POLVAREDA BERLUSCONI

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A juzgar por las informaciones de los medios y los comentarios de la mayoría de los comunicadores con voz mediática, el primer ministro italiano Silvio Berlusconi debe ser el peor de los hombres.

Su figura está levantando tales nubes de polvo, que corremos el riesgo de perder de vista el escenario en el que semejante individuo ha adquirido protagonismo.

Puede que Silvio Berlusconi sea uno de los peores políticos en el sentido moral en los países con democracia inorgánica. Es decir, valorando no  su capacidad como dirigente, sino sus virtudes y sus vicios. Berlusconi parece un corruptor de todo lo que toca, sean intereses, sean bípedos hembras sin plumas, un tipo altanero, vengativo, codicioso, libertino, etc.

¿Debemos juzgar a los políticos por sus virtudes o vicios morales o por su competencia profesional en el desempeño del cargo que ocupan?

Aunque la comparación no sea equivalente (pero sí oportuna), al ladrón se le encausa porque se le ha capturado cometiendo un delito. Es decir, por su incompetencia profesional. Pero, ¿cuántos ladrones se libran de condena y de presidio por haber robado sin que nadie lo advirtiese o sin que nadie se atreviese a denunciarlos?

Lejos de mi intención afirmar que la verdadera profesión de los políticos sea el saqueo de las arcas públicas, aunque la observación de la realidad parezca inclinarnos a esta falsa conclusión.

Lo que quiero decir es que a Silvio Berlusconi le han llevado al gobierno los votos de los italianos que le consideraban capaz de dirigir su país. Cuando le votaron le conocían bien. Y solamente ellos le quitarán de donde le pusieron, si les da la real gana.

Caben todo tipo de cábalas moralistas sobre la sensatez de los italianos. Pero las mismas pueden hacerse en todos los países donde funciona el voto. La historia es rica en situaciones que han llevado al triunfo electoral a personajes singulares, ridículos, desquiciados, siniestros. Este razonamiento moralista es, como mucho, gracioso u ocurrente, pero nada más.

Entonces, ¿a qué viene el escandalazo por el comportamiento “privado” de Berlusconi?

Sinceramente, no lo sé. Sólo vislumbro que es una pataleta de progres frustrados.

¿Sostengo acaso que el señor Berlusconi no debe ser juzgado por los delitos “privados” que se le imputan?

No, señor. Júzguese al señor Berlusconi por su desenfreno y por todo lo que haya hecho mal. Pero también miremos más cerca de nosotros y reclamemos con igual indignación el encausamiento de un montón de políticos que se están yendo de rositas, y no por cosas de la bragueta, sino por las del bolsillo.

La democracia no es un régimen más moral que la tiranía. Los tiranos pueden hacer lo que les convenga, aunque no convenga nada más que a ellos, impunemente. Se supone que en las democracias no debe ser así. Lo cual no quiere decir que sea imposible.

Cuando más ensucian los políticos el nombre de la Democracia, menos brilla. Y puede que llegue a un extremo en el que ni siquiera se distinga de ella ni el título. Entonces nos encontraremos en la paradójica situación de una tiranía disfrazada de democracia. La consecuencia de este estado de podredumbre es casi siempre que al final se desnuda al hipócrita a garrotazos. ¡Dios nos libre a los españoles de llegar a esos extremos!

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