Bernard Rancillac, en Valencia. ¡Oh la la!

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Una de las salas concuadros de Rancillac
Una de las salas con cuadros de Rancillac

Este año cumpliré los sesenta, y descubro en mí parches de ignorancia que me ruborizan. Por ejemplo, los sastres (antes, cuando confeccionaban ropa a medida a la clase media baja) preguntaban al cliente “de qué lado cargaba”, queriendo decir en qué pernera del pantalón solían colocar el paquete genital. ¡Y yo en la inopia! Claro que el último traje a medida que me hicieron fue a los quince años, cuando cargaba poco, y el sastre ni se molestó en preguntarme. Otra laguna, ahora cultural, que son las más peligrosas: Bernard Rancillac, uno de los padres de la Figuración Narrativa, nacida en París en los años 60. Junto a él se encuadran en ella un plantel de pintores de media Europa, desde el islandés Erro (Guomundur Guomundsson) hasta el español Eduardo Arroyo, pasando por el italiano Valerio Adami, y bastantes más.

El IVAM de Valencia expuso el año pasado una antología de la Figuración Narrativa. Algunos la calificaron de apoteósica. La verdad es que ofrecía una panorámica excelente del movimiento. Siendo yo un intelectual de orden mendicante y poco inclinado a presumir (¡entonces no eres intelectual, melón!), confieso que hasta hace unos meses no sabía nada de la figuración narrativa, aunque sí de algunos de sus iniciadores. Traduzco de la edición francesa de Wikipedia este acertado resumen:

La figuración narrativa es un estilo pictórico y un movimiento artístico surgido en el inicio de los años 1960 en Francia, en oposición a la abstracción y al Nuevo Realismo. La figuración narrativa está vinculada en general a la nueva figuración o al pop art, pero con menos carga ideológica y más tratamiento de la anécdota. No fue estructurada, en particular, por un manifiesto. Entre sus inspiraciones (encuadres, montajes) destaca el tebeo, la fotografía, la publicidad, el cine, en resumen, el conjunto de imágenes de lo cotidiano. Los temas de las obras se vinculan por lo general a escenas de lo cotidiano y a reinvindicaciones sociales o políticas. Aunque el término apareció con anterioridad, la figuración narrativa obtuvo su acta de nacimiento en la exposición Mitologías Cotidianas de 1964, en el Museo de arte moderno de la Ciudad de París.

Pues bien, Bernard Rancillac, una de las figuras de la figuración narrativa, nos cuenta una larga novela de tres decenas de cuadros este verano en Valencia, concretamente, en la sala de exposiciones del Ayuntamiento de la capital. No se distingue precisamente el área de exposiciones de este municipio por la publicidad de la cultura supuestamente no popular (y eso que es un ayuntamiento Popular, je, je, qué fácil el chiste). Parece que le diera vergüenza o pereza o yo qué sé qué, anunciar sus realizaciones, del mismo modo que otras áreas municipales vocean sus obras públicas, sus parques o sus fiestas. Sobre todo sus fiestas, como la actual de julio, que remata las semanas del mes con castillos de fuegos artificiales en la playa.

El artista hablando con el periodista emérito
El artista hablando con el periodista emérito

Bernard Rancillac asistió a la inauguración. Es un tipo de setenta y nueve años muy bien llevados, dicharachero y burlón. Me dedicó el catálogo con estas palabras,  “F.B., periodista emérito”. Es la primera vez en mi vida profesional que me califican de esta manera. Será por la barba y por las canas.

A mí, la figuración narrativa me gusta más que las corrientes no figurativas del siglo XX tardío. La verdad es que el camino que ha tomado la creación plástica desde entonces favorece cualquier cosa pasada. Lo nuevo es (casi en su totalidad) abstruso, y también ridículo, y además insufrible, feo, caótico, minimalista, impreciso, enajenante… Muchos trenes creativos han descarrilado en el siglo XX, y todavía andan dando vueltas por los barrancos del arte moderno, machacando el paisaje y dejando víctimas en la cuneta y en el convoy. Por eso, una exposición de un pintor como Bernard Rancillac refresca el ánimo y merma el pesimismo que se apodera del conocedor de  tiempos mejores.

Rancillac mantiene en su obra los elementos constitutivos de la escuela que fundó. Esto nos conduce a una pregunta inquietante: ¿ha evolucionado este artista y otros de su edad y condición que continúan trabajando? La fidelidad al género es una opción tan válida como la promiscuidad estética. Lo importante es que la obra esté viva. La de Rancillac lo está. Esta exposición tiene varios capítulos. Orquídeas, jazz, rabiosa actualidad y cajón de sastre. Todas encajan en la versión original de la figuración narrativa. Formas que evocan el tebeo, colores nítidos, imágenes publicitarias y mediáticas. Pero en cada una, el artista ha decidido colocar un sello clasificatorio.

El de las orquídeas es un secreto (alguien me sugirió que erótico) del pintor, porque las coloca en distintos contextos (¡no te hagas el intelectual, tío!): el cine, la música, la etnología. El jazz es el capítulo más próspero de Rancillac, es decir, el que más gusta, el que más se vende, según me dijo una simpática muchacha que acompañaba a la expedición francesa, que yo tomé por hija del artista y que resultó ser su agente (“no soy ni su modelo ni su amante”, me advirtió con una sonrisa en la que había mucha guasa).

La rabiosa actualidad contiene literales referencias a Chechenia, a Ingusetia, al conflicto israelo-palestino, a Irak, a Afganistán, a las guerras africanas, incuida la argelina. Es la reserva ideológica de Rancillac, su testimonio comprometido. Si no fuera porque procede de un artista con probados antecedentes políticos y recursos gráficos anclados en el pop (es decir, con un creador que bebe de fuentes originarias), podría pensarse que es la obra de un joven airado. Hoy en día, un tipo/tipa coloca una silla rota en medio de una sala con un cartel provocador al lado, y se convierte en un artista comprometido.

Crepúsculo
Crepúsculo

El capítulo cajón de sastre es el que más me sedujo y conmovió. Hay un autorretrato consistente en una orquídea con una calavera de tebeo en el medio, que me pareció explosivo. Sí, ya sé que he mencionado un capítulo de orquídeas, pero este lienzo es ecléctico. Y uno todavía más ecléctico, gigantesco, seis metros por dos y pico, titulado “El crepúsculo”, contiene todos los elementos del género, todos los capítulos mencionados. A primera vista parece una viñeta surrealista. Pero emana de él tanta inquietud, tanta angustia vital, que al pasar por delante, uno lo mira con el respeto que se observa un toro ante el estoque del matador.

Beyrout
Beyrout

Recomiendo para acabar una mirada a “Beyrout”, una joven desnuda que desparrama viejas postales sobre una ciudad compuesta por una ensalada de barrios modernos, como los de cualquier ciudad española víctima del urbanismo especulativo. Solo que a Beirut no la han maltratado los arquitectos y los concejales sino las bombas, el sectarismo, la codicia, los intereses nacionales, étnicos, religiosos, y todos los vicios que en el mundo han sido. Espléndido trabajo del viejo artista, en cuya juventud el mundo y la belleza femenina parecían más salvajes y auténticos.

Agradezco a Vicente Alcaraz, comisario de la exposición, que me invitara a la misma, porque, como digo, el Ayuntamiento de Valencia se distingue por su desinterés publicitario hacia lo que aparenta ser cultura minoritaria. Vicente ha hecho un magnífico trabajo, y a toda prisa, por lo que pude saber.

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Un comentario sobre “Bernard Rancillac, en Valencia. ¡Oh la la!

    miguelito22 escribió:
    31/07/2009 en 15:57

    igual 😛 😀

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