El Séptimo Arte, en los museos

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Madrid desde Torres Blancas
Madrid desde Torres Blancas
Diz que el cine dejó de ser un arte cuando se convirtió en sonoro.

Aclararlo es lo mismo que definir el sexo de los ángeles.

El caso es que hay en cartel dos películas en las que el mundo del arte se incrusta en el mundo del cine o, dicho de otra manera, el cine recurre al arte para contar historias.

Noche en el Museo 2 se estrena este fin de semana. Sus productores y realizadores han realizado una campaña mediática a base de anuncios de media página en los diarios, entrevistas con su protagonista (Ben Stiller), reportajitos sobre cómo y dónde se hizo, y reseñas críticas, bastante críticas, porque a los críticos les repugna el cine como espectáculo, lo cual no les impide acudir, gastos pagados, a Cannes, Venecia, Berlín, San Sebastián o a Los Ángeles, ciudad el cine y del sexo de los ángeles.

No soy un aficionado furibundo al cinema, así que es poco probable que vea Noche en el Museo 2,  hasta que la pasen en televisión. Imagino que debe ser una de esas películas realizadas para ver en pantalla grande, de modo que me perderé su espectacularidad. Una concesión al pijo que llevo dentro.

El Violín, de Juan Gris
El Violín, de Juan Gris

La otra película sobre arte, cine y museos que anda suelta por ahí se llama The Limits of Control, y la ha dirigido Jim Jarmusch.  De acuerdo con la referencia que he leído de ella en ARTNEWS, describe la peripecia de un asesino a sueldo (Isaach De Bankolé), que debe liquidar a alguien en Madrid. Allí encuentra a una sucesión de tipos excéntricos, que le van conduciendo a su víctima. El asesino es un sujeto enigmático y aficionado al arte, y todos los días acude al Reina Sofía, se para a observar un solo cuadro, se marcha a su apartamento en Torres Blancas, donde practica Tai Chi y  medita en plan zen, como si su oficio fuera algo sagrado y moralmente enaltecedor.  Estas paradojas les encantan a los críticos que odian las películas-espectáculo.

El caso es que los cuadros elegidos por el asesino descrito por Jim Jarmusch son, El Violín de Juan Gris, Desnudo, de Roberto Fernández Balbuena, Madrid desde Capitán Haya, de Antonio López  y Gran Sábana de Antoni Tàpies.

Puesto que la película contiene una historia minimalista y sin la menor concesión a la intriga (faltaría más, Jim Jarmusch se defeca en el cine convencional), cabe pensar que el director ha decidido recrearse en cuatro telas españolas expuestas en un museo español por pura casualidad, y jugar con lo que hay en ellas y la mente inaccesible de su monje asesino. Aunque a lo mejor, la nueva política del nuevo director del Reina Sofía, Borja Villel, tiene que ver con el asunto (y si esta sospecha fuera un hecho, ¿qué narices podríamos reprocharle a Borja Villel?).

Millones de personas en el mundo saldrán de los cines con una idea más o menos vaga de lo que contienen las instituciones del Smithsonian en la ciudad de Washington, escenario de Noche en el Museo 2.

Muchas menos serán las que al terminar de ver The Limits of Control, crean haber visitado de refilón el Reina Sofía. Pero seguro que los que recalen por Madrid, no dejarán de acercarse a Juan Gris, Fernández Balbuena, Antonio López y Antoni Tàpies.

Todo tiene su lado bueno.

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