Museos e Imposturas

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Jardines del palacio Belvedere desde l'Orangerie

Viena recuerda más a París que a una gran capital alemana. La diferencia a su favor son los jardines. La antigua capital del imperio austrohúngaro está llena de parques, muchos de ellos contiguos a los antiguos palacios de la nobleza austríaca.

Pero la evocación que me causó la ciudad después de un día de paseos larguísimos fue Roma. Hablo de evocación, no es que Viena me resultara parecida a la capital del antiguo Imperio Romano. El aire está impregnado de calidades imperiales. Esto es algo más que retórica. La capital de un imperio va acumulando tesoros (por lo general, rapiñas), creaciones artísticas (pintura y escultura de mecenas y coleccionistas aristócratas), va ornándose con iglesias de sucesivos estilos, con estupendos palacios, grandes avenidas para los desfiles militares, teatros y óperas, estatuas de individuos famosos (emperadores, creadores, mitos)… Y finalmente va decayendo con elegancia y, en el caso de Viena, con un ansia restauradora muy apreciable. El acervo de una capital imperial es  tan rico y variado como las naciones o pueblos o etnias que pertenecen a sus dominios. La aportación del último siglo a la riqueza imperial moderna (incluidas la yanqui y la soviética) han sido los museos. Tiene gracia que en Austria hayan florecido ya en época republicana, cuando fueron abiertos décadas antes por príncipes benefactores.

En Viena hay más de cien museos.  La mayoría dignos de una visita o de dos. Pero hay excepciones. Al menos, según mi experiencia.

A través del cristal del Kunsthistorischesmuseum

El primer día pasamos unas intensas horas en los dos Belvedere, el Alto y el Bajo y el jardín intermedio, que albergan obra de Gustav Klimt, de Egon Schiele y de otros modernistas o secesionistas. Pero también de otros artistas. Allí se encuentra el famoso retrato de Napoleón coronando a caballo el paso del Gran San Bernardo, obra de Jacques Louis David, paisajes románticos de David Caspar Friedrich, los bustos con fisionomías emotivas del escultor  Franz Xavier Messerschmidt…También pudimos ver Bellas Durmientes o Belleza Durmiente (Schlafende Schönheit), una soberbia exposición temporal de prerrafaelistas británicos, con fondos del Museo de Arte de Ponce de Puerto Rico, que alberga tesoros raros en tierras americanas.

Al día siguiente, decidimos empezar en el barrio de los museos, Museumsquartier. Pero antes de zambullirnos en el arte contemponáneo, se me ocurrió proponer una visita al Museo de la Secessión, anunciado como uno de los importantes. Error. Sin duda no entendimos la información del folleto, o estaba mas expresada. Por el precio de 8,5 euros pudimos entrar en el magnífico edificio del arquitecto Joseph Maria Olbrich, que no era catalán sino de Silesia.

Laberinto de cables y vías en el centro de Viena

En el sótano se nos dio acceso al llamado Friso de Beethoven, del popular Gustav Klimt. Bien. Muy bonito. Inacabado, no puedo decir por qué y no tengo gana de buscarlo en la Red. Luego, ascenso al primer piso. Un salón vacío, sólo el parquet, y un aparato de televisión en la puerta donde se muestra cómo se levantó el viejo suelo y se repuso otro nuevo. Se trataba de una creación artística, no de un reportaje, lo cual no lo hacía algo digno de interés, sino un rollo aburrido que nadie observaba más de cinco segundos. Vuelta al piso bajo. Pregunta en el mostrador al portero-taquillero: ¿dónde están los pintores de la Secession? Respuesta: No, aquí no están, esto es una asociación privada de artistas plásticos. La Secession está distribuida en varios museos de Viena.

Tras la decepción, un posible consuelo. Visita a una gran sala donde había una instalación de una artista zaragozana, Lara Almácegui. Otro desengaño. He aquí una de las fotos que nos permitieron tomar (retratar el fresco de Klimt estaba prohibido).

Instalación de Lara Almácegui, artista invitada. En fin...
Obras fuera del Museo de la Secesión

¿Qué diferencia hay entre la imagen de arriba y la de abajo, tomada la segunda en el exterior del museo, donde unos obreros reformaban el pavimento? Supongo que el comisario de esta exposición y la propia artista podrían pasarse horas dando explicaciones. No me interesan.

Toñi asomada al abismo barroco del arte

Así que al llegar al Barrio de los Museos y encontrarnos ante la disyuntiva de visitar las salas de arte moderno y contemporaneo o el arte anterior al siglo XX,  no vacilamos en elegir el Kunsthistorischesmuseum. Fue un acierto.

En Viena, como en Roma, hay imposturas artísticas.

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