Primavera en Alemania

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estampa idilica con mascara.jpgLa nación más preparada para admirar, describir y aprovechar los fenómenos naturales, dándoles una aplicación práctica y elevada, es Alemania.

También podría decir que el alemán es la lengua apropiada para describir la naturaleza y exaltarla, y los alemanes, los seres humanos más preparados para sacar provecho de ambas cosas, la poesía y la producción agraria.

El fermento de una semana en Alemania en el mes de mayo produce tales afirmaciones temerarias.DSC_0185.JPG
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La primavera, desparrame de flores en ramas, alféizares y arriates, conciertos canoros enredados en el follaje, perfume de lilas avasalladoras, tibia temperatura al sol en las terrazas de los Biergarten, nublados repentinos, chaparrones. Doncellas de pantalones rotos, de blusas que a duras penas contienen senos generosos en corsés de encaje, cual cortinas de puntilla atravesando la ventana, que esconden revelando lo que hay en el interior de alcobas y salones.

DSC_0289 copia.JPGLos alemanes, las alemanas, son capaces de escribir odas a la Naturaleza y de fabricar todo tipo de instrumentos para embotellarla, meterla en tiestos, combinar sus colores y sus efluvios, preparar pasteles de ruibarbo recién cosechado, inundar de una inmensa variedad de frutas y verduras locales los mercadillos callejeros.DSC_0597.JPG

Goethe escribía elegías romanas y pequeñas odas picantes, y descubría un hueso maxilar en el que nadie había reparado, o construía una teoría de los colores, gestionaba las obras públicas de Weimar y organizaba la programación cultural de la ciudad. Poeta, investigador científico y superconsejero a la vez.

Cuando uno sale fuera imagina descubrir cualidades que en casa no acostumbra a ver y cree que no existen.

La primavera es la estación propicia para estos engaños, porque el paisaje centroeuropeo y alemán en particular, coloca ante los ojos unos escenarios que en el corrupto sur son privilegio de las mayores fortunas. En primavera en Alemania, un paseo por cualquier ciudad, villa o aldea muestra una belleza oculta, privada, excepcional en España. Como si España, Estepaís, no fuera otra cosa que un erial sin aprovechamiento.DSC_0473.JPG

Vista desde el otoño de la edad, la primavera alemana adquiere un valor resonante, doloroso, de algo que se muestra en su esplendor, como las muchachas de los pantalones rotos y corsés de encaje, recordándote que tu esplendor es irrecuperable.

A los 18 años tuve mi primera visión de Alemania. Entonces, hasta la contaminación de las usinas me parecía encomiable.DSC_0420.JPG

Pertenezco a una generación que fue educada en la falsa idea de que los españoles somos subproductos de la Ilustración y la revolución industrial y científica. Semejantes a los rusos, nos creemos incapacitados de ser probos ciudadanos: “Los rusos siempre acabamos igual. Puede que esa capacidad para ver nuestros propios defectos sea un rasgo positivo de nuestra naturaleza, pero exageramos y nos consolamos con la ironía, que tan pronto acude a nuestros labios”, dice Serguéi Ivánovich, uno de los personajes de Anna Karénina.DSC_0388.JPG

Hay mucho español parecido a León Tolstoi, funámbulo desesperado, entre la tradición y el postmodernismo, que acaba dándose un batacazo. Algunos hasta mueren en la miseria ideológica.

Desde Alemania, las noticias sobre la corrupción de la clase política española, y el baile de máscaras de los partidos ante las nuevas elecciones, produce desarraigo.DSC_0375.JPG

Y hay que pararse en una pendiente soleada a pensar, y situarse en la realidad europea presente para aceptar que en poco nos distinguimos de alemanes, franceses o daneses.

Es preciso no dejarse deslumbrar por el espejismo macabro del paisaje urbano y rural. Las ciudades españolas modernas son la cosa más fea que ha producido el ser humano occidental. Sin embargo nuestra tasa de suicidios estéticos no es mayor que la de los germanos, que tienen el gusto más educado a la belleza.DSC_0363.JPG

Pero fuera de este y de unos pocos aspectos más, los españoles y los alemanes nos dejamos engañar igual por las sirenas del consumo, producimos con la misma eficacia, nos divertimos con los mismos chistes televisivos, y aceptamos con la misma confianza el dictado de la razón práctica emitida desde Moncloa y la Carrera de San Jerónimo aquí, o la Bundeskanzlerei y el Bundesrat, ambos a las orillas del Spree en Berlín.DSC_0347.JPG

Pasear ocioso por las calles de Nuremberga, de Fürth, de Bamberg o de Schwabach le sume a uno en un espejismo moral, porque aparenta que las personas de allá, de cepa alemana, turca o rusa, parecen más felices, más contentadas, los servicios, mejores, el tráfico, más fluido, las obras, menos engorrosas. Y eso porque el paisaje urbano es excepcionalmente hermoso en primavera, pero también en verano, en otoño o en invierno.

Tendemos a pensar que el alemán es más dócil, más maleable social y políticamente que el español, arraigado en una vetusta alma bereber biológicamente imposibilitada para sufrir injertos.DSC_0356.JPG

Nada es así. Es un problema óptico. Si las calles españolas (de Estepaís) estuvieran más limpias, y el urbanismo salvaje pudiera ser vestido de tejaditos y de jardines floridos, veríamos que no somos tan diferentes.

Es solo la primavera, que nos narcotiza con sus ensueños erótico-económico-políticos, sobre todo en los educados estética y moralmente en ese terrible franquismo en el que nos hicimos por fin europeos.horizontes.jpg

Hinten im Winkel des Gartens da stand ich der letzte der Götter

Rohgebildet, und schlimm hatte die Zeit mich verletzt.

Kürbisranken schmiegten sich auf am veralteten Stamme,

Und schon krachte das Glied unter den Lasten der Frucht.

En un rincón del huerto,atrás, aguardo yo, último dios,

pues agrestes y difíciles tiempos me han herido.

Calabazas trepadoras suben por la envejecida rama

y ya se quiebra el miembro bajo el peso de la fruta.

(Elegías Romanas de Johan Wolfgang Goethe. Traducción de Salvador Mas Torres.)DSC_0334.JPG

LA DEMOCRACIA, EN FUERA DE JUEGO

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IMG_0968El juego de la política, que estos días desarrolla las semifinales del campeonato nacional, ha perdido todo el interés para mí, igual que en su día dejó de importarme el fútbol. Y al afirmar esto establezco un paralelismo deliberado entre ambos fenómenos.

No sé si es un efecto de la edad, de la conciencia madura o del hastío ante un espectáculo que se repite con diferentes protagonistas: antes, Distefano, Puskas, Ramallets o Kubala, Adolfo Suárez, Santiago Carrillo, Felipe González, y hoy, los que inundan las pantallas de la televisión, de los teléfonos inteligentes y de los ordenadores. Antes vestían pantalones más anchos, hoy, más ajustados, no llevaban los brazos llenos de mataduras, digo de tatuajes, no eran tan soberbios y endiosados, y tenían menos líos de faldas, o cuando los tenían lo hacían con discreción, o a los medios les resultaba indecente hablar del tema. Me refiero a los futbolistas y a los políticos. Leer el resto de esta entrada »

FRANCO, PÍO MOA Y LA ABRASADORA MEMORIA

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Años de hierro y plomo
Años de hierro y plomo

De vez en cuando, mi amigo y compañero de profesión Pío Moa me envía correos con enlaces a artículos suyos.

El primero de 2016 lleva por título “Este año debe ser el de la reivindicación de Franco”.

Estoy acostumbrado a semejantes sorpresas viniendo de él, pero confieso que esta me ha desconcertado más de lo corriente, porque reivindicar a Franco requiere hoy en día algo de valor.

Si se lee el texto sin las gafas de progre miope, tiene un sentido sólido. Otra cosa es que uno esté de acuerdo con lo que Pío Moa presenta como hechos, es decir, con la selección de hechos que Pío propone para reivindicar al que fue conocido por el Caudillo.

Mi amistad con Pío Moa data de nuestra matrícula en la Escuela Oficial de Periodismo, creo que en septiembre u octubre de 1967. Nos encontramos en las oficinas de la antigua EOP, situadas a la espalda del entonces Ministerio de Información y Turismo, hoy un apropiado Ministerio de Defensa, porque es un búnker arquitectónico. Fue mi primer amigo en la escuela. Leer el resto de esta entrada »