Pérez, el codicioso del fútbol

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El brillo de la lyenda, a punto de extinguirse
El brillo de la leyenda, a punto de extinguirse

El otro día me puse a redactar unas líneas sobre la paradoja mediática de la gripe porcina y  la crisis económica. Me quedé a medias, porque estoy practicando Linux y he tenido problemas con los procesadores de texto. El monopolio de Microsoft nos perjudica a todos los que  tenemos una idea superficial de informáticay no deseamos profundizar en el asunto. Nos perjudica y nos esclaviza. Ignoro si reuniré fuerza y paciencia suficientes para insistir con Linux. Depende de la suerte. Si encuentro un amigo próximo que me oriente, igual continúo. Si no, seguiré esclavo de Microsoft.

El caso es que mi inspiración porco-crítica se ha ido disipando.

Ahora, lo que espolea mi imaginación es el golpe de talón de Florentino Pérez para conseguir a Cristiano Ronaldo, y de rebote, a Kaká.

Hasta editoriales de diario se han escrito, moralizando sobre la cantidad de millones de euros que puede valer el talento genético que un tipo lleve en los pies y en parte de su cabeza.

A mí, como a muchos, me subleva que una transacción futbolística valga casi cien millones de euros. Pero no veo en ella la Gran Inmoralidad en este tiempo de estrechuras y de parados.

El mayor daño que hará esta jugada financiera lo pagará el fútbol como deporte (incluido el fútbol como fuente de negocios), y sobre todo, lo pagará el Real Madrid. Admito que el hecho de ser un madridista de toda la vida multiplica el fastidio que me ha provocado la operación.

Dice Pérez que ha aprendido de sus errores pasados en la dirección del Real Madrid. Falso. O él se engaña (raro, pero posible) o nos engaña (casi seguro). Pérez ha demostrado ser un hacha, capaz de seccionar hasta vías de ferrocarril de un tajo, en el ámbito de la arquitectura financiera.

Pero cuando intentó trasponer su experiencia al mundo del deporte, acabó dándose un porrazo morrocotudo, del que hoy parecen haberse olvidado todos aquellos que le empujaron a marcharse.

El problema no es que Cristiano Ronaldo valga o no 94 millones de Euros, ni que Pérez vaya a amortizar su inversión en un suspiro e incluso a revalorizarla, o por el contrario a patinar en el aceite que él mismo se dedica a repartir.

El problema es que a Pérez el fútbol le importa un rábano. El fútbol es para él un instrumento de poder y de riqueza.

Yo no encuentro el mérito de Pérez en ningún sitio. Cualquier tipo con dos dedos de frente y centenares de millones al alcance de su mano (salgan de donde salgan) puede hacer un equipo de galácticos.

La inteligencia de Pérez está en haber descubierto que la memoria de las masas es cortísima, en ejecutar golpes de efecto que valen cien veces más que los dineros que mueven, y en tener más sangre fría que otros en aprovechar la bula que otorga la presidencia del Real Madrid  para las maniobras financieras privadas y ajenas al deporte.

Todavía me acuerdo de la humillante salida del Real Madrid de del Bosque, y las rimbombantes razones de Pérez para justificarlo. No tardó ni seis meses en empezar a comérselas, pero debió hacerlo con discreción, porque ya han caído en el olvido.

El fútbol está de luto con la codicia de Pérez. El Real Madrid ha acelerado su camino hacia la decadencia.

Si no fuera porque eso se lleva en la sangre, me hacía del Barça

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