Idioteces planetarias

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Vuélvase la mirada a nuestro alrededor político, y se encontrarán especímenes demagógicos en todos los países de nuestro entorno europeo y democrático. No podemos presumir de ser el estado con más gilipontas en las instituciones politicas, aunque es cierto que nos lo hemos propuesto.

Bocazas, tontos, provocadores, sinvergüenzas, corrompidos, borrachos de poder, de alcohol y de brotes verdes los hay en casi todas partes. Los nuestros, como los tenemos más cerca y sabemos de ellos, nos parecen los mejores de este podio de la aberración política. Pero en Italia, Francia, Reino Unido, Bélgica, Holanda, Escandinavia y hasta en el pacífico Portugal, los hay posiblemente en la misma proporción que aquí. Porque el sistema político es el mismo, y es el verdadero responsable de producirlos como hongos y colocarlos en la cresta de la ola que se los acabará tragando.

Ahora bien, en casi todos los países existe un mecanismo, acaso instintivo, acaso invisible pero eficaz, de limpieza periódica. Incluso en la misma Italia, de vez en cuando se dan movimentos sociales que liquidan la basura de la clase politica, y dejan el campo abierto para que el panorama vuelva a ensuciarse. En Francia, cambian de número la Republique, adecentan la Constitución, y a seguir gobernando. En Alemania, cuando la corrupción (ese sí que es un país corrupto, porque sólo se permite la Gran Korrupción, no la pequeña) amenza con asfixiar, se hace una Gran Coalición, y ya está el problema resuelto. En el Reino Unido, empieza a revelarse la bajeza moral de unos cuantos diputados y ministros (pequeñeces, comparadas con las nuestras), caen dimisiones como ciruelas maduras, y ya está.

En España, no. En España cuando a un político le pillan en un renuncio, levanta la cara, mira con desafío al acusador, le gruñe, y sigue zascandileando como si nada hubiera pasado. Y es que no ha pasado nada.

Hasta que pasa.

Vuélvase la mirada a nuestra historia en los dos últimos siglos. Mientras que en otros países, fuera de los estallidos revolucionarios internacionales, las crisis políticas se han resuelto con reformas y alguna que otra algarada, en España, las crisis han acabado casi siempre a escobazos, a pedradas o a tiros. ¿Lo llevamos en la sangre o es una inercia evitable pero pesadísima porque lleva siglos acumulándose?

Hemos entrado ya en una etapa tenebrosa. La derecha, amilanada, ha decidido pasar inadvertida, se ha refugiado en la mediocridad, no ofrece alternativas ni posibles ni demagógicas. La izquierda gobernante está en manos de alucinados, de chulos y de descerebrados.

Lo que me resulta curioso, como hombre, es el despliegue zapateril de equivalencia femenina en las instituciones. Mira que habrá mujeres capaces, preparads, inteligentes y simpáticas. ¿Es que en el PSOE se han vuelto todos ciegos y sólo reconocen a las más torpes?

Siento una vergüenza insoportable por estar dirigido por incompetentes e incompetentas.

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