor Flores Juberías?

¿Qué un indocumentado le lleve la contraria? ¿Qué ese indocumentado, además obsesionado, según él, con Paco Camps, (para mí, el president de la Generalitat Valenciana, no tengo el gusto de tratarle con familiaridad) se atreva a sacarle los colores por utilizar una “institución contaminada”?

Desde luego, no parece traerle sin cuidado al profesor Flores Juberías, sino muy al contrario a juzgar por la contundencia de su respuesta, que un mindundi como yo se burle suavemente no de su trabajo, ni de su conocimiento, ni de su competencia, ni de su retórica, sino del hecho curioso de que los políticos (supuestamente) corruptos faciliten un ciclo cinematográfico sobre la corrupción.

Me inquieta un tanto, sin embargo, que el señor Flores Juberías confiese esto:

Algunos creemos que si la corrupción se haya instalada entre nosotros, no lo está mucho más que en otros contextos geográficos o en otros momentos de nuestra historia. O aunque no pensemos de este modo, no por ello dejamos de dedicar nuestro tiempo y nuestro esfuerzo a aquellas cosas que nos interesan e interesan a otros. Cuando yo quiero discutir de política local o nacional, lo hago con mis amigos y con mis colegas, o lo hago desde las páginas de la prensa en la que recurrentemente escribo. Y cuando quiero montar un ciclo de cine con una película sobre el caciquismo en el Sur de los Estados Unidos, lo hago (y punto) sin que me remuerda la conciencia (lo más mínimo) que en ella no salgan ni Camps, ni Fabra (ni Luna, ni el Alcalde de Benidorm).

Muchas y variadas son mis obsesiones, soy un vulgar mortal. Desde luego, la corrupción pepera, pseoera y desgraciadamente de casi todas las demás formaciones políticas, me fastidia mucho. ¿A qué ciudadano con sentido común no? Y creo que no es ninguna muestra de desvarío hacer todo lo posible por que la corrupción sea barrida (o al menos se intente) de la vida pública.

Antes de terminar, subrayo que el MUVIM me parece una institución valiosa y gestionada por excelentes profesionales.

Cierro esta entrada con mi profundo agradecimiento al profesor Flores Juberías por haberme dedicado un rato en el tremendo curso de sus ocupaciones, que son innumerables, según su apretado currículum. Y al profesor José J. Sanmartín por su amabilidad y delicadeza.

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6 comentarios sobre “Gracias, profesor

    Carlos Flores Juberías escribió:
    08/04/2011 en 06:37

    Estimado Sr.:
    Mucho me temo que las consideraciones que hace vd. respecto de mi persona en este su segundo post andan tan erradas –o más– que las que sobre mi trabajo y e de ms compañeros hizo días atrás en su primer post sobre “Retratos de una ambición”.
    Yerra vd. cuando supone que me debe haber molestado que “un internauta de medio pelo”, “un indocumentado”, o “un mindundi” –que son los términos con los que vd. se describe a si mismo– me lleve a la contraria. Difícilmente podría molestarme que eso me suceda cuando mi profesión es precisamente la de educar –lo que implica enseñar y aconsejar, pero también polemizar, debatir y discrepar– a jóvenes a los que yo jamás describiría con esos términos tan peyorativos pero que –para que nos entendamos– están todavía lejos de figurar en las páginas de la Espasa. Mas aun: le recuerdo que mientras que yo escribo a cara descubierta, firmando mis posts con mi nombre y mis dos apellidos –datos suficientes en esta era de la información para que en cuestión de segundos vd. pueda averiguar hasta el número de calzado que uso– Vd. lo hace detrás de un seudónimo, de modo que en estos instantes ignoro si estoy polemizando con –como dice vd.– “un internauta de medio pelo” o con un doctor en filosofía por La Sorbona.
    Y yerra vd. cuando supone que no tiene nada que añadir a lo ya dicho en su primer post respecto del ciclo de cine que organicé hace dos semanas en el MuVIM ni que defender su posición, que ya ésta estaba suficientemente argumentada en esa primera entrada de su blog. Nada más lejos de la verdad: en esa ocasión –y de ahí mi irritación– vd. se tomó la libertad de poner en duda mi honestidad como investigador universitario y la de los colegas de las Universidades de Granada, Sevilla, Alicante y Rey Juan Carlos que me acompañaron en este proyecto, así como la profesionalidad del personal del Centro de Estudos del MuVIM al barajar la “hipocresía”, el “cinismo”, o la “ingenuidad” como posibles causas justificativas de nuestra propuesta, sin tampoco privarse de sugerir que si los temas que a vd. se le antojaban impostergables no aparecían en el debate sería sin duda por la cobardía de quienes temíamos perder “el puesto de trabajo, la poltrona, la cátedra”. Y lo hizo sin más sustento que lo oído en la media hora de su tiempo que quiso compartir con nosotros en la que –oh, decepción– descubrió que lo que se anunciaba como la presentación de una película era exactamente eso: la presentación de una película.
    En todo caso, gracias a vd. por su atención. Si su breve paso por el MuVIM le ha generado todo este más de reflexiones, no quiero ni imaginar lo que habría sucedido si –como hicieron tantos otros– vd. nos hubiera acompañado de miércoles a miércoles. Le invito a hacerlo la proxima vez.

    Fernando Bellón respondido:
    08/04/2011 en 09:12

    El comentario anterior del profesor Flores Juberías me ha producido una terrible inquietud. No te conviene polemizar con un hombre que se sulfura por tan poca cosa, me han dicho amigos bienintencionados.
    Querría hacerme amigo suyo, señor Flores Juberías, porque no tengo ninguna razón para enemistarme con usted. ¿Cómo hacerlo? ¿Subrayando las excelencias de su trabajo como profesor y organizador del ciclo? Lo he hecho. Ha sido una iniciativa estupenda, ha estado bien hecha, por lo poco que he visto. ¿Ahorrándome ironías y humor en las implicaciones figuradas sobre lo que podría haberse hecho, pero no se hizo por miles de razones perfectamente justificables?
    Hombre, la ironía suave, la retranca, es el único mecanismo que tenemos los ciudadanos sin poder (¿o no admitirá usted que el suyo es muy superior al mío, un simple bloguero?) para sobrevivir en esta sociedad rígidamente estratificada.
    Si yo fuera catedrático de la Sorbona, me dedicaría a manifestar mis obesiones en “Le Monde” o en el aula. Y a lo mejor, cuando un alumno se permitiera alguna libertad en relación con mi ideario, le fulminaría. Es lo que tiene el poder.
    Fernando Bellón, vecino de Burjassot.

    Carlos Flores Juberías escribió:
    08/04/2011 en 15:56

    Estimado Sr. Bellón:
    ¿De modo que si vd. fuera catedrático de la Sorbona, se dedicaría a manifestar sus obesiones en “Le Monde” o en el aula, y quizás cuando un alumno se permitiera alguna libertad en relación con su ideario, a fulminarlo?
    Lo lamento. Yo llevo más de veinte años enseñando en la –quizás no tan glamourosa– Universidad de Valencia y jamás he procedido de este modo.
    De modo que recupere el resuello… polemizar conmigo es gratis. No arriesga vd. en ello ni la hacienda, ni el honor, ni mucho menos la vida.

    oliverrock respondido:
    09/04/2011 en 08:02

    Amigo mío, ya está bien. Me rindo. Carece usted de una cualidad necesaria para la convivencia, EL SENTIDO DEL HUMOR. Me resulta aburrido y estéril dialogar con usted como si me fuera la vida o el honor. Renuncio a seguir. Por su parte, puede continuar replicando cuantas veces quiera en esta ventana digital. Yo me mantendré en silencio. Antes, me veo obligado a recordarle que se está usted poniendo en evidencia, porque aunque pocas personas, algunas leen este blog. No le he ofendido en lo personal, me he limitado a hacer uso de eso que a usted le falta, EL SENTIDO DEL HUMOR. Tenga cuidado con lo que va diciendo por ahí, porque algún día se encontrará con un carroñero que le despellejará.
    Vale.

    Carlos Flores Juberías escribió:
    09/04/2011 en 09:18

    Pues vale por mi también.
    De modo que –si me permite que acabe citando a Groucho Marx, ya que esta(ba)mos hablando de buen cine (y de buen humor)– “Salve, y que Vd. lo pase bien!”.

    Tomás escribió:
    10/04/2011 en 08:31

    Estimado Fernando Oliverrock,

    Me atrevo a intervenir en este caluroso debate para tirarte de las orejas, con tu permiso. En el post que genera las contundentes y contumaces respuestas del profesor CFJ tu te atreviste a decir: ‘Ni una referencia a España, y menos, a la Comunidad Valenciana.’

    Pero Fernando, ¡por favor!… ¿Cómo se te ocurre?… En el resto de España quizás haya corrupción… Pero ¿en la Comunidad Valenciana?… ¡No hay!… Ni hay corrupción ni hay pruebas.

    ¿Aquellas fotos retiradas del MUVIM?… ¡Nunca existieron! Fue todo una invención del Grupo PRISA y sus secuaces.

    ¿La instrucción judicial que, de momento, imputa al President y a sus hombres y a sus mujeres?… ¡No existe! … Es una invención más de la izquierda casposa y resentida.

    Las sonrojantes conversaciones telefónicas del President y alguno de sus hombres con su amiguito del alma a quien un huevo quería… ¡No existen!… Seguro que fue un burdo trabajo de un imitador pagado por a saber quién de la izquierda.

    La corrupción política en la Comunidad Valenciana no existe, al menos en el entorno del President, de su partido y sus partidarios. Son todo invenciones de la izquierda paupérrima que, como no tiene otra forma de llegar al poder, se dedica a inventar lo inimaginable.

    Por ello es necesario un discurso firme y unificado que sea defendido en cualquier foro, ya sea público, privado, televisivo, bloguero, radiofónico o tertuliano de café o té: la supuesta corrupción del President y sus hombres y sus mujeres … ¡no existe! ¡Son todo mentiras y maledicencias!

    De lo contrario, ¿a santo de qué una personalidad tan prolífica, formada, capaz, destacada, bien relacionada y sobresaliente cum laude como el profesor CFJ perdería un sólo segundo de su valioso tiempo en responderte en esta modesta y librepensante bitácora?

    Y la prueba la tienes en las urnas, Fernando. El pueblo valenciano ha refrendado con sus votos la gestión del Molt Honorable President, quien ha obtenido su respaldo con varias mayorías absolutas.

    Hace un mes aproximadamente el Presidente de la Diputación de Castellón, Carlos Fabra, otro político de la Comunidad Valenciana imputado en diversos procesos judiciales, dijo que el President Camps ‘será absuelto por las urnas’, tal como él se sintió absuelto en las elecciones de 2007.

    ¿Puedes imaginar un cambio en las leyes de este país? ¿Un batido de poderes ejecutivo, legislativo y judicial?… ¿Que el pueblo decida en las urnas si el President ha cometido un delito o no?

    Como le dices al profesor CFJ, respecto a este tema,… the rest is silence.

    Recibe un cordial saludo de tu amigo Tomás, a quien, como sabes, le chifla el sentido del humor… negro.-

    P.S. Por cierto, la próxima vez que nos veamos para charlar, te pediré que me ayudes a reflexionar sobre una ecuación sobre la que no dejo de hacerme preguntas. Te adelanto algunos elementos: elecciones libres, formación de gobierno legítimo, solución final.

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