Cultos, guapos, prósperos y Marginales

El tañedor de laúd, de Caravaggio

Visita al Hermitage sin salir de Madrid, por gentileza del Museo del Prado y cinco instituciones más (gastos y administración). Exposición digna de un minucioso paseo. Equivale a un viaje a San Petersburgo de ida y vuelta en cohete de un par de horas de duración.
Te dan el billete de entrada con una hora de inicio, porque las nueve salas visitables (en tres espacios) se quedan pequeñas para las aglomeraciones. El público que encontré en mi visita era nacional español, predominantemente femenino, de edad superior a los 50 años, aparentemente culto e interesado en lo expuesto, y de clase media establecida y estable (buena ropa, buen calzado, buen peinado, buen perfume, etc). Jóvenes, muy pocos, algo explicable porque aquellos en edad escolar se debían hallar en las aulas, y los postuniversitarios estarían trabajando. Un grupo de escolares de uniforme recorrió las instalaciones: colegio de pago, buena familia.
Posiblemente no había muchos desempleados en aquella muestra, y los turistas evidentes eran escasos. Me atrevo a decir que el público de “El Hermitage en el Prado” constituye una elite representativa de la sociedad española culta e intelectualmente activa. Esto es independiente de la calidad moral o intelectual de esta elite, de sus luces y de sus sombras. Lo más selecto de nuestra población en términos culturales-económicos está a la altura de sus contrapartes europeas. La diferencia debe ser la proporción, mayor la transpirenaica que la antepirenaica, a ojo de buen cubero. Otra cosa son las sectas. En ese ámbito, quizá España sea el país europeo con más intelectuales cultos sectarios per cápita, después de Francia.
Al acabar el recorrido del Hermitage, me asomé a “El vino de la fiesta de San Martín”, lienzo de Pieter Bruegel el Viejo recientemente adquirido y restaurado en el Museo del Prado. Como estaba a la salida de la exposición temporal famosa, se colaban muchas personas. Además de la contemplación de esa obra al temple, lo mejor es un documental en el que se cuenta cómo se ha reparado la pieza. Extraordinario, ilustrativo, pedagógico. Una vez más, estamos a la altura de Europa.
Y por fin, el Prado. El contraste era así: al entrar en la gran sala de Velázquez que alberga reyes y meninas, los únicos visitantes éramos mi mujer y yo. Pronto se incorporaron otros, pero nunca fuimos más de una docena. Una explicación, la hora, casi las dos, la de la comida. Pero los turistas no hacen estos horarios españoles. Otra explicación: era un día frío, con menos afluencia de visitantes. Sin embargo hay otra que a mi entender es la clave: hoy en día, muchos museoadictos acuden donde les atrae la publicidad, no la seducción cultural. Hasta las elites se hallan sometidas al barrido selectivo de la propaganda. No somos nadie, y menos en un museo.

Por la tarde, paseo por Lavapiés, y cosecha de más conclusiones sociológicas. En estos momentos Lavapiés es uno de los barrios más fértiles en términos creativos de Madrid. Algo chocante en relación con ese dato de las elites cultas, porque los muñidores y realizadores de las iniciativas de Lavapiés son jóvenes rabiosamente alternativos o marginales o como se quiera calificar a ese sector que se aparta unos años del curso convencional y consumista de la existencia, hasta que la edad les doma y les hace “entrar en razón”, que es uno de las tránsitos más tristes del ser humano occidental próspero. El Sistema, que conoce muy bien de marginación y de tránsito, ha ofrecido el antiguo edificio de Tabacalera, en la calle de Embajadores, a los antisistema. El resultado es una convivencia paradójica, pero muy productiva.
Y la mayor paradoja es la que se ve en Crossing East West Narratives by the End of Video Art (2000-2011). Una década de videoarte en Asia y España, proyecto de Casa Asia, comisariado por Menene Gras Balaguer. En los corredores y salas desoladas y gélidas de la antigua Tabacalera han instalado un sin fin de monitores de televisión que exhiben 50 producciones asiáticas y 28 españolas. Están todo el día funcionando, y uno se pregunta la utilidad o funcionalidad del asunto, porque las visitas son escasas y breves. ¿Qué sentido tiene una multiexposición para casi nadie y para casi nada? Pocos de los que se detienen ante un monitor ven la pieza entera, hecho excepcional, desdeñable.
Así pues, una muestra que da salida a los sentimientos de los marginales, se pierde como el agua de una fuente pública con el grifo estropeado. ¿Habrá alguna otra manera de hacer llegar a “la gente” esas producciones? Quizá. Los expertos en museos deben de saberlo, pero también deben de guardarse el secreto como si tuviera un valor profesional preservable, no vulgarizable.
Sobre la idea que el/la comisiario/a de la exposición, valga esta cita. “A partir de una selección de materiales producidos en el transcurso de la última década, se plantea la opción de hacer la exploración de un imaginario global en fragmentos cuya autonomía e individualidad desbordan cualquier localización, pese a que su procedencia se tenga en cuenta, ya que éstos informan acerca del espacio/tiempo de su origen.” Mi madre decía en estos casos, quien te entienda, que te compre. Si hubiera que pagar por esta exposición, el resultado sería ruinoso para los organizadores. Pero eso no parece importar a nadie.

LA LIBERTAD PRIVILEGIADA DE JONATHAN FRANZEN

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Ejercicio de Artistas

Me prometí a mí mismo en público, es decir, en esta bitácora, que leería y comentaría Freedom, Libertad, la agasajada novela de Jonathan Franzen, que dice venderse como rosquillas entre el público culto. Compré el libro en septiembre en la estación de ferrocarril de Nurenberga, y lo puse en la cola de novelas por leer. La edición en inglés (“Freedom. A Novel”. Picador. NY 2011.) tiene 706 páginas. He  llegado exactamente a la mitad, pág 349, y la he devuelto a la estantería.

Lo que me incitó a leer Libertad, además de la buena prensa que acompañaba a su publicación, fue unas afirmaciones de Franzen publicadas en 1996 y exhumadas con motivo de la campaña publicitaria de Freedom. En un ensayo publicado en la pulcra revista Harper’s, dijo que la gran novela de crítica social había muerto, y que él se proponía resucitarla. Franzen salvaba la cara de De Lillo, de Pynchon y de algún otro autor norteamericano, al decir de ellos que estaban menospreciados, dirigiendo el pecado  a la literatura anglosajona llamada mainstream, popular.

Lo poco que conozco de ella me hizo reaccionar con una miajita de ira. Me parecía una fantasmada que un joven novelista sin currículum voceara cosas así en público. Alguien que está convencido en serio de poder renovar algo oxidado en la cultura, arriesga mucho anunciando su propósito, y deja ver que no es precisamente un tipo sensato, sino, quizá, todo lo contrario.

He leído a John Irving, a Richard Russo, a Ian McEwan, Kazuo Ishiguru, y tengo referencias de otros autores anglosajones  como Martin Amis. Afirmar que la gran novela de crítica social ha muerto es abofetear a estos autores y a algunos más.

Después de leer Freedom confirmo mi sospecha de que a Franzen se le llenó la boca  al pretender salvar a la literatura. Es un buen escritor, pero en absoluto mejor que los citados. No he abandonado su novela por una inflación de ira, sino  por aburrimiento.

Me ha pasado lo mismo con Dickens, con Balzac, con Zola, con Benito Pérez Galdós, incluso con Clarín. Los periodos largos, la concatenación de subordinadas, las precisiones secundarias incrustadas en la narración de hechos principales, todo esto me fatiga, sin duda porque mi  percepción se ha acostumbrado a la tuitera pasión sintética de lo postmoderno.

He leído diálogos y situaciones de Libertad que se me hacían larguísimos. Estoy seguro que a Franzen le parecían necesariamente amplios. Pues, muy bien.

Quería escuchar los ecos de nuestro tiempo en los textos de un novelista yanqui. Por eso compré la edición en inglés. Y sólo he conseguido oír esos ecos a medias. Me ha costado penetrar en el lenguaje de Franzen. Emplea angloamericanismos con los que no estoy familiarizado, de clases sociales similares a la progresía española. Angloamericanismos que no vienen en los diccionarios que poseo. Y no tenía ganas de leer la novela al lado de un ordenador. Así que me he quedado con las ganas de saborear las delicias que Franzen ha preparado a sus lectores.

Otra cosa que he advertido en la novela es la intervención moral del autor en las acciones de sus personajes, algo que, por ejemplo, su admirado De Lillo no hace.

He aguantado el relato desolado de Patty, pero al entrar el novelista en el hijo de esta progre (en Norteamérica se les llama liberals) colmada de frustraciones he empezado a aburrirme.

Me gustaría saber qué piensa Franzen de Michel Houellebecq. Este francés es el novelista europeo de la sordidez que alberga la clase media educada de su patria, extensible a casi todos los países que hoy disfrutamos y padecemos el euro. La sordidez de Franzen es mucho más llevadera, aunque coincide con los novelistas sórdidos en ignorar la parte no sórdida de sus personajes. A mí, Houellebecq no me gusta en absoluto. Tampoco me gusta Belén Gopegui, en cierto modo la representante de la novela sórdida española, y es una excelente narradora.

Acabo con una referencia a la impregnación política o ideológica de Freedom. Dice su autor que estuvo atascado durante los años de la presidencia de Bush, pero que en cuanto Obama fue elegido presidente, le llegó la fluidez. Esto me parece una muestra de idiocia. Algo curioso, porque estoy seguro de que Franzen es bastante menos idiota que los personajes que retrata con tan pesada precisión.

En resumen, temo que la estrella de Franzen brillará menos de lo que él esperaba que lo hiciera, desde luego por proponerse salvar la literatura anglosajona de un naufragio inexistente.

COSMOMARTILLAZOS EN GANDÍA

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Sculptor Constellatio es el título de la instalación de Víktor Ferrando en las calles de Gandía. Permanecerá abierta hasta el mes de marzo. Las fotografías son de Ángel Rosique.

Que Víktor Ferrando se proclame autodidacta no es una postura de artista, y menos aún una impostura, pero tampoco es una anécdota. Víktor pertenece a una especie de creadores a punto de desaparecer, los que se han hecho a sí mismos. En esto radica la parte pequeña de su mérito, la parte grande está en su imaginación y en su capacidad creativa, poco habituales hoy, y casi siempre enmascaradas por una retórica con frecuencia incomprensible y muchas veces vacía.

Las esculturas de Víktor no son ni un capricho ni una broma, son explosiones siderales congeladas en metal ferroviario, con elementos reciclados de una industria que se ha quedado obsoleta, pero que en las manos de Víktor adquieren ese significado enigmático y a la vez contundente que tiene toda obra de arte auténtica.

En las últimas décadas la creación artística ha entrado en un territorio sin secretos ni sorpresas, donde el mayor “valor” es el escándalo o la novedad cosmética, acompañadas de una bacanal publicitaria.

Ello se ha debido, entre otras cosas, a disolución del oficio, aprendido con la práctica y la guía de un maestro, en la categoría “superior” y “noble” del “artista”.

Hasta ahora, sólo la música exigía un oficio, adquirido tras largos años de estudio y práctica de un lenguaje complejo y universalmente aceptado, tanto en la producción “ligera”, “convencional” o “clásica”.

Pero cuando la creación literaria se convirtió en un gran negocio a mediados del siglo pasado, y las fastuosas ferias internacionales comercializaron el arte plástico en los años setenta, fuera cual fuera su escuela, modelo o argumento conceptual, los creadores se fueron convirtiendo poco a poco en profesionales. Y no hay mejores profesionales que los que se han preparado para ello: los licenciados en literatura y en bellas artes.

Visite usted el museo más remoto, entre usted en la galería provinciana más escondida, busque usted en las librerías el último bestseller (y también la poesía, el teatro y la novela no convencional). Fíjese en la nota biográfica del autor: todos son licenciados, y la mayoría, profesores de instituto o de universidad.

En el mundo de la creación audiovisual, el fenómeno es semejante.

El arte se han “funcionalizado”, comercializado, mercantilizado, y lleva camino de fosilizarse si lo dejamos en manos de “profesionales”.

No se desprenda de este razonamiento que la creación artística deba reservarse a  los genios; eso es una tontería romántica. Todos los seres humanos somos creadores, por mucho que los que se han pagado un título deseen monopolizar el negocio. Quizá pocos tienen la suerte de Víktor Ferrando, que es poseer talento, firmeza, fortaleza y generosidad, estas tres últimas virtudes raras.

Puede que sea cierto que el Universo se originó en una Gran Explosión, pero es indisputable que el Universo  Ferrandiano está hecho con soplete y martillo, misteriosamente ligados, a través de las manos autodidactas de Víktor, a su hirviente cerebro sin contaminaciones académicas.

Una utopía realizada en el Minho: de la tradición a lo contemporáneo.

Al fondo, invisible, el océano Atlántico

Al fondo, invisible, el océano Atlántico

Los griegos antiguos ya nos advirtieron sobre el engaño de las apariencias, algo muy digno de tener en cuenta en esta crónica que me dispongo a hacer sobre Portugal y ENCONTRARTES: Encontro das Artes da Tradição ao Contemporâneo, en el auditorio de Fontarcada del municipio de Póvoa de Lanhoso.

Las nuevas instalaciones del Centro de Criatividade, en las naves en desuso de un centro educativo.

El marco de ENCONTRARTES es la localidad citada, situada a pocos kilómetros al norte de Braga y por tanto cerca también de la frontera española con Galicia. Póvoa forma parte de la región de Minho, tiene más de veinte mil almas, distribuidas en dieciocho freguesías o parroquias, a lo largo y ancho de una serie de vallecitos de complicada orografía para las comunicaciones terrestres, entre campos de maíz, emparrados de los que sale el vinho verde, henares, hórreos de piedra berroqueña, bosquecillos de pinos, algún que otro carbalho o roble, y multitud de eucaliptus que no hacen ninguna falta en ese paisaje verde y húmedo, aunque supongo que habrá quien los aproveche.

Si se entra desde Verín, en Orense, por Chaves, o desde Tui, en Pontevedra, por Ponte de Lima, el escenario agrícola y geológico es exactamente el mismo. Y sin embargo, en los valles de Póvoa de Lanhoso y de otros municipios próximos crecen naranjos y olivos. Los huertos están llenos de grandes árboles poblados en estas fechas de naranjas que nadie parece aprovechar, porque las que se venden en los mercados vienen del Algarve. El clima, pues, debe ser favorable a estos cultivos mediterráneos, aunque es extremadamente húmedo, si bien las sierras protegen la zona de las galernas oceánicas, a sólo treinta kilómetros en línea recta.

Un naranjo al lado de un hórreo

La región está muy poblada, y ha sido uno de los grandes nutrientes de la emigración portuguesa hacia Francia, Suiza, Alemania y el Benelux. Esto salta a la vista en la arquitectura de los edificios en las freguesías, que parecen urbanizaciones, a veces de lujo, pero que son producto del duro ahorro de sus propietarios a lo largo de sus años de emigración. Braga y Oporto están unidas por una bulliciosa conurbanización de 60 kilómetros, a lo largo de la carretera nacional 14.

Circulando por las autopistas y carreteras de Minho y Porto y paseando por sus numerosas y bellas ciudades se observa un país próspero que no se diferencia en nada del tren de vida de España, salvo en la apariencia urbana, mucho más atractiva la portuguesa en relación con Castilla, y también con Galicia, aunque menos. El topicazo de entrar en una tierra distante décadas de la española es hoy insostenible. Dicen que este salto hacia la modernización de las apariencias es lo que ha inflado la deuda portuguesa, pero no creo que sea esa toda la explicación. Conviene no olvidar que el desempleo oficial allí está muy por debajo del nuestro, y eso significa algo.

Una estampa del mercado de la quarta-feira (miércoles) de Póvoa

Así pues, el Portugal que se ve es sólido y vital. Un paseo por los mercados semanales muestra retazos de la antigua imagen rural, con sus paisanas y paisanos de rasgos rudos, su cerámica popular, sus gallos polícromos (los vivos y los de barro) y sus bordados chillones. A mí esto me resulta reconfortante: comprobar que el vivero humano conserva su autenticidad casi intacta. Confieso que soy “eçaqueirosiano”.

Porque es este vivero humano el que nutre ENCONTRARTES.

La heroína María da Ponte, pistola en mano, encabezando la inauguración de Encontrartes

He anunciado en la entrega anterior que ENCONTRARTES ha albergado folklore, música y danza modernas, teatro, talleres sobre todas estas disciplinas, exhibiciones y realizaciones in situ de arte plástico, proyecciones de video, gastronomía y artesanía. Según su organizador y director del Centro de Criatividade, el gallego Moncho Rodríguez, los participantes activos en ENCONTRARTES rondarán las dos mil personas, más los visitantes pasivos, quizá otros tantos.

Si el curioso lector desea conocer detalles del Centro de Criatividade y sus actividades, pinche e indague. Me limitaré aquí a resumir las intenciones de quienes han promovido y llevado a cabo ENCONTRARTES.

Cristina Faria y Narciso Fernández, bien abrigaditos, porque en la nave hizo un frío polar, algo que no disuadió a los participantes y visitantes.

El objetivo, dicho en términos técnicos, era dinamizar, movilizar a una población rural (es una forma de hablar, porque el campo portugués es poco “rural” hoy en día), apartada de los circuitos por los que se supone que circula la savia de la cultura postmoderna. En términos humanos, ENCONTRARTES ha sido una fiesta popular concebida para que la población de Póvoa de Lanhoso descubra su venero de riqueza cultural, lo recoja y lo explote en su beneficio y en el de quienes, como mi mujer y yo mismo, hemos sido testigos y participantes en él.

El subtítulo de ENCONTRARTES es “encuentro de las artes, de la tradición a lo contemporáneo”. Lo que conserva una población antigua es su tradición vía folklore. El inicio de los tres días de ENCONTRARTES fue un desfile de diversos ranchos o agrupaciones folklóricas locales, con fanfarrias y gaiteros (de Braga). Encabezaba el desfile una encarnación de María da Ponte, una heroína local del siglo XIX, de características similares a Agustina de Aragón.

El público, divirtiéndose.

A primera vista la impresión era un pasacalles de coros y danzas. Luego, en el interior del magnífico edificio de Fontarcada que ahora es el Centro de Criatividade, se iniciaron las actuaciones de unos bailes populares que forman parte de la familia ibérica, porque los aires eran de jota o de muñeira, y las indumentarias similares y equivalentes a las de los charros salmantinos o los campesinos zamoranos. Entremedias, un grupo de concertinas marcaban las transiciones de una actividad a otra. Menciono, como ejemplo, las del primer día, jueves o quinta–feira, del 8 de diciembre, día de la Inmaculada: Fanfarria de Fontarcada, Gaiteiros de Braga, Rancho Fontarcada. Coro do Vale do Cavado, banda de Calvos (una de las freguesías), grupo coral Sobradelo, Sarau de Memória, Cantares ao Desafio (dos paisanos compitiendo con sus salmodias improvisadas que se respondían mutuamente).

Los dos paisanos de los Cantares do Desafio

Pero tras la primera impresión, en la sexta-feira y el sábado había una segunda. Un concierto de música moderna portuguesa (Cristina Farías e Narciso Fernandes, voz y músico prodigiosos de fado y otros géneros), oficinas (talleres) de yoga, de interpretación, de danzas orientales, de compotas, baile de salón aula de hip-hop, teatro Assédio de Porto con una obra de Harold Pinter, aeróbica de Covelas, Poética dos Objectos, Centro de Dança de Porto, teatro para jóvenes interpretado por ellos mismos (Cavalinho Azul), danza contemporánea de una escuela de Braga, concierto post-pop (The Soundmakers) y un fin de fiesta para chavales y chavalas de digeis o DJ.

Los chavales y chavalas degustando soupa.

Se ve en esta relación el anudamiento entre tradición y modernidad o postmodernidad. Y el trasfondo que sostuvo ENCONTRARTES y sostiene las actividades del Centro de Criatividade es promover la acción cultural de la población. A lo largo de tres días por el auditorio y las naves de Fontarcada pasaron todos y cada uno de los grupos e individuos que hacen algo en el ámbito de la creación artística, folklórica, artesanal y plástica en Póvoa de Lanhoso y alrededores. Los ciudadanos actuantes eran en su mayoría personas de edad media, aunque había muchos jóvenes, pero entre los espectadores predominaban los chicos y chicas de la zona, la mayoría estudiantes de secundaria, que tuvieron la oportunidad de ver, de presenciar, de comprobar que en su tierra se producía tanto y sobre todo mejor que lo que les muestran los medios de comunicación convencionales.

Fátima Moreira, Moncho Rodríguez y un desconocido (para mí)

El alma mater de este proyecto es Moncho Rodríguez, apoyado por la vereadora (concejala) de cultura de la localidad, Fátima Moreira.

Si el lector curioso desea conocer más sobre el Centro de Criatividade, puede hacerlo en el artículo de esta misma bitácora Menos mal que nos queda Portugal.

Una de las acciones de danza

Pero se ha de subrayar que la gran novedad, el mayor valor del Centro de Criatividade de Póvoa de Lanhoso no es su respaldo a la tradición y al folklore, ni su combinación con las expresiones modernas de la cultura, lo verdaderamente grande es el impulso, el empujón constante que hace a la creatividad personal y colectiva de los habitantes de Póvoa, no sólo libres de crear lo que les venga en gana, sino con los medios para hacerlo a su disposición. Cualquier ciudadano de Póvoa que desee experimental, indagar, fabricar o crear algo relacionado con el servicio cultural a su comunidad, sólo  tiene que ir al Centro de Criatividade y proponerlo. En el programa de ENCONTRARTES se resumen los propósitos extraordinarios, que suenan utópicos, alternativos, y aparentemente más propios de “indignados” que de ciudadanos convencionales: “Un auténtico ejercicio de fusión cultural, donde se mezclan creaciones y creadores, la tradición y lo experimental, la producción local en colaboración e intercambio con otras experiencias de dentro y fuera de Portugal… En este momento crítico de mudanza de los modelos sociales, el arte y la cultura pueden contribuir desvelando alternativas, abriendo caminos y capacitando a las nuevas generaciones, para la construcción de un futuro diferente, donde la creatividad sea la herramienta de los pueblos para vencer todas las crisis”.

Así sea porque así fue.

Galería de imágenes

El actor Pedro Giestas presenta una actuación

Un artesano de la madera

Una artesana de filigranas de oro. Póvoa tuvo minas explotadas ya por los romanos.

Antonia Bueno y Moncho Rodríguez

La banda de concertinas

 

Taller de bailes de salón

Un aspecto del interior del Centro de Criatividade

 

Fachada del Centro de Criatividade

 

 

“Encontr-artes” en Póvoa de Lanhoso

Una de las acciones en el Centro de Criatividade de Póvoa de Lanhoso

Junto con mi mujer, Antonia Bueno, la semana pasada he participado en Encontrartes. Encontro das Artes da Tradição ao Contemponâneo, en el auditorio de Fontarcada de la localidad portuguesa de Póvoa de Lanhoso, organizado para celebrar la inauguración del nuevo Centro de Criatividade.  Han sido tres días de una intensa programación sucesiva y a veces simultánea de músicas, teatro, danza, artesanía, artes plásticas, talleres lúdicos y una introducción que consistió en una mesa redonda sobre el tema “La creatividad en tiempos de crisis”.

De izquierda a derecha, Dario Oliveira, Carlos Martins, Fátima Moreira y Fernando Bellón

Participaron Dario Oliveira, Carlos Martins y yo, presentados por la vereadora (concejala) Fátima Moreira. Dario Oliveira es el director del Festival Internacional de Cine Curtas Vila do Conde, que el año próximo celebra su vigésima edición. Contó su experiencia desde el inicio del festival, una apuesta de aficionados al cine con ganas de dinamizar su ciudad, a la orilla del Atlántico, al norte de Oporto, y que poco a poco se ha transformado en un reconocido festival internacional de cortos documentales y de ficción, con frecuencia no tan cortos, pues pueden durar una hora.

Carlos Martins es el director general de Guimarães 2012, capital europea de la cultura, y centró su discurso en el lúgubre futuro que nos espera si no cambiamos nuestro paradigma económico, con un planeta desolado, superpoblado y en crisis permanente.

Ambos ponentes reclamaron un cambio de actitud de los jóvenes presentes en el auditorio, prácticamente todos de Póvoa de Lanhoso, en favor de la creatividad, de la imaginación creadora, del sentido práctico pero también sostenible, etc.

Mi discurso fue un poco más abstracto, pero en la misma línea. Lo reproduzco a continuación. Enlo spróximos días colgaré información y comentarios más comprensivos de “Encontrartes”.

Un momento de la inauguración de "Encontrartes"

Notas para Póvoa

1.- Jamás en la historia de las sociedades humanas se había alcanzado un grado de bienestar como el presente. Incluso aquellos grupos sociales más pobres y apartados de nuestra cultura de consumo reciben algún tipo de asistencia, que les permite sobrevivir, aunque esta sobrevivencia nos parezca a nosotros indigna.

Jamás en la historia de las sociedades humanas, habíamos dispuesto de tantos individuos cualificados profesionalmente. Tenemos científicos que investigan en beneficio de la sociedad, médicos que nos curan y nos previenen de enfermedades evitables; ingenieros y arquitectos que proyectan puentes, ferrocarriles, aviones, edificios de viviendas, centros comerciales, industrias; tenemos profesores que enseñan a nuestros hijos y a nosotros mismos si lo deseamos; y tenemos creadores profesionales que nos entretienen, nos deleitan o nos llaman la atención sobre los defectos de nuestra sociedad; tenemos intelectuales que discuten sobre las medidas más apropiadas para remediar las injusticias, y políticos que aplican estas ideas o las suyas propias; tenemos fuerzas armadas que nos protegen, y también tenemos empresarios medianos, grandes y supergrandes que producen, compran y venden todo aquello que consume la sociedad.

Nuestro modelo social, de estado, de sociedad, visto desde, digamos, el siglo XV, realiza un ideal platónico.

Y sin embargo, sobran científicos y médicos, hay demasiados ingenieros, cantidad de profesores están en paro, los creadores sobreviven de limosnas, los intelectuales y los políticos se dedican a vivir del aparato del Estado independientemente de la eficiencia de su trabajo, las fuerzas armadas tienen poco que hacer dentro de las fronteras y los empresarios se arruinan a velocidad pasmosa.

¿Cómo es esto posible? ¿Cómo es posible que una de las sociedades mejor preparadas de la historia tenga todos los recursos necesarios para vivir con comodidad, e incluso un exceso de bienestar, y se encuentre al borde  de un precipicio económico y político? Luis de Camoens, Miguel de Cervantes, dirían que nos hemos vuelto locos, que somos unos imbéciles, que teniéndolo todo estamos echando a perder nuestro futuro.

Supongo que habrán observado ustedes que en el enunciado de sectores profesionales que acabo de hacer falta uno, el más importante y del que se nutren todos ellos. Falta el de la población en general, el de los trabajadores asalariados, el de los pequeños agricultores, los pequeños emprendedores, los estudiantes, los desempleados, las amas de casa, los jubilados. Eso que antes llamaban el pueblo, y ahora nombramos como ciudadanía.

Es el tejido social, es la materia prima, es el océano humano del que salen los médicos, los ingenieros, los profesores, los intelectuales, los políticos; toda esa elite que dirige la sociedad se nutre del depósito de creatividad que reside en la masa ciudadana.

Creatividad. Hemos llegado al núcleo de esta mesa redonda. Creatividad y crisis.

2.- El mundo, la sociedad ha cambiado mucho en los últimos dos siglos, desde que la industria estableció su modelo. Un cambio dramático se suele decir, porque ha dejado destrucción y dolor en su camino. Y hemos llegado a un punto en el que las crisis social, económica y política vuelven a coincidir. No podemos permitir que el modo de salir de ellas sea tan traumático como las dos revoluciones que marcan la historia contemporánea, la burguesa y la proletaria. Y menos aún que desemboquemos en una guerra de todos contra todos.

Sin embargo, los políticos y los financieros, que tienen en su mano importantes palancas de cambio, se comportan como si les importara poco el resultado de sus acciones.

Da la impresión de que estemos a punto de regresar a las condiciones sociales de hace un siglo. La industria necesitaba una elite de técnicos y especialistas que se preparaban en las universidades politécnicas. Esta elite se fue sumando a la elite política, económica y financiera dominante y constituyó una elite más amplia. Una elite que dirigía, dictaba, adoctrinaba a la masa de trabajadores intermedios y simples asalariados.

El sistema no funcionó. De eso sabemos mucho los portugueses y los españoles: hemos tenido dos dictaduras, que intentaron resolver por la fuerza las contradicciones de nuestras naciones entonces “emergentes” en términos industriales.

Pareció que todo iba a arreglarlo el Mercado Común, la Unión Europea, el Euro.

Tampoco ha sido así.

Y si observamos las soluciones que proponen los tecnócratas, vemos que parecen basarse en un modelo que fracasó hace un siglo. Si nos fijamos en el marco educativo, parece que el mayor objetivo del Plan Bolonia sea asegurar una masa de técnicos con cualificación media que asista a una economía planificada por esos mismos tecnócratas, que nos dicen representar, pero que en realidad representan los dictados de los grandes financieros e industriales europeos.

Hay demasiados médicos, muchos ingenieros, muchos arquitectos, muchos profesores, muchos creadores y artistas. Es decir, sobra inteligencia.

¡Cómo que sobra inteligencia! ¿Cuál es el propósito de los planificadores? ¿Qué regresemos a una sociedad estanca de clases? ¿Tendrán razón los autores de ciencia ficción cuando dibujan un futuro tecnológico de rasgos medievales?

3.- Sea lo que sea lo que tengan preparado los tecnócratas para nuestro futuro, el futuro está en nuestras manos. Y nosotros poseemos aquello que parece faltarles a los tecnócratas: creatividad, talento, fuerza de voluntad. Empleemos todo eso en nuestro provecho, en nuestro beneficio, que es el beneficio de las mayorías.

¿Cómo?

No hay soluciones globales. Esta es la gran falacia, el gran fracaso de los sistemas políticos que se han experimentado en los últimos cien años. El resultado ha sido destrucción del tejido para volver a tejer uno nuevo. Eso no nos lo podemos permitir otra vez.

No hay soluciones globales. Las soluciones son locales. Si esperamos que los grandes poderes europeos descubran algún bálsamo de Fierabrás, el que don Quijote creía que curaría todas sus heridas, nos encontraremos atrapados por planes Bolonia en todas las áreas de la producción y de la distribución.

Casi nadie discute que tenemos que cambiar el modelo. Pero casi todos esperan que aparezca de pronto un líder carismático y nos ilumine. Eso no sucederá, y si sucede, habrá que llamarlo autocracia o dictadura. Y estamos hartos de dictaduras. No queremos más dictaduras. La solución está en nuestras manos.  En nuestra capacidad de crear ese nuevo tejido, en nuestra creatividad a todos los niveles, no sólo el artístico.

Hasta ahora hemos sido esclavos del consumo. Y parece que la crisis nos está enseñando a librarnos de esta esclavitud. Pues bien, aprovechémoslo.

Cambiar el modelo es un objetivo a primera vista imposible, sobre todo desde nuestra perspectiva de pequeños habitantes de Póvoa de Lanhoso, de Burjassot, de localidades insignificantes al lado de Lisboa, Madrid, París, Berlín o Londres.

También los filósofos de la antigüedad estaban convencidos de que la esclavitud era un fenómeno natural, inevitable, les parecía una insensatez liberar a los esclavos. ¿Qué iban a hacer los esclavos sin nadie que les diera órdenes?

Y sin embargo, los esclavos constituían el bastidor en el que se tejía la sociedad. Los esclavos trabajaban en los oficios más penosos, los esclavos eran administradores, los esclavos eran creadores, los esclavos aconsejaban a los políticos, dirigían ejércitos, diseñaban puentes y carreteras, escribían tratados filosóficos.

Nos encontramos en una tesitura histórica en la que la esclavitud puede regresar, literalmente. Esclavos mantenidos, esclavos satisfechos, esclavos felices. Pero esclavos.

¿Es eso lo que queremos de nuestros hijos? En nuestra mano está evitarlo


UNA PROPUESTA RAZONABLE

La incertidumbre sigue imperando en la política y la economía europea, y llevamos así casi un año. Los periódicos están llenos de comentarios, juicios y soluciones. En las radios y en las televisiones, los contertulios (casi los mismos que escriben en los medios impresos) hacen otro tanto. Las bitácoras digitales enuncian sus propias consideraciones. He aquí las mías, en lo referente a los que habitamos la península Ibérica.

Constituyen una propuesta razonable. Y además sería posible y eficaz, convenientemente debatida, si entre los que tienen vocación u oficio de gobierno hubiera personas valientes, generosas y lúcidas, en lugar de ser dominio de oportunistas, codiciosos o funcionarios de carrera. Parto del hecho (de momento, supuesto) de que en los próximos meses nos habrán expulsado del euro.

Ábrase un debate público e ilimitado sobre los intereses comunes entre España y Portugal. Llegados a la conclusión inexcusable de que predominan sobre los conflictos, procédase a las maniobras necesarias para llegar a la integración política. Mi sugerencia es que se establezca la capital política en Olivenza. No hará falta construir palacios, valdría una ciudad prefabricada sin el concurso de grandes arquitectos ni intervención de potentes empresas de obras públicas.

Todo lo demás manténgase como hasta ahora. Créese un ministerio de Hacienda único, establézcase una moneda propia, trabájese a fondo para crear un sistema educativo común, con la enseñanza obligatoria de ambas lenguas (más la opcional de las que se hablan y son cultas en otros territorios), céntrense talentos y esfuerzos en la relación política y económica con las antiguas colonias hispano portuguesas en todo el mundo.

Si se hace medianamente bien algo parecido, Europa empezará a temblar. Me refiero a los países que creen tener el monopolio de Europa.

La ventaja de una iniciativa así es que acaba de un plumazo con los separatismos hispánicos.  Porque, o bien se les permite en los primeros compases de la acción que se desgajen y empiecen a sobrevivir por su cuenta con moneda, hacienda y banca propia, o bien se quedarán sin argumentos, si deciden mantenerse en la unión ibérica, porque en una Europa de depredadores serían la primera víctima, posiblemente de la voracidad francesa.

Dentro de un año, volveremos a pagar en pesetas.

No sé si soy víctima de la neurastenia o es que de pronto me he vuelto un sabio. Sucede que todas las explicaciones que escucho y leo sobre la catástrofe financiera que nos afecta me parecen válidas, por contradictorias que sean. Si proceden de un experto, suenan del todo convincentes. Si proceden de un contertulio profesional, depende de su retórica.

Pero esto no es ni lógico ni posible, aunque verdadero. Juro que encuentro en todas un sentido.

Así que, animado por la temeridad o por el convencimiento de que por fin me he unido a la conciencia universal, voy a exponer mi propia hipótesis. Lo digo en serio, no voy a hacer derrapes mentales, sino a ajustarme a razones similares a las de los verdaderos sabios.

Siendo yo un muchacho, recuerdo a mi padre asegurar que lo mejor que uno podía hacer con el dinero sobrante era comprar bonos del estado español. Eran seguros y rentables, aunque al parecer no tanto como otros productos financieros. La inflación estaba entonces por las nubes. Imagino, pues, que la rentabilidad de los bonos sería altísima, en relación a la actual prima de riesgo. Pero, o bien no había prima de riesgo o a nadie le importaba que la hubiera. La diferencia más grande es que entonces no había euro, y el gobierno español podía maniobrar con su moneda.

De pronto la prima de riesgo se ha convertido en la bicha, en la fórmula de la piedra filosofal, en la conspiración bolchevista al revés, en un poste totémico, una plasmación de la antimateria. ¿Quién la hace? ¿Cómo la hace? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Por qué? ¿Para qué? Es el viejo polinomio informativo N=4W+H.

No sé nada de economía, pero tampoco soy un ingenuo. Lo que yo deduzco del torrente de noticias, rumores, fantasías, argumentos, falacias, conjeturas es que debemos preparanos para que, hacia el verano próximo, la Unión Europea se fraccione en dos, los del euro y los que recuperen su moneda nacional. Es la única forma de funcionar. Llámese como se desee, una Europa a dos velocidades, de primera y segunda división, de nucleo duro y de periféricos… No sé qué pensaban los políticos que decidieron extener el euro donde ahora llega, es decir, por qué no hicieron caso a quienes avisaban de los peligros que hoy se han convertido en amenazas pendientes a punto de caer: países que eran insolventes ya, que aprovechaban los préstamos para repartirlos entre sus clientes, según la acepción griega y latina.

De forma que no hay otra manera de salir de esto, porque la alternativa es todavía más dura: la renuncia de la soberanía nacional. No creo que el experimento italiano y el griego duren mucho, o no creo que tengan éxito, la fuerza de la costumbre, la inercia es potentísima. Sólo con un gobierno europeo, unas finanzas europeas, unos impuestos únicos europeos, un banco europeo único, etc. Europa podría dominar a los díscolos.

Lo que yo preveo es un esfuerzo tintánico por parte de Rajoy para recuperar el país y mantenerlo en la Europa Dura. Otra cosa es que sepa hacerlo, que acierte, que le dejen, que pueda. Como mucho, tiene ocho o nueve meses, que no es nada. Si se admitieran apuestas, yo lo haría contra él. No le embido la ganancia, porque, a estas alturas, parece que ganar, ganará.

El enigma del Intruso

El Instituto Francés de Valencia es una institución meritoria. Enseña lengua francesa y promueve la cultura francófona a lo largo del año escolar. En su salón de actos de la calle Moro Zeit se realizan conferencias, se representa teatro, se interpreta música y se proyectan películas. Al tiempo, las exposiciones de arte plástico se suceden en el vestíbulo del edificio. La personalidad rica y caleidoscópica de su director, Pascal Letellier, se advierte en la programación, variada, pero centrada en el presente rabioso de “lo francés”

La última película que he visto estaba enmarcada en un ciclo protagonizado por el filósofo francés Jean-Luc Nancy, de cuya existencia me enteré con motivo de la programación de las jornadas. Como soy un completo ignorante de la filosofía de este hombre, me limitaré a comentar lo que presencié la tarde del 16 de noviembre.

El señor Nancy presentaba la película de Claire Denis “L’Intrus”, basada en un libro escrito por el filósofo con motivo de un trasplante de corazón que sufrió en su día. El libro, según me pareció entender, son las reflexiones de un paciente que piensa sobre un acontecimiento personal y vital (literalmente) en clave filosófica. Y el intruso, obviamente, es su nuevo corazón.

La película de Claire Denis está inspirada en el libro de un modo extremadamente libre, según advirtió el propio filósofo al presentarla. De hecho vino a decir que cuando él la visionó antes de su montaje definitivo, no le encontró relación con su discurso escrito, pero que la autora, buena amiga suya, insistió en encadenar el filme al libro por razones de método y estilo cinematográfico.

Esto quiere decir, estimo yo, que la película “se atiene” al pensamiento del señor Nancy. En el programa impreso del Instituto Francés se dice sobre él: “Jean-Luc Nancy forma parte de los pensadores que creen que el mundo no debe ser considerado como un sistema lógico y estructurado, sino complejo y fragmentado, atravesado por flujos que perturban las referencias estables y las correspondencias.” Me parece un resumen muy preciso, que revela la adscripción del señor Nancy a la hégira del postmodernismo, predominante en la intelectualidad francesa, que ha contagiado a la española e italiana con su virus imbatible .

Confieso que soy poco postmodernista. Y la película “L’Intrus” me dio más razones para distanciarme de esta corriente que, sin embargo, respeto y admiro.

Uno de los argumentos del señor Nancy en la velada referida giraba en torno a la diferencia entre presentación y representación en la obra de arte. El final, vino a decir, son la misma cosa. Y en esta paradoja se erige la estructura del guión de “L’Intrus”. Como iba advertido, aguanté la proyección hasta el final con espíritu estoico. Pero si hubiera entrado en un cine, incluso de arte y ensayo, a verla, me habría marchado a la media hora.

Me gustaría resumir lo que vi, hacer una recensión orientativa. Pero es imposible. Se necesita un tratado postmodernista para transmitir algo sobre una película que, al parecer, es eso que se ha dado en llamar “un icono”, que es como decir un tótem, una figura que representa a la divinidad, un objeto de culto.

Cuenta una historia de manera fragmentada, equívoca, a-cronológica, con escenarios internacionales anti-turísticos. En realidad no cuenta una historia, descompone una historia, nos la tira a la cara hecha pedazos para que nosotros, los espectadores, la recompongamos. Yo, la verdad, no voy al cine para eso, ni al teatro, ni a un espectáculo de danza, ni me gusta leer textos escritos de manera tan oscura que me hacen sospechar que el autor no tiene nada que decir o que añadir a lo dicho.

“L’Intrus” empieza en la frontera franco suiza, se plantea en los bosques de la zona, de pronto salta a Corea y de allí a Tahití. El protagonista es un señor mayor que ha comprado un corazón nuevo en el mercado negro, y se dispone a un trasplante. Poco a poco vamos deduciendo que es un mafioso ruso con un pasado en las islas francesas del Pacífico, y que tiene enemigos, algo nada extraño, porque al inicio de la película el tipo acuchilla a muerte a alguien que parecía seguirle los pasos por las montañas suizas.  Este hombre se pasa la película o haciendo ejercicio (cosa sorprendente, si su corazón está hecho añicos) o tumbado aquí y allá con cara de sufrimiento íntimo.

Hay otros personajes secundarios vulgares y misteriosos a la vez. Una paradoja más, supongo. Pero encajarlos en la historia es algo a primera vista aleatorio. Me figuro que la directora deja a nuestro arbitrio hermenéutico encajar las piezas de la narración. Pero, al escribir el guión, ella tendría algo en la cabeza, una estructura, una orientación, porque no me la imagino grabando en Suiza y, de pronto, pensar que era muy gracioso seguir en Seúl, y luego en Papeete. ¿De dónde habrá sacado esta señora la millonada que habrá costado rodar “L’Intrus”? Confieso que es pura envidia de intelectual orgánico, que se gana la vida a costa del erario público. Seguramente hoy la señora Denis no haría la misma película, dados los ajustes presupuestarios de los financiadores culturales. No deja de ser un alivio.

He indagado superficialmente en Internet sobre Claire Denis y “L’Intrus”. Aquí dejo algunos enlaces: Videodrome, La Calle Morgue, Las Estrellas, El Ojo Soberano. En ellos se glosa esta película y la obra de Denis con mayor conocimiento que el mío. Añado dos portales en inglés y en francés: Senses of Cinema, Les Inrocks.

Tras asistir a la conferencia de Jean-Luc Nancy y a la proyección de “L’Intrus” de Claire Denis,  y tras rastrear en la red, compruebo que el maître penseur Nancy va por buen camino cuando afirma eso de que “el mundo no debe ser considerado como un sistema lógico y estructurado, sino complejo y fragmentado, atravesado por flujos que perturban las referencias estables y las correspondencias.”

Con la que está cayendo…

Un fin de semana fantástico en Mislata

El fin de semana del 12 y 13 de noviembre han tenido lugar en Mislata (Valencia) Hispacon e Imagicon, dos encuentros fundidos en uno para los amantes de la ciencia ficción, la fantasía y el género de espada y brujería.

Para algunos de quienes hemos asistido, ha sido un aliviadero a la tensión y a la crisis que nos zarandea, como un niño afectado de un berrinche sacude un juguete. Mientras Berlusconi se busca la vida en otros escenarios, los banqueros y financieros urden nuevos enjuagues, los políticos en general intentan ocultar en mítines y ruedas de prensa su histeria y su pánico, y las bolsas se preparan para más montañas rusas, un grupo de personas dedicaba el fin de semana a compartir fantasías que desvelan el crudo estado de ánimo de nuestra sociedad real: sexo, dinero, violencia, ucronía y apocalipsis.

La ventaja de los “hispacones” e “imagicones” es que se entregan a baños de sangre y a viajes intergalácticos sembrados de cadáveres con la desenvoltura que los españolitos del siglo XVI se reunían para escuchar lecturas de libros de caballerías, para entretener su ocio. Por cierto, un siglo marcado a hierro y fuego por una crisis que costó al imperio español su preeminencia. Es una semejanza muy oportuna.

Desde hace pocos años leo ciencia ficción con harto agrado. Buscaba una oportunidad de encontrarme con lectores como yo. Y he comprobado que son algo más que lectores. Este sería su retrato robot: hombres, de mediana edad, educados, con formación científica y humanística, y con un conocimiento de la historia de la ciencia ficción muy sólido. Me complació ver que contaba con un excelente plantel de maestros de los que aprender en esta afición mía.

Contrasta con este retrato robot el público de la fantasía y el género de espada y brujería. Son jóvenes o muy jóvenes, más chicas que chicos, con una desenvoltura y apariencia “frikis” ,y una pasión que me hacía pensar en las aficiones futbolísticas, volcadas en sus equipos y en las competiciones deportivas, pero no tanto como para perder la auténtica personalidad en su afición, salvo raras excepciones. Se puede ser acérrimo del Sporting o del Sevilla, manteniendo la personalidad, la prudencia y el sentido común en la vida diaria.

Estos chicos y chicas de la fantasía, la espada y la brujería no suelen interesarse por la ciencia ficción, aunque a la inversa no sea así, los adultos “fans” de la ciencia ficción sí hacen incursiones en esos géneros que, si se me permite el atrevimiento de la ignorancia, calificaré de menores en relación a la SF auténtica, que es la que desarrolla problemas morales, políticos y científicos.

El encuentro tuvo una complejidad extraordinaria. Decenas de conferencias, presentaciones de libros, mesas redondas, talleres de cosas (para mí) peregrinas, como el maquillaje, la sastrería élfica (es un decir) y los juegos de mesa de mundos tolkenianos. Y también una pequeña feria del libro.

La industria del libro de fantasía, espada y brujería es considerable. Dominan, como es lógico, las grandes editoriales, que, sin embargo no monopolizan el mercado. Hay cantidad de pequeñas editoriales, que al parecer no persiguen el lucro (tampoco pueden, la verdad), sino que buscan satisfacer una pasión, igual que hay peñas de fútbol, grupos musicales, compañías de teatro aficionado o ateneos culturales. Es decir, que la llamada sociedad civil, “la gente”, se organiza de acuerdo con sus gustos, aficiones y entusiasmos al margen del maldito mercado, incluso aunque el mercado intente por todos los medios aprovechar este margen de libertad de los individuos.

Es revelador en este sentido que la mayoría de los que hicieron acto de presencia en Hispacon e Imagicon se conocían. No todos, sino grupos de personas, algunas de las cuales hacían de vínculo entre conjuntos. Yo debí ser de los pocos bueyes sueltos o free keys de verdad.

Asistí a todos los eventos que pude. La ciencia ficción, como digo, fue una especie de Cenicienta, pero el interés de las conferencias fue máximo. La ciencia ficción se ha practicado en España más de lo que los profanos creemos. El ejemplo más evidente es el de La Saga de los Aznar, una serie de novelitas que en los años 50 se llamaban “del espacio”, escritas por un valenciano. Tuve ocasión de conocer a autores veteranos como Carlos Saiz Cidoncha, y a eruditos de la historia de la ciencia ficción como Augusto Uribe o Ramón San Miguel . El colofón de las jornadas, en lo que a SC se refiere lo hizo Sergio Mars, otro hombre enciclopédico, bastante más joven, que además escribe historias. Dio una conferencia rica de contenido y con entretenida retórica sobre la “Etica de frontera: dilemas morales en la frontera de la ciencia (ficción)”.

Gracias a todos ellos he cargado mis pilas psico-voltaicas de energía positiva, que falta me hace.

Los papeles de Rajoy

Los debates televisados entre candidatos se han convertido en un elemento imprescindible de la democracia. No me parece que esta proposición sea cierta, porque quienes la promueven tienen intereses creados: los medios de comunicación. El debate Rubalcaba – Rajoy (Ra vs Ru) habría pasado desapercibido sin el aparato propagandístico que lo precedió y el circo mediático que lo envolvió. Esto no es una crítica, sino la constatación de una falacia. Los urdidores de los Mass Media se han empeñado en que si no estás en ellos no existes, y casi todo el mundo lo da por bueno. La realidad desmiente semejante infundio, porque las ciudades y los pueblos están llenos de personas con algún rasgo extraordinario, que son perfectos desconocidos incluso para sus vecinos.

Me han llamado la atención ciertas reacciones de los formadores de opinión radiofónicos, que son los que escucho con cierta regularidad. La de saliva que habrán gastado discutiendo si ganó Ru o ganó Ra. Alguna opinión he escuchado lamentando que se hubieran dejado fuera del debate temas candentes como la corrupción política. Sospecho que la decisión o el acuerdo de hacerlo se basaba en la fundada sospecha por parte de los políticos de que la población está bastante harta de sus corruptelas y de los pugilatos que se derivan de ellas, sin que nadie haga lo más mínimo por remediarlas. Ahorrémonos esta vergüenza, deben haber pensado.

Pero lo más indecente de todo es la formalidad de las críticas que hacen los opinadores de uno y otro bando. Lo decisivo es cómo han actuado, cómo han hablado, si han hecho rictus con la boca o no, si sudaban o si se les secaba la boca, si su mirada revelaba nerviosismo, si sus gestos manifestaban segmentos malévolos ocultos a la luz pública… Lo que dijeron, a lo que se comprometieron, lo que se resistieron a confesar, todo eso parece carecer de importancia.

Entre las observaciones más chuscas está la de los papeles de Ra, y la naturalidad de Ru. No puedo evitar indignarme ante este supuesto análisis. Es que la tele es imagen, y hay que cuidarla, dicen. Pues llevando el argumento al extremo, vamos a promover como candidatos políticos sólo a aquellos que sean jóvenes, guapos, versátiles, fotogénicos, graciosos y con una retórica de teleserie, porque son los más televisivos. Convirtámos el ejercicio de la política en un show guionizado, todo el poder para los guionistas. Fuera los políticos y las políticas sin salero y feos de cara, aunque sean fabulosos economistas, aunque sean negociadores natos, aunque tengan experiencia nacional e internacional, aunque sepan idiomas. Nada, lo único que vale es que no miren a los papeles, que fascinen como serpientes pitones a los televidentes.

Como dice un personaje de la tele: ¡Vaya-usté-a-la-mierda!

Afortunadamente, los electores tenemos más criterio del que los opinadores y directores de campaña nos otorgan.