Control, descontrol y piratería

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El profesor Olmedilla me ha enviado una reflexión sobre la inocentada de los controladores aéreos. Reputado erudito, solicitado en los seminarios diocesanos de la orden de los Becarios, de España y del extranjero, quizá le pilló el lío en un aeropuerto.

Tras las palabras del profesor, van las mías.

El gobierno sometiendo a los controladores aéreos, según Albrecht Dürrer

Ésta es la crónica de una semana azotada por la huelga salvaje de los controladores aéreos, protegidos por un sindicato de propietarios de un yate, que van por tierra en un Ferrari, despidiendo a chorros Chanel nº 5. Cuando los tópicos suenan a realidad, son como cañonazos contra un regimiento de moscas.

Ocho meses y más de 40.000 euros es lo que cuesta ser controlador. Mi padre era un gran controlador. En casa todo lo tenía controlado: la ropa, la economía doméstica, las notas de sus hijos, los muebles, los electrodomésticos… Mirando la tele, mi padre alucinaba con el descontrol de esos chavales desmelenados.

El sindicato USCA ha defendido y sigue defendiendo privilegios, no derechos. Con el inicio del puente la marabunta ciudadana clamó contra ellos. Cientos de miles de hormiguitas obedientes sólo querían viajar, y se quedaron en tierra haciendo cola. Con timidez, sólo pedían justicia, pero pocos estaban dispuestos a echar a correr detrás de uncontrolador de raza, cual liebre en carrera de galgos. Las huelgas salvajes no consiguen sacar al salvaje que llevamos dentro, sino al corderito manso. Aunque siempre hay algún benemérito a quien le sale el Tejero del alma, y apunta a los riñones de los desmandados controladores con el cañón del subfusil y les grita, sesienten, coño.

Al día siguiente del embrollo y el estruendo causado por los colegas de César Cabo, pudieron hablar… Más que nada se les pudo oír. Antes de que pudieran acabar de exponer su opinión, ya tenían otra vez al país encima. Todo esto ha servido para que los chulitos culpables estén envueltos en la pringosa telaraña de la justicia, no sabemos todavía si civil o militar, para que Rubalcaba se postule como el bombero torero más valiente de la democracia española, y para que la oposición vuelva a sacar tajada de un jamón rancio.

En fin, los controladores de sueldo corto como mi progenitor están orgullosos sabiendo que hay controladores mucho más irresponsables que ellos, a pesar de su sueldo interminable.

El patriotismo no tiene nada que ver con llevar yate y un polo con la banderita de España, que es la pinta que usan Borjamari & Company en Marbella.

¿Con qué tiene que ver el patriotismo?

¡Ay, amigo! Eso cuesta dinero, mucho dinero.

Nacho Olmedilla, Magister. Profesor de Derechos y Deberes del Becario en varios centros académicos.

Apostilla a Olmedilla

El Estado de Alarma y sus detonantes, los controladores, me saben ya a rancio. Hasta hace una semana, las tertulias audiovisuales eran variadas. Desde entonces, son monotemáticas y obsesivas. No tiene nada de raro, porque nadie con dos dedos de frente se puede tomar a chacota que vivamos en un estado politico excepcional,mucho más excepcional que el estado habitual de los extraviados políticos en sus poltronas.

¿En qué acabará todo esto? A saber, los C.A., el E.dA. y cada uno de los que no somos ni gobierno ni oposición ni controlamos casi nada.

El tema que acompaña como un fantasma al de los C.A. es el de Wikileaks. Todos defienden a Julian Assange. Hablan incluso de “terrorismo de Estado”. Supina ignorancia o lenguaraz atrevimiento,porque el Estado jamás puede ejercer lo que entendemos popularmente por “terrorismo”, puesto que el recurso final y el inmediato del Estado es la fuerza. Sin fuerza no hay Estado. A la fuerza desmedida del Estado se le puede llamar pánco político o locura transitoria de los gobernantes, pero nunca “terrorismo”.

Merece a pena leer el artículo de hoy en ABC de Martín Ferrán. http://www.abc.es/20101212/opinion-colaboraciones/assange-otros-piratas-20101212.html

Con un par de narices acusa a Assange de piratería, y le compara con Sir Francis Drake, un delincuente que pasó a la historia como un héroe, porque saqueó puertos y navíos del imperio realmente existente en su época, el español, amparándose bajo las faldas de la reina virgen Isabel I de Inglaterra.

¿Tras qué metafórica falda se ampara hoy Assange?

En el furor antiamericano y antisistema de millones de señoritos y señoritas, que intentan autoconvencerse de que estas picaduras en la piel de rinoceronte del imperio son una sarna letal que acabará hacerle revolcarse en el barro de la Historia. La Historia es una prostituta, pero de lujo.

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