Un fin de semana en Los Madroños

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Kommunismus
Religiones de antaño

Dice Almudena, médico naturista y Alma Mater de Los Madroños, que las terapias y los grupos alternativos están preparándose para atender a las víctimas de la crisis.

Los Madroños es una casa de reposo y una escuela de salud situada en un vallecito a la espalda del Desierto de las Palmas de Castellón,  una zona de pinos y madroños (ahora en plena sazón), con bancales de almendros y de algarrobos.

Los Madroños lleva abierta más de veinte años, y ofrece albergue y alimentación estrictamente vegetariana y sin condimentos a los pacientes de enfermedades digestivas, musculares, hepáticas, etc, todas ellas provocadas por disfunciones nerviosas. Encuentro yo un paralelismo entre las terapias de Los Madroños y la homeopatía.

He pasado un fin de semana en Los Madroños, y he descubierto la cantidad ingente de personas con problemas que hay a mi alrededor. No porque la casa estuviera hasta los topes, sino por la variedad de tarjetas y folletos allí depositados para los pacientes, de todo tipo de asistencias físicas, mentales, de grupo, individuales, gratuitas y de pago que hay abiertas en todas partes. También baso mi descubrimiento en los comentarios emitidos por los albergados, que describían un verdadero cosmos, casi una industria, de lo alternativo como instrumento de curación.

En cierta forma, curiosa paradoja, mi estancia allí ha sido deprimente, pues conocer las dimensiones sociales de esta enfermedad insidiosa que parte de la mente y se manifiesta en cualquier órgano del cuerpo, en especial el aparato digestivo, da pavor. Hasta ahora yo me sentía un desgraciado aislado. De pronto compruebo que estoy rodeado de personas cargadas de dolencias derivadas del estado de sus nervios.

La filosofía de estas terapias alternativas es que llevamos una vida insana, que somos víctimas del consumismo desbocado e irracional, del estrés del trabajo y de la industria del entretenimiento, y que estamos esquilmando los recursos del planeta. Esto nos ocasiona todo tipo de enfermedades. En términos generales, comparto este diagnóstico.

Para librarnos de semejantes plagas, debemos cambiar nuestra forma de vida, hacernos más austeros, distanciarnos de la inercia dominante o apartarnos todo lo posible de ella, y aumentar cada vez más el número de los que practican y predican la colaboración entre los seres humanos, la paz y la convivencia, la alimentación saludable (si es posible vegetariana) y un drástico ahorro energético, en sustitución de la competitividad y el despilfarro. También en términos generales, me parece correcta la purga, aunque pertenezca mucho al ámbito de la utopía.

Si no actuamos así, además de hacernos daño a nosotros mismos y a nuestros semejantes más próximos, no tardaremos en situar a la Humanidad a las puertas de su extinción debido a las consecuencias catastróficas de la codicia, la irracionalidad moral, y la simple despreocupación de la mayoría de los seres humanos, afanados en pasarlo lo mejor posible con el menor gasto permisible. Muy extremos veo yo estos vaticinios.

En realidad, la propuesta de esta visión del mundo alternativa es apocalíptica. En lugar de sosegar, pone los pelos de punta.

Es lo que a mí me ha pasado (aunque no exactamente por esa razón, luego me explico), si bien, la estancia allí ha multiplicado mi ansiedad porque me coloca a mí (y a mi malestar) en un camino irrevocable de destrucción según esa forma de ver el mundo y la existencia, puesto que no siento el impulso de convertirme en practicante de la vida alternativa o en apóstol de ella,ni creo que sea necesario tal postura para salvar el planeta.

Llegué yo a Los Madroños en un estado de ánimo alterado, con falta de sueño y un molesto estrés. Dolencias que no encontraron allí remedio, sino todo lo contrario. Y no por culpa de lo que allí me encontré. Encontré a personas encantadoras, generosas, solícitas, encargadas de la casa de reposo y la escuela de salud, que dirigían actividades estupendas para la recuperación del cuerpo y del alma. Encontré allí alojadas a mujeres y hombres (más de la primeras) de mi edad y condición, y con problemas similares a los míos, aunque en la mayoría de ellos se manifestaban en complicaciones intestinales. La empatía entre ellos y yo fue inmediata, no sólo se revelaron amables desde el primer momento, sino que dejaron ver que allí dentro no había barreras ni protocolarias ni emocionales. Conversamos unos con otros con entera espontaneidad y libertad, y sobre una variedad de temas que iban de las anécdotas personales a los problemas de cada uno, pasando por reseñas de libros, películas y comentarios de todo tipo. La casualidad o la afinidad, vaya usted a saber, me hizo conocer los conflictos más o menos íntimos de dos de los alojados allí, una mujer y un hombre. Aquello era una comunidad inestable (porque entraban y salían de Los Madroños, según sus previsiones) de seres humanos dispuestos a compartir sus emociones a lo largo del día, en especial en las comidas y después de la cena. Me sentía un adolescente, como cuando iba de viaje, me alojaba en una residencia juvenil y me comunicaba sin dificultad y con gran simpatía con desconocidos de todo género y procedencia.

En Los Madroños, la procedencia de los alojados era variada (Madrid y Barcelona en su mayoría), pero la clasificación social era uniforme: clase media sólidamente establecida, de ideas izquierdistas, aunque decepcionados de la clase política que supuestamente representaban su voto, y casi todos profesionales, en especial de la medicina (enfermeras y médicas). Tres excepciones a este retrato robot había, yo (el burrito delante, que no se espante), que no me identifico con ninguna de las izquierdas existentes o virtuales, un pequeño empresario inmobiliario sevillano que dejó ver que tampoco era de izquierdas (aunque el tema político fue tratado con precaución por todos, o incluso evitado, en cuando aparecía una nota de discordia, porque allí no se había ido a discutir, sino a reposar), y un fontanero de Bilbao con problemas digestivos y emocionales que le hacían digno de cariño, a pesar de que ni su discurso ni su visión del mundo coincidía lo más mínimo con la de los allí alojados.

He dicho que entré en Los Madroños con un significativo nivel de estrés y una molesta falta de sueño, y que allí ni encontré reposo ni pude dormir. La razón fue que estuve todo el tiempo en disposición de alerta. No porque las circunstancias obligaran a ello, sino porque me lo tomé así. Si fuera de otra manera, ni habría intentado la experiencia ni estaría ahora escribiendo esta especie de informe con el que busco desahogarme.

No tengo la costumbre de ir a estos lugares. De hecho es la primera vez en mi vida que he acudido a una casa de reposo. Y encima, iba solo. De modo que, lejos de estar relajado, me mantuve bien despierto. Mi estrés no fue perjudicado, porque como he dicho, la atmósfera era cordial y acogedora. Pero sí mi sueño. Al pasar el día entero en alerta, dormía fatal por la noche.

Al abandonar Los Madroños tuve dos sensaciones contradictorias. Mejor dicho, una sensación y una idea o reflexión. Las he expuesto al principio.

Me fui encantado, tanto de las condiciones de la estancia, de las actividades y de las atenciones de los responsables, como de la cordialidad de los alojados.

Y a la vez, con otra sensación nada tranquilizadora que ha disparado mi capacidad reflexiva. Me sentía aterrorizado. Y he tardado veinticuatro horas en empezar a reponerme, para lo que he tenido que emplear a fondo mi raciocinio.

El terror me lo producía la perspectiva que había adquirido de la existencia, una humanidad en vías de extinción acelerada si no ocurre algo formidable que detenga la catástrofe. He mirado con atención a mi alrededor para observar por encima a la multitud de seres humanos que me rodea, ignorantes de cataclismoy responsables de él por omisión. Y he concluido que esta visión apocalíptica contiene un elemento redentor: uníos a nosotros si no queréis acabar con el mundo, un elemento también apostólico.

La predicación de los alternativos es muy semejante a la predicación de los cristianos, de los budistas y de todas las religiones que ofrecen consuelo al ser humano por vía de la redención, el afecto, el comportamiento ético y las sanas costumbres. Ignoro si lo alternativo puede considerarse una religión, quizá en su conjunto sí, la religión del mundo rico y occidental, decepcionado de la religión de la política. Psicológicamente funciona como religión, porque alivia los sufrimientos de muchas personas.

Prueba de ello es la actitud de Almudena ante la crisis que está castigando a tantos seres humanos que podríamos llamar inocentes, en el sentido social o político, no ético, del término. Las personas que como ella creen y practican una forma de vida alternativa están convencidas de que pueden socorrer a los damnificados por la codicia y la corrupción globalizadas. Posiblemente tienen razón. Pero lo más hermoso es que estén preparándose para hacerlo.

Eso no es apocalíptico, sino altruista.

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6 comentarios sobre “Un fin de semana en Los Madroños

    Peter escribió:
    20/10/2009 en 18:21

    En la mayoria de las ocasiones, la terapia es un trayecto doloroso que fluye hacía otro positivo y sobre todo a un cambio y recuerda:
    ¡Hagas lo que hagas, Amalo!

    Respira y Sonrie Amigo

    txema escribió:
    20/10/2009 en 18:48

    … la manera que tienes de observar y contar de forma tan sincera tus experiencias…me quito el sombrero caballero.

    lucas escribió:
    23/10/2009 en 22:10

    Chico, una experiencia más… y una tras otra, al final, algo ganarás. Un abrazo tan sincero como tu texto!

    Agustin escribió:
    24/11/2009 en 11:16

    Amigo Fernando.

    En ocasiones las respuestas más complejas se encuentran tan a la vista que pasan desapercibidas y encierran, en sí mismas, recetas sencillas.
    Creo, que cuando se llega a cierta edad, es mejor ceñirse al aquí y ahora, escuchar nuestra propia voz. Ver que es lo que de verdad tira de nosotros, lo que nos hace sertirnos vivos y apostar de manera decidida, incluso a todo o nada como los jugadores de poker.
    La vida tiene muchos de los elementos de los juegos de azar y conviene tomar la mano para ver cuando podemos hacer nuestra mejor jugada.
    La introspección y la búsqueda interior puede llevarnos a encontrar los signos de identidad de nuestra existencia pero como reverso también nos puede despeñar hacia el desaliento y un cierto nihilismo.
    Tu fin de semana de retiro muestra un hibrido de ambas cosas, de búsqueda por las grutas y cavernas del yo desconocido, y de bucear en las experiencias ajenas por si esos caminos abren nuevos horizontes personales.
    Fernando, tal vez si se simplifica y se busca en los pequeños momentos cotidianos se abran miriadas de opciones nuevas que te hagan sentirte como un hombre renovado, y con una perspectiva distinta de la realidad.
    Todo es cuestión de explorar y ver si al otro lado del espejo existe algo más…
    AG

    mayte escribió:
    17/09/2010 en 14:29

    Ufff, menudo mal rato , yo tambien conozco los madroños ,fui y repeti hace mucho. En su momento yo solo buscaba aligerar mi cuerpo. Y lo consegui. Todo es mas simple ,todos queremos hacer dogma de nuestras “miras” .Te lo dice alguien con una “mezcla” de conceptos comunistas ,de derecha ,y…..
    Vamos k aprovecha la comida sana (ayuda a mantenerse mas joven) ,y ……..
    Un saludo

    Antonia escribió:
    10/06/2013 en 09:09

    Antonia.Una amiga me dijo que fuera a un seminario que no tenia nombre,
    estando con mucha gente que parecian que estaban todos locos yo no queria participar y miraba como saltaban y gritaban,pasaron unos dias de los que yo seguia analizando y algo me dijo quedate y dejate llevar.Solo deciros que cuando sali de alli algo cambio en mi .GRACIAS quequ e cuando sali de alli algo cambio en mi . y algo que yo creia ya superadoyppsuperado

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