Lo que funciona, eso es lo que vale. Qué risa.

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Cabeza poblada
Cabeza poblada

La imagen que ilustra este texto la realizó en 1980 mi amigo el pintor, grabador, muralista y dibujante Paco Campos.

No hace mucho me encontré con ella, a pesar de que la tenía colgada de una pared de mi casa. Es decir, descubrí el tremendo significado del dibujo: una cabeza de hombre sin mandíbula y con un colmillo de vampiro; en lo alto de su cerebro hay una nube negra, y en el interior de él, en su conciencia o en su inconsciente, una multitud de tipos sin rostro.

Me produce asombro esta imagen porque representa con exactitud el estado presente de mi cabeza y de todo lo que hay en ella, un galimatías poblado de personajes que intentan imponer su voz a gritos, y que me mantienen tan despabilado como si me tomara una raya de cocaína cada mañana, después del te con leche y tostadas del desayuno. Es una suposición, porque jamás he probado las drogas (ilegales) y desconozco sus efectos.

Al dibujarla Paco, ¿estaba viendo todo eso en mi interior o se dejó llevar de una premonición? Paco es un verdadero creador, de esos que transforman en algo plástico sus impulsos interiores; y lo hace con depurada técnica basada en el dominio real de las disciplinas que constituyen su oficio.

Pues bien, uno de los personajes que ocupan mi cabeza es un Talibán. Así lo bautizó una sicóloga de la Seguridad Social que me atendió con profesionalidad y afecto, aunque sin éxito. Talibán en su sentido más amplio quiere decir tipo rígido, doctrinario, malhumorado, desconfiado, y con un tufillo clerical, porque se siente obligado a hacer profesión de fe, de cualquier fe, a la primera de cambio. Un Talibán mental podría ser un inquisidor, aunque carece de su poder y de su fuerza coactiva.

Así que con este Taliban me desenvuelvo por los caminos de la vida. Con el Talibán y con los otros tipos que son, a saber, el Tipo Ponderado pero Escéptico, el Pobre Niño qué Malito Estoy, el Viva la Virgen sin Malicia, el Aventurero de Salón y el que Torea desde la Barrera.

También me compongo de individuos virtuosos y discretos, pero esos no me causan problemas. Según el eneagrama de Rheti, mi tipo dominante es el Lealista, ala Pensador. El amigo que interpretó el resultado del test afirmó que yo era una persona muy equilibrada, algo que me desconcertó mucho y me hizo desconfiar del eneagrama. Pero bueno, yo quería hablar ahora de cine.

En las últimas semanas he ido al cine con el Talibán y todos los demás pobladores cerebrales. Deseo comentar el efecto que ha hecho en mí y en esta multitud una película, Si la Cosa Funciona (Whatever Works).

En toda la proyección, el Talibán no dejó de darme la vara.

Whatever Works significa más bien “lo que funciona”, y viene a ser un enunciado filosófico del pragmatismo de W. Allen. No importa cómo llegues a conseguir tu bienestar, lo importante es que al final te encuentres de p. madre, eso es “lo que funciona”.

¿Y si tu bienestar se cruza con el de otras personas y les causa daño?

La pregunta la hace el Talibán.

La respuesta de W. Allen es evasiva. Whatever Works cuenta la historia de un profesor de física cuántica de NY retirado, materialista hasta la médula, con una necesidad insaciable de reforzar su ego (prueba de que lo tiene muy deteriorado), misógino, y cojo a consecuencia de un intento frustrado de suicidio. En pocas palabras, un gruñón simpático, la quintaesencia de W. Allen. Continúo: la historia de este profesor con una jovencita ingenua (de verdad, no una Lolita, aunque físicamente lo represente), que se descuelga en su vida como un ángel del Paraíso Inexistente.

La narración (el guión, las escenas, los gags, las situaciones, los discursos) es magnífica, un logro de su autor y director. La interpretación, excelente (el doblaje, espantoso, hasta que no pasan quince minutos y entras en la película, cuesta trabajo creer lo que están diciendo, que suena a discurso doctrinario).

El físico neoyorkino se enrolla muy a su pesar con la jovencita del profundo Sur. Llega a casarse con ella. Se nos da a entender que su inicial inapetencia sexual se debía a razones fisiológicas, la edad, convenientemente resueltas tras el matrimonio gracias a la Viagra (“siempre llevo una pastilla de Viagra en el bolsillo”, dice la jovencita en una ocasión).

Pero esta unión legalizada no dura mucho. La jovencita termina con un jovencito.

La película es una comedia de género, de un género que inventaron los griegos, que desarrolló magistralmente Plauto y que luego ha sido aplicada desde Lope a Shakespeare, desde Moratín a Moliere e incluso en el teatro llamado burgués, que es el que se hacía en Occidente hasta que llego el siglo XX y se cargó el teatro, la pintura, la escultura y todo lo que la Humanidad había construido hasta la fecha. Eso no lo dice el Talibán, lo digo yo. Pero en el cine todavía perduda la comedia de género con final feliz.

El final feliz de Whatever Works transcurre en una Nochevieja, en la que el físico, ya separado de la jovencita, y todos los demás personajes comparten alegres el tránsito de un año a otro, que es el propio tránsito de cada uno de ellos, de una vida convencional y aburrida a otra mucho más estimulante: la madre de la jovencita, antes una cristiana fundamentalista, se ha convertido en una promiscua que convive y duerme y todo lo demás con dos hombres (ricos, naturalmente), su marido, otro que tal bailaba, cristiano y pecador, que abandonó a su esposa por otra mujer (la mejor amiga de ella, como suele suceder en la realidad), descubre en un bar que en su más profundo interior había un gay, y se enrolla con un parroquiano que salió del armario hace tiempo y a quien ha abandonado su amante, un artista de éxito. La jovencita ingenua, que no ha dejado de ser ingenua, a pesar de todos los avatares por los que ha pasado ella y quienes le rodean, se abraza cariñosamente al jovencito rico con quien se ha unido, un actor, y el físico cojo hace lo propio con una nueva mujer que ha conocido en circunstancias muy humorísticas. Se despide de los espectadores, a quienes se ha dirigido durante toda la película, con una afirmación que revela su taimado conflicto interior: odio las Nocheviejas, porque hay que celebrarlas con alegría, aunque uno esté triste. Pero ese no es su caso, sino el contrario. Y a pesar de todo, afirma que odia las Nocheviejas.

El Talibán no paraba de hacer comentarios críticos morales. Hasta que se enfrentó a mi mujer, que le recordó que Whatever Works era una comedia de género, y que si no se desarrollaba de esa manera, a base de situaciones disparatadas, no podía funcionar.

Sin embargo, las protestas del Talibán me sirvieron para discernir el truco de W. Allen, tan viejo como él y como la comedia de género. “Como gustéis”, escribió Shakespeare, As You Like It. No nos compliquemos la vida, podemos ser gruñones, podemos estar frustrados, podemos no creer en nada, podemos sentirnos maltratados por la derecha casposa y reaccionaria, podemos estar metidos en un hoyo vital, pero si nos dejamos llevar por la intuición, el buen humor y el ingenio, todo acabará como gustéis. La vida es muy sencilla, sólo hay que desprenderse de la vieja piel reseca y dejar que emerja la nueva, fresca y suavecita.

Como si eso fuera tan fácil. ¿Cómo es posible, alegaba el Talibán, que personas con una moral y una psicología forjada a través de las décadas sean capaces de transformarse en lo contrario sin sufrir la menor conmoción? Es una comedia, tío.

Entonces me acordé de Willy Wilder. El arte de hacer comedias de ese director no tenía nada que ver con el de W. Allen. La visión de la vida que ofrece Wilder a través de sus personajes es más ácida, menos fantástica, y sus películas no tienen final feliz, sino un final lleno de reflexiones. Wilder si intenta responder a la pregunta de mi Talibán, ¿y si tu bienestar se cruza con el de otras personas y les causa daño? Sus guiones tratan exactamente de eso, y son comedias.

Los personajes de W. Allen pueden estar frustrados, ser maniáticos, sufrir decepciones… pero todos son hombres y mujeres (siempre guapitas de cara y de cuerpo) muy bien educados, de vida desahogada, y con cantidad de recursos para salir del hoyo. Porque, pragmáticos hasta la médula, están convencidos de que han de quedarse con lo que funciona.

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Un comentario sobre “Lo que funciona, eso es lo que vale. Qué risa.

    txema escribió:
    26/10/2009 en 14:45

    Vuelvo a leer como te abres, sacas a pasear a esos personajes .
    Al Talibán yo no le daría de beber.

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