El embrujo del poder

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Un ciudadano español, preso del potente embrujo de los políticos

Cada día que pasa me preocupa más el enigma Zapatero.

Más precisamente, me preocupa que el presidente del gobierno de España sea un tipo de sus características, un misterio psicopolítico.

He escuchado decenas de interpretaciones sobre sus cualidades o defectos de toda naturaleza. He leído centenares de artículos sobre él, editoriales de periódicos… Y no consigo hacerme una idea coherente de su personalidad.

¿No es para causar alarma tener una representación difusa, confusa o equivocada de la persona que te gobierna?

No sabemos lo que piensa, ignoramos lo que pretende, no tenemos ni idea de si tiene alguna idea.

En la historia moderna europea, por centrar un poco el asunto, ha habido gobernantes de genio que han sucumbido a la mitad de las críticas o acosos que se ceban en Zapatero. No digamos políticos mediocres. Y si nos ceñimos a un marco democrático, no me viene a la cabeza ningún gobernante con las tragaderas de este hombre.

Como es absurdo que una crisis política dependa de un solo individuo, resulta necesario buscar las causas de la resistencia de este hombre enigmático no en su carácter, sino en algo externo a él.

La pregunta no es si Zapatero sabe realmente lo que hace o es un prestidigitador, sino, cómo es posible que todo un sistema político soporte que esté a su cabeza un ser misterioso, casi fantasmal, de ultratumba. Una oposición incapaz de explotar los defectos de su rival en el poder  y de sacarlo de su torre de marfil es sospechosa del mismo mal. Porque, ¿en qué podemos basarnos para confiar en que cuando Rajoy se halle en la Moncloa (si llega a hallarse) no se conduzca como Zapatero? No ha dado muestras de tener mejores ideas, no nos ha revelado ninguna solución a los males del país. Al contrario, a juzgar por su reacción a determinadas situaciones, internas y externas a su partido, podemos deducir que es un alumno aventajado de la escuela de la indeterminación.

La otra pregunta, cómo es posible que los ciudadanos aguantemos el gobierno de una alucinación, tiene una respuesta más sencilla. Porque no tenemos ningún repuesto a mano. Llegarán las elecciones y nos pronunciaremos. Es lo único que podemos hacer. La otra solución, la de echarnos pacíficamente a la plaza de Tahir, no es propia de democracias avanzadas.

A no ser que la democracia avanzada sea también una fantasmagoría.

¡Qué miedo!

 

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Un comentario sobre “El embrujo del poder

    txemacan escribió:
    07/03/2011 en 08:36

    ¿Por favor,….puedo en este espacio gritar?

    Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh
    hhhhhhhhhhhhhhhhhh !!!!!!!!

    Gracias,

    mucho mejor.

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