RELACION VERÍDICA SOBRE LA GESTACION, PRODUCCIÓN Y REPRESENTACIÓN DE WALTZING TIRISITI (I)

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Milà encarnado en el capitán Miller

(Las fotografías de esta Relación son de Eva Máñez)

Al anunciar en esta bitácora el estreno o parto de Waltzing Tirisiti, decía que el teatro es una actividad sagrada. No me refería a que tenga esencia o rasgos sobrenaturales. Lo sagrado se manifiesta en los ritos, y la práctica del teatro es un ritual. En su origen, el teatro estuvo vinculado a los rituales sagrados. Algo que no sucedió ni con el cine ni con la televisión, los dos ámbitos en los que también se hacen representaciones. Lo más parecido a los ritos que se ve en la televisión son los live-show en directo, y si uno los compara con la retransmisión de una misa o con la actuación de un telepredicador, se observarán mejor las semejanzas, porque en todos los casos se agitan y canalizan emociones de acuerdo a una liturgia preconcebida y bastante rígida.

La materia prima del teatro son las emociones. Y en Waltzing Tirisiti hemos tenido emociones para dar y tomar.

Voy a intentar hacer una relación de cómo se gestó, se escribió, se produjo y se ha representado Waltzing Tirisiti. Lo hago para sacudirme del cuerpo y del alma los filamentos emocionales, y también porque acaso esta relación sirva a algún curioso o investigador del teatro. Aquí va la primera parte.

En las barricadas de París-Alcoy

Hará cosa de año y medio, Antonia Bueno, mi mujer, y yo consideramos la posibilidad de solicitar una ayuda de Teatres de la Gereneralitat Valenciana a la creación. Era más un estímulo psicológico que crematístico. Necesitábamos escribir algo, y la posibilidad de recibir dinero por ello nos daba ánimos y razones.

No recuerdo cómo fijamos el tema. Probablemente fue una broma o una ocurrencia sin finalidad artística. Poco a poco, se transformó en idea argumental, y al cabo de un tiempo teníamos fijado ya un marco de trabajo: una mujer nacida en España, que se traslada a Australia con su familia siendo una niña, y que no ha salido del continente en toda su vida por el pánico a volar. Lo primero se basaba en una experiencia real mía. Yo pasé dos años en Australia con mi primera mujer y mi hija. El miedo a volar nos lo inventamos como un conflicto del que se podía sacar partido.

El segundo ingrediente, el Betlem de Tirisiti alcoyano, se coló de rondón un buen día. La escena final del Tirisiti es la ascensión del protagonista en el globo de Milà (artista circense valenciano que se hizo famoso a finales del siglo XIX por sus equilibrios en globo aerostático). Nos dijimos, ¿y si esta niña le cogió miedo a volar viendo el Tirisiti en Alcoy? Así fue cómo nació Teresa Amorós Álvarez, Tereseta, que a los cuatro años y medio emigra con sus padres a Sydney, el día después de haber visto una representación de Tirisiti, y en coincidencia con el vuelo a los Cielos del almirante Carrero Blanco, el 21 de diciembre de 1973.

Una travesía en el ferry de Manly

Documentarse sobre el Betlem de Tirisiti no es difícil. Hay una página oficial en la Red, con todo tipo de información, además del libreto. Toñi y yo habíamos visto una representación en la Navidad de 2004 ó 2005. Además, yo había realizado la primera grabación para la televisión de este retablo de muñecos en 1994, cuando hice un amplio reportaje sobre el asunto en Canal 9. Y para acabar, durante los primeros seis años de mi vida, yo mismo había asistido a diversas representaciones del Betlem de Tirisiti, en una barraca de madera y lona, en la placeta del Fossar (ignoro si se llamaba así en los años 50, placita del Cementerio). Trasladado a Madrid por la fuerza (mi padre había conseguido un ascenso en el banco Hispano Americano), Alcoy y el Tirisiti quedaron fundidos en mis recuerdos infantiles, una infancia que fue paradisíaca. Así pues, se trataba de trasladar mi experiencia a la protagonista de Waltzing Tirisiti.

Lo más sencillo de la obra fue el título. Jugamos con el del himno no oficial de Australia, Waltzing Matilda. No es oficial porque cuenta la historia de un vagabundo que roba una oveja y que antes de devolverla a la policía y al ganadero que se la reclaman, prefiere morir ahogado en la laguna (billabong) donde está acampado. La música es pegadiza y alegre, y la letra es del poeta popular Banjo Paterson, una especie de Pete Seeger del siglo XIX australiano.

Buscamos una palabra de tres sílabas con acento en la segunda y relacionada con Tirisiti o con Alcoy. Al no encontrar ninguna, nos quedamos con las cuatro sílabas de Tirisiti. Al principio nos sonaba raro, pero en seguida encajó en nuestros oídos muy bien. Así quedó Waltzing Tirisiti.

Escribir un texto teatral, como escribir un guión o una novela, es para Toñi y para mí contar una historia. Definirla fue lo más complicado. ¿Por qué emigran los padres de Tereseta  a Sydney? El mundo está lleno de alcoyanos (yo he conocido a varios en Sydney), pero en los años 70 había muy pocos por ahí. ¿Qué conflictos tiene Tereseta y con quién?

Toñi se dedicó a trabajar este asunto, y yo a proporcionarle material escrito y documentación. Releí Una Corta Historia de Australia de Manning Clark, que traje de allí en 1984. Buceé en la Red, intentando conectar mis recuerdos en el Australian Public Service, donde me gané la vida durante una temporada, en Canberra y en Sydney, con la Administración australiana de hoy, en la que queríamos integrar a Tereseta. Descubrí que la organización había cambiado por completo, y me dediqué a rastrear en diversas páginas oficiales hasta hacerme una idea de cómo funciona hoy. Dediqué largos ratos a la lectura de la prensa australiana en Internet. En resumen a familiarizarme con una sociedad que abandoné hace 26 años.

Otras fuentes de documentación fueron las de los amigos y compañeros que han visitado Australia o tiene a su vez conocidos residentes, australianos propiamente dichos en Valencia y en Madrid, e incluso la oficina de turismo del gobierno australiano, con quien contacté a través de Internet y a cuya sede en Londres intentamos entrar durante un viaje. De todos los recursos que hemos utilizado, el del gobierno australiano ha sido el más refractario. De hecho no nos hizo maldito caso. Alegaban, con razón, que toda la información que pedíamos estaba en la Red. Y amparándose en eso, nos negaban consejo y ayuda. Es la vieja historia del burócrata escondiéndose detrás de un mostrador o detrás de una máquina. La administración australiana que yo conocí funcionaba bastante bien, sobre todo respondiendo a las solicitudes de los ciudadanos. No sé si es que ha cambiado por completo o que han ocupado un espacio virtual en el que los seres humanos son inaccesibles.

Tereseta y mamá Matilde, en el Outback

Así pues, solicitamos la ayuda a la creación y, por si acaso nos la concedían, nos pusimos a trabajar en el asunto.

Lo más preciso y justo es decir que Toñi se puso a trabajar. Yo no podía hacerlo. Una fuerza de origen inexplicable me lo impedía. Durante un tiempo me limité a servir de apoyo documental a mi mujer. Pero un buen día, ella se hartó y me dijo que interviniera también en la redacción de la obra. Esto es algo muy difícil, o al menos requiere una experiencia compleja de la que yo carecía. Estoy acostumbrado a escribir mis propios textos, no al alimón con nadie.

El origen de la fuerza que me impedía trabajar era un pozo de oscuras emociones que se resistía a recibir luz o a proporcionar agua a la conciencia sedienta. Emergían más mis traumas australianos que mis gozos, que también los hubo.

A trancas y barrancas me fui metiendo. Técnicamente, muy pocas veces escribimos Toñi y yo a cuatro manos. La mayoría del tiempo yo le daba un borrador de escena o una nube de datos y emociones que ella desmenuzaba y convertía en lluvia de texto.

La situación llegó a hacerse casi angustiosa cuando nos comunicaron la concesión de la ayuda. Fue en el periodo de máxima resistencia de mi pozo. Pero la única manera de escapar del compromiso era cumpliéndolo.

En diciembre, fecha tope de presentación del texto, teníamos redactadas más de cincuenta páginas de una historia melodramática, que concebimos con músicas variopintas e imágenes que preveíamos proyectadas en una pantalla. Waltzing Tirisiti había dejado de ser una obra de teatro convencional y se había transformado en un espectáculo escénico y audiovisual.

Durante el proceso de escritura, Toñi y yo realizamos varios viajes a Alcoy, para encontrarnos con amigos y familiares que nos documentaran sobre la realidad alcoyana de hoy de ayer, porque mi contacto con la ciudad en la que nací había sido hasta entonces muy esporádico. En el capítulo de agradecimientos del programa está la lista de todos aquellos que nos hicieron indicaciones, que nos sugirieron términos, que nos escucharon y que comentaron nuestras propuestas. Han sido muchos, y aparecen al final de este artículo, toda una fuente de recursos humanos sin los cuales Waltzing Tirisiti no habría alcanzado la riqueza emotiva que tiene. Además, con su contribución, la obra se hizo alcoyana al máximo, que era una de mis aspiraciones.

En uno de los viajes a Alcoy hicimos una visita a Rosa Sánchez, concejala de Cultura del ayuntamiento de Alcoy, a quien llegamos gracias a Pep Sastre, compañero mío en Canal 9. Le contamos nuestro proyecto y nuestro propósito de presentar Waltzing Tirisiti en la ciudad. Rosa nos dirigió a Carmina Nácher, la directora de la Mostra de Teatre d’Alcoi. A ambas les gustó la idea. Por cierto que como Tirisiti es un bien cultural registrado, para utilizar imágenes del mismo hay que solicitar permiso a los poseedores de la titularidad. Cuando les presentamos el texto final, tanto Rosa como Carmina bendijeron la utilización del Betlem.

Otra persona con la que hablamos antes de presentar el proyecto fue Juanfra Rozalén, productor de La Dependent, una compañía de teatro de Alcoy de larga y meritoria trayectoria. Rozalén es un profesional eficaz y sin prejuicios, y además buen compañero. Sus consejos nos sirvieron de mucho, y en todo tiempo ha estado dispuesto a escucharnos. El mundo del teatro tiene un déficit de estas personas.

El texto lo habíamos escrito con el propósito de llevarlo al escenario, de producirlo con nuestros ahorros. Ni se nos ocurrió la idea de hacer un cálculo de costes. Es más, procuramos no pensar en eso, porque de haberlo hecho, no habríamos dado ni un paso en esa dirección. Sin embargo, creímos que una manera de abaratar costes sería haciendo de Waltzing Tirisiti un monólogo que interpretaría Toñi. Los demás personajes, los padres de Tereseta, los amantes y una amiga íntima, aparecerían en pantalla, y la actriz dialogaría con ellos.

Mi experiencia profesional como redactor de informativos y de reportajes en Canal 9 TVV me pareció suficiente garantía de solventar los problemas que fueran apareciendo.

Grave error. Uno puede saber mucho de televisión, y un poco de teatro, pero la combinación de ambos planos es uno de los laberintos más liosos en los que me he metido.

Presentamos el texto, y emprendimos el camino de la producción. Me tocó a mí hacerla. También se resistió mi yo interior. To no avail, que diría un australiano, sin ningún resultado. O lo hacía, o no íbamos a ningún sitio, porque Toñi bastante tenía con la interpretación y las relaciones con la directora a quien hicimos la propuesta, Olga Peris, una joven valenciana pedagoga del teatro, con una formación sólida y gran voluntad de trabajo.

Olga aceptó el reto con la condición de que le dejáramos adaptar el texto a su forma de concebir el teatro. No pusimos objeción. Tampoco firmamos ningún contrato, fue un pacto de trabajo que tanto ella como nosotros hemos cumplido, económica y profesionalmente.

Antes de Navidad realizamos varias lecturas del texto, en las que Olga aportó grandes novedades.  Realizamos una visita a Alcoy para que ella pudiera ver una representación del Betlem de Tirisiti, y antes de Reyes regresamos a Alcoy para presenciar la cabalgata de los Reyes, una de las más antiguas de España, según la tradición, y la comitiva de la Burreta, otra tradición alcoyana, que consiste en una serie de pollinos con alforjas en las que los niños van dejando sus cartas a los Magos.

(Continuará)

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