LA SOCIEDAD MEDIÁTICA, SUS SERVIDUMBRES Y SUS CIMIENTOS

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Sociedad Mediática, omnipresente hoy en nuestro planeta, es aquella en la que los seres humanos se reconocen, se definen, se miden y se juzgan por la imagen que de ellos dan los mass media audiovisuales e impresos. En este nuevo ámbito social, desconocido hasta el siglo XX, la máxima aspiración de los seres humanos es ocupar un espacio en el cosmos mediático. Y en gran medida se les valora por su capacidad, habilidad o posibilidad de acceso a los medios de comunicación.

La sociedad del Antiguo Régimen se definía y se reconocía en la autoridad inapelable de la Iglesia y de la Aristocracia. La mayor aspiración de aquellos a los que se permitía tener ambiciones era instalarse en la cúspide de la jerarquía política o religiosa, o cerca de ella. Un objetivo difícil y también muy arriesgado, porque los dominadores no se andaban con ninguna contemplación y consideraban a los competidores un peligro a eliminar.

La sociedad Democrática Burguesa se definía por el voto (el partido, la ideología política) y la representación parlamentaria, ambas cosas limitadas a las clases de mayor potencia económica. La ampliación del espacio reservado a los dominadores fue restando violencia a la práctica del gobierno, pero a la vez, la posibilidad de alcanzar el poder por medio de las urnas, activó un terrible mecanismo para manipular a las cada vez más amplias masas de votantes. Los conflictos políticos adquirieron una dimensión llamada de clase que elevó exponencialmente la violencia social.

El despotismo, la práctica dictatorial, volvió a aparecer en el panorama político, como siempre ha ocurrido cuando la sociedad se ha convertido en un avispero. La primera intentona, la dictadura del proletariado, pareció haber cuajado, e incluso eliminado del escenario a la segunda fórmula, el nazifascismo. Pero al cabo de unas décadas, se reveló una solución inviable.

A medida que la Democracia Burguesa se transformaba en la Democracia del Mercado Pletórico, el voto y la representación parlamentaria se abrían a toda la población, y paralelamente todas las clases sociales (y no sólo las productivas) alcanzaban a tener un poder adquisitivo que las hizo dignas de consideración. Los verdaderos ciudadanos son hoy los que tienen la posibilidad de gastar o de endeudarse, de formar parte del mercado pletórico, da igual que sean niños, jóvenes sin trabajo, jubilados o desempleados.

En la fase presente del desarrollo político y económico de la Sociedad Occidental, los valores que tradicionalmente se consideraban absolutos, el mérito, la nobleza de acción, la doctrina cristiana, se han diluido. En el mejor de los casos se han transformado en valores poco prácticos (algo aparentemente paradójico en una sociedad que se supone más eficaz que las anteriores) como los derechos humanos, el altruismo (convenientemente publicitado), la buena voluntad para el entendimiento universal, la solidaridad benéfica, y el recurso a filosofías ajenas a la tradición occidental para el dominio o el aquietamiento de las emociones.

La sociedad mediática es en estas circunstancias la que mejor define a los seres humanos, divididos en dos categorías, los insectos laboriosos y los parásitos. Aparecer en los medios, casi en cualquier medio, aunque sea local, parroquial o alternativo, es la medida de la existencia de los individuos. Así se distinguen de la masa del hormiguero.

Los periodistas y los profesionales de la mediación se dedican a buscar protagonistas de todos los pelajes, en especial los más escandalosos o espectaculares, a la vez que muchos ciudadanos procuran convertirse en protagonistas de variadas e indescriptibles circunstancias. El objetivo de este frenesí profesional es llenar las horas de programación o las páginas de los medios impresos.

Las cadenas de radio y de televisión se han multiplicado en los últimos tiempos, y en la misma proporción se han incrementado las horas de programación. Por su parte, los diarios y revistas han ido engordando con todo tipo de suplementos, básicamente por razones publicitarias.

Esto ha precisado de cantidades ingentes de material, que no siempre los profesionales de la mediación pueden cosechar por su propia cuenta en los sembrados inmensos de la actualidad. Para suplir esta demanda, poco a poco se han creado mecanismos de abastecimiento.

Los gabinetes de comunicación de las Administraciones en activo, de las corporaciones económicas, las sindicales, las Iglesias, las oenegés, las fundaciones de toda naturaleza, los centros de mercadeo cultural como museos, editoriales, compañías de teatro y distribuidores cinematográficos, y las corporaciones de los propios medios, todos emiten comunicados, noticias prefabricadas o fabricadas al efecto de ser transmitidas. A continuación, las redacciones de los Informativos o de los Magazines o Talk Shows y de los medios impresos transforman esa amalgama en lo que se denomina información, aunque la mayoría de las veces no lo sea porque no informa de nada que no se sepa o que sirva para algo más que para satisfacer la curiosidad morbosa.

Así pues, si los mass media emiten mucha menos información real de la que proclaman (y muchos creen obtener), ¿qué sentido tienen? ¿Cuál es su utilidad social?

Adviértase que la pregunta no es a quién o a qué sirven los mass media. Es evidente que a los intereses de sus dueños, sean corporaciones privadas o partidos en el gobierno. Pero esto no explica la vigencia y el peso específico de los medios en la sociedad presente. De hecho, los medios vinculados directa y manifiestamente a un partido político, a una ideología o a una empresa ajena al mundo de la comunicación, apenas tienen audiencia. Los medios han de disimular sus intereses ocultos o evidentes. De ahí toda la literatura académica y no académica sobre la independencia, la objetividad y otras zarandajas.

La utilidad social de los mass media es la cohesión de los grupos a los que se dirige, casi siempre con una base nacional, regional o local. Prueba de ello es la implantación de las televisiones autonómicas en España y la proliferación de emisoras regionales.

Es un lugar común acusar a las televisiones autonómicas de dispendios innecesarios. Algunos insisten en que lo mejor que se puede hacer ante estos déficits abismales es suprimir las emisoras o entregarlas a la gestión privada. Pero aunque se hiciera esto último, tendrían que mantener el ámbito geográfico que les da hoy carta de naturaleza.

Internet no es ninguna panacea

La Sociedad Mediática existe desde los inicios del siglo XX , y probablemente siga funcionando algún tiempo más, porque el impacto de Internet como aglutinador social, como formador de opinión y como instrumento publicitario en los mercados no tiene visos de sustituir al que ejercen los medios audiovisuales y, en menor medida, los impresos.

La atribución a Internet de una capacidad globalizadora sólo afecta al mercado, pero no a los individuos, que siguen agazapados detrás de los ordenadores, sin verse ni tocarse. No obstante, el deseo interesado de una elite de individuos vinculados a la Red y la ilusión de muchas personas bienintencionadas y necesitadas de nuevas utopías ha difundido la falacia de que la Red puede ser el instrumento que cambiará a la Humanidad.

Las redes sociales que se han establecido en Internet no tienen siquiera la categoría de tertulia de amigos, los contenidos que difunden son superficiales y efímeros, los foros temáticos serios afectan a grupos muy reducidos de personas que intercambian polémicas académicas o sencillamente estériles, y las bitácoras o blogs son tantos que ni siquiera las leyes del azar los hace útiles. Las ingentes cantidades de imágenes fijas y en movimiento colgadas, por ejemplo, en YouTube, sirven más para el entretenimiento que para la formación o ilustración de las personas, y tienen un efecto parecido al de un amigo chistoso que aparece cada día con una gracia nueva.

Un gran servicio de Internet es el correo electrónico, que conecta a las personas individualmente o de individuo en grupo de contactos o amigos. Otro es servir de páginas amarillas o blancas para los ciudadanos que las necesitan. Es decir, Internet es una inmensa central de correos y de teléfonos.

A la vez, es un estupendo útil de trabajo para las redacciones de los medios de comunicación, que usan la Red para completar determinadas informaciones con la documentación ofrecida en infinidad de portales. Y en la misma medida, sirve a los estudiantes de todos los grados y a los ciudadanos curiosos.

En este último sentido, Internet funciona como una biblioteca, hemeroteca, filmoteca y fonoteca gigantescas y universales. Algo de indudable repercusión en la formación de los seres humanos. Pero ninguna biblioteca por excepcional que sea sustituye a un buen programa de educación presencial, sea primario, secundario, universitario o transversal.

La gran utilidad de Internet está en ser un mercado de todo tipo de bienes y productos. Un uso económico, no moral o educativo.

Son muy pocos los que apoyan su personalidad en la existencia de la Red. Algo que no sucede con los mass media, que la mayoría considera espejo de su vida, de la vida en general y hasta de la vida eterna.

Quizá en cosa de una generación el panorama varíe. Pero está por ver. La incógnita es qué sucederá con las personas que hoy tienen menos de 30 años y que apenas tienen vínculos con los medios tradicionales de comunicación.

Yo creo que el desapego de los jóvenes por los medios de comunicación convencionales no es más que un factor temporal, generacional. En cuanto los jóvenes dejan de ser una casta con bula de hacer lo que les da la gana y se transforman en hormiguitas trabajadoras o en parásitos de por vida, entran a formar parte de la sociedad mediática.

De momento Internet está lejos de cumplir el papel cohesivo que en otras épocas de la Humanidad han ejercido instituciones religiosas o políticas gobernadas por seres humanos reconocidos. A Internet no la hacen funcionar sólo máquinas, pero los verdaderos obradores de la red y sus verdaderos dirigentes son muy poco o nada conocidos, siquiera para los usuarios más habituales. El mundo regido por las máquinas sigue siendo una pesadilla, no una probabilidad. Detrás de cada máquina hay un ser humano.

Postdata

Una reflexión del historiador Tony Judt sobre el empobrecimiento del lenguaje.

La inseguridad cultural engendra su fantasmal equivalente lingüístico. Algo válido también para el avance técnico. En un mundo de Facebook, MySpace y Twitter, la concisión subtituye a la exposición. Hubo un tiempo en el que Internet parecía una oportunidad para una comunicación sin restricciones, pero la creciente tendencia comercial del medio -“Soy lo que compro”- lo empobrece. Mis hijos dicen de su propia generación que la taquigrafía comunicativa de sus herramientas se ha empezado a infiltrar en la misma comunicación: “la gente habla como si escribiera SMS.”
Otra postdata: una información de Der Spiegel

http://www.spiegel.de/international/zeitgeist/0,1518,710139,00.html

La generación Internet prefiere el mundo real

Se les ha etiquetado como la “Generación Internet”, pero los jóvenes están más interesados en sus amigos reales que en Facebook. Una investigación muestra que la mayoría de los niños y quinceañeros no son los listillos de la Web de la leyenda. De hecho, muchos ni siquiera saben cómo aprovechar Google.

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2 comentarios sobre “LA SOCIEDAD MEDIÁTICA, SUS SERVIDUMBRES Y SUS CIMIENTOS

    Natxo escribió:
    08/08/2010 en 12:05

    Interesante aportación para alejarnos de todo este embrollo que es la sociedad mediática. Un saludo desde la mesa de al lado!

    […] Puedes leer el artículo: Enlace y otro texto que recomiendo leer a todo el mundo, el mejor que he leído en mucho tiempo. […]

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