Interacciones plásticas

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Una de las esculturas de Navarro vigilando la Gran Muralla

Rodolfo Navarro es artista. Su empeño mayor son las interacciones plásticas. Pinta inmensos murales en un papel resistente, las tienden en el suelo de un claustro renacentista, debajo de la torre Eiffel, en el patio de un museo alemán, en la Muralla China. Las personas pasan y miran el mural.

¿Por qué hace esto Rodlfo Navarro? Para colmar un deseo, un impulso irresistible, dice él. La energía vital del artista, del creador.

El mural, abrigando la Gran Muralla

A raíz del primer intento, la primera instalación de un “mural sobre papel” (50 metros cuadrados) en el suelo de gravilla donde se eleva la torre Eiffel, debajo justo de ella, de forma que podía verse desde las escaleras o el ascensor, descubrió que la mirada de los turistas se dirigía a su obra. Dice que comprendió entonces que podía hacerse un “cuadro” en el que la gente se metiera, “que no necesitaran entrar en un museo o en una galería para recibir el mensaje proveniente de un cuadro, que el público se encontrara de repente con un cuadro inmenso en la calle, que no necesite ir a ver Arte, sino que el Arte lo encontrara paseando, de compras o al ir al trabajo… tropezarse con él e involuntariamente establecer una comunicación, cualquier cosa, pero al fin una conexión entre el espectador y la obra, una relación siempre enriquecedora.”

Es el propósito de todos los artistas, que las personas tengan aceso a su obra, la vean, la lean, la escuchen, ya sea en un salón público, en uno privado o en la medio de una ciudad. En esto, Rodolfo no se diferencia de sus colegas. Su “descubrimiento” adquiere fuerza en su voluntario apartamiento de los circuitos mercantiles del arte. No expone en galerías.

Esto no significa que Rodolfo Navarro sea otro caso de creador misántropo, recluido en el tormentoso Olimpo de la Elite. Al contrario, Rodolfo es un hábil agente de su trabajo. Tiene una página web (http://rodolfonavarro.es/arte_joyeria/tienda.php) en la que promociona todos sus productos, que van desde el retrato a las joyas (aprendió el oficio de sus padres, que tienen un taller de orfebre en Valencia), desde la escultura a la fotografía, pasando por la edición de libros de arte y la publicidad de sus interacciones plásticas.

A Rodolfo no se le encontrará en los depósitos de ninguna galería comercial, es posible que tampoco en ningún museo (lo ignoro, es una especulación derivada de su posicionamiento artístico anticonvencional). Pero su estudio de la ciudad de Liria, donde reside, está ariborrado de creaciones. En ese estudio se puede uno tropezar también con una retahila de niños dando rienda suelta a su imaginación vía la plástica.

He conocido a Rodolfo Navarro en una exposición magnífica que acaba de cerrar en las Reales Atarazanas de Valencia. Aprovechó el inmenso espacio para realizar una muestra antológica de sus realizaciones. Deduje tras la visita que es un artista vocacional y lleno de energía. No le asusta la competencia del terreno en el que se gana la vida, no le arredran los obstáculos que debe sortear el artista en su oficio. No sé si se desanima, pero no lo aparenta, o lo disimula muy bien. Y tiene un secreto de los que suelen guardarse en baúl con cinco llaves: el trabajo.

Al final lo que queda es el trabajo. Al final es el trabajo el que da sentido a la vida. Al final es el trabajo el que redime los pecados que van cometiéndose en la vida.

Resulta difícil aceptarlo, en un mundo en el que los parásitos y los energúmenos pueblan los territorios de la fama. Pero es así.

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