Oliverrock’s Weblog

El chico que siempre quería estar haciendo otra cosa

Febrero 1, 2010 · Dejar un comentario

El Landwehrkanal a su paso por Kreuzberg. Berlín

He acudido al VI Encuentro de Narradores Orales, Vivir del Cuento, congregado en la antiquísima ciudad de Liria (la Edeta pre romana). Es una nueva profesión de vieja raigambre, aunque minoritaria. Son 80 en toda España, quizá 100. Una minoría anti aristocrática. Se han reunido para ponerse de acuerdo en asuntos de su interés, intercambiar experiencias y responder a preguntas como ¿qué es ser un profesional de la narración, ¿cuáles son las condiciones mínimas para que se dé el acto de la narración oral de forma profesional?, y ¿por qué la narración no se considera una profesión?

El encuentro se ha realizado en un albergue de exploradores y excursionistas, un lugar de barracones de madera y cabinas para los excusados y las duchas.

Los reunidos, chicos y chicas de entre 30 y 50 años, lucían atuendos y desaliños fuera de moda, quiero decir sin marca, agrestes, quizá un tributo a los vagabundos de antaño de quienes se reclaman herederos.

Se descubre en su descuidada apariencia una voluntad de vivir al margen del convencionalismo, de la locura mediático-consumista de los tiempos presentes, un empeño en ser distintos a esa generación de neo darwinistas, encantados con bogar a favor de la corriente.

Condensaron en mí una nube gris que me retrotraía a mi juventud, en plena Transición, cuando el futuro era un paraíso de pana, de camisas de cuadros arremangadas, zapatones sucios, pelo revuelto y humo de Ducados.

Era un escenario para el cambio de época vislumbrado por Bob Dylan, para los desgañitamientos de Raimon en la facultad de Económicas de Madrid, para las burlas a la burguesía del burgués Pí de la Serra, guitarrista magistral, en un almacén de frutas de Mollerusa, para los romances de Labordeta y de Pablo Guerrero saltándose la censura.

Pero también para todos aquellos que no le tenían ni miedo ni asco al Sistema, y se expusieron a las tempestades político-sociales, arriesgaron, ambicionaron y consiguieron un trozo de pastel del que todavía hoy se relamen

Husmeando en ese VI Congreso de Narradores Profesionales, me reencontré, treinta años atrás, como un aspirante a cuentacuentos mediático ante un conflicto paralelo al de estos cien valientes juglares, seguir fuera del circuito del convencionalismo sin renunciar a vivir del trabajo creativo. Era un tiempo casi pastoril, cuando la información estaba vedada en las radios, y trabajar en TVE o en RNE era o un lujo o un estigma, y se distinguía al periodista por sus manos sucias de tinta.

En mis simas emocionales recojo lo más turbio de mi pasado, y me digo, “macho, tú has echado a perder tus posibilidades”. Pero esto es un despropósito, una falacia, una negra sensación, porque lo cierto es que he ganado mucho más de lo que perdido. Entre otras cosas, una hija y un nieto.

De este círculo de juglares del siglo XXI, admiro su perseverancia en el pedregoso camino profesional que han elegido, y envidio (un poco, no mucho) esa envoltura desaliñada y bohemia que con empeño tejen.

Y vuelvo a sentir la flaqueza, las dudas y los menosprecios a discreción que me conmovían cuando yo quería mantenerme apartado del comercio social. Y a la vez, dolorosamente consciente de que si no participaba, aunque fuera de modo tangencial o secante, no tendría dónde caerme muerto.

Ese malestar, esa contradicción, ese no hallarme a gusto en ninguna órbita exterior del planeta de las Traiciones y las Renuncias, se manifestaba en un distanciamiento equivalente, en tomarme a chacota las reuniones, las asambleas, la retórica y las propuestas de aquellos que, a gusto o no en las órbitas, querían seguir en ellas mientras resistiera su cuerpo y les sostuviera la conciencia. Me faltaba la fe y, por tanto, la constancia.

Creí haberme librado de todo aquello. Pero ahora, desde mi confortable poltrona en el planeta de la Edad Madura, observando las órbitas de los juglares recalcitrantes con mi telescopio de lentes apedreadas, rebrota la incómoda sensación como un manojo de narcisos descongelados.

Vuelvo a ser el chico que siempre quería estar haciendo otra cosa.

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¿A qué edad debe un ser humano jubilarse?

Enero 29, 2010 · Dejar un comentario

¿A qué edad debe un ser humano jubilarse?

Hasta ahora, el Estado había decretado que a los 65 años. A partir de hoy (aplazado hasta el 2013), a los 67.

Lo han decidido de golpe, sin ni siquiera advertir a las instituciones estatales implicadas, por lo que están diciendo en la radio.

¿Se puede cambiar algo tan grave como la edad de retiro de la vida laboral sin consultar con nadie?

Lo que hay detrás de esta súbita decisión es la necesidad de este gobierno de incompetentes dirigido por una acémila con mucho rostro de presentarse ante el mundo como un equipo con ideas.

Sí, pero, ¿a qué edad debe un ser humano jubilarse?

Esta es una pregunta cargada de dinamita. Para empezar, la verdadera jubilación de un ser humano es la muerte. Pero, ¿se puede seguir trabajando hasta reventar? Muchos lo hacen, sin distinción de oficios, desde los ejecutivos a los que les quita de en medio un síncope hasta un albañil que acaba cogiendo una pulmonía en el andamio.

Hoy por hoy, jubilarse significa apartarse, dejar sitio a otros. Vale. Pero, en un país con cuatro millones de parados, ¿sería una buena idea decretar la jubilación de cuatro millones de personas con trabajo? ¿Cómo va a garantizar el Estado o el gobierno de turno las pensiones de los jubilados si la tasa de paro se mantiene alta? ¿No será mejor crear las condiciones para que los desempleados trabajen que alargar la vida laboral dos años?

¿A qué edad debe un ser humano jubilarse?

Hago esta pregunta a los miles y miles de individuos e individuas que se ganan la vida por el morro. El morro que le echan apareciendo en programas televisivos que son pura basura, produciendo basura en los medios de comunicación, sentados en una silla detrás de un mostrador creando problemas a quienes llegan a su oficina a solventarlos, etc.

Vamos a repasar la cantidad de trabajos innecesarios e improductivos en los que se basa esta sociedad del bienestar. Si los suprimimos, podremos emplear el dinero en pagar a los pensionistas. Sí, pero, ¿qué haremos con los que se quedan en paro al cargarnos sus estúpidos trabajos?

El Estado del bienestar. Dicen que está en crisis. Dicen que ha entrado en la senda sórdida de los estados del socialismo real, donde nadie estaba en paro, todos trabajaban, pero muchos sin hacer nada. Dicen que los estados del socialismo real se basaban en el parasitismo, aquello contra lo que habían luchado, atribuyendo el parasitismo a la burguesía.

¿A qué edad debe jubilarse un ciudadano de Senegal, de Haití, de Afganistán?

Señoras y señores, lo que estamos es ante una encrucijada de padre y muy señor mío.

La edad de jubilación es una pura excusa, una maniobra de distracción, para ocultar que no tienen ni idea. Los que han decidido que hay que trabajar dos años más no tienen ni pajolera idea de cuales van a ser los efectos de esta imposición. Los economistas no paran de redactar informes basados en cifras estadísticas tan fiables como las predicciones de Malthus, según las cuales la Humanidad se habría extinguido hace un siglo.

Por favor, no nos tomen el pelo, no hagan demagogia, no dicten leyes azarosas. Piensen, confíen en sus súbditos, denles la palabra que las Constituciones les atribuyen pero que su ejercicio del poder, su dictadura insensata les priva.

Ya se me ha arreglado el cuerpo. ¡Qué a gusto me he quedado!

Muy bien, pero ¿a qué edad debe un ser humano jubilarse?

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¿Cuánto tiempo nos queda?

Enero 27, 2010 · Dejar un comentario

El payaso Roi Borrallas preguntándose cuánto tiempo nos queda

Antaño, los gobernantes estaban convencidos de que el pueblo era ignaro e incapaz de tomar decisiones colectivas. El objetivo de los hombres que dirigían el Estado o la Nación era el buen gobierno. Las mentes más preclaras, e incluso las que producían un pensamiento político distante del real, colaboraban con sus ideas a este noble propósito, conseguir los mayores beneficios para unos súbditos a quienes veían como infantes, a veces revoltosos, a veces mansos.

¿Sigue siendo válido este juicio en el siglo XXI?

Sí, pero invertido. Hoy, los niños son los dirigentes políticos. Porque las otras definiciones que se les ajusta son ultrajantes: idiotas, locos o malvados.

Hechos como los cementerios de residuos nucleares, la inmigración y el censo, el nacionalismo caciquil, los remedios contra la recesión económica, las normas para la educación escolar, y muchos más guardados en un saco inmenso que alberga el lastre de la incompetencia política lo evidencian.

Y no se libra ningún grupo, ningún partido, ningún parlamentario, alcalde o concejal. Todos se rodean de un enjambre de asesores ávidos de dinero y de manchar sus labios con la espuma del poder, dispuestos a vender su alma para satisfacer la mente infantilizada de sus pródigos amos.

Podía pensarse que los políticos han llegado al convencimiento de que los ciudadanos con derecho al voto (antes, el pueblo) somos niños de escuela maternal o directamente gilipollas. Y en realidad lo parecemos, porque cada cuatro años nos acercamos a las urnas y refrendamos las incongruencias y barbaridades de la casta gobernante.

¿Qué tiene que pasar para que los políticos “cambien el chip”, como se dice ahora, dejen de tomar decisiones basadas en encuestas y sondeos manipulados, se distancien del populismo y de la demagogia y empiecen a actuar como lo que se supone que son, personas capacitadas para el buen gobierno de la Nación o Naciones o lo que demonios sea España?

Imagino que una calamidad.

Dado el estado mental de esos elementos que mandan pero no gobiernan, el estado de cosas en la Nación o Naciones o lo que demonios sea España tendría que ser lastimoso. Sin embargo, uno sale a la calle y se encuentra con socavones, con papeles y bolsas de plástico ensuciando el pavimento, con trenes con retraso, con caos en los aeropuertos, con delincuentes sueltos, con niños asesinos que campan por sus respetos, et caetera, hechos que no constituyen el pan de cada día sino noticias excepcionales (de ahí que lo sean) que nos perturban y conmueven, pero que sólo afectan a una fracción, a veces infinitesimal de la población.

Esto es, el país funciona. ¿Por qué? Muy sencillo, porque la mayoría abrumadora de la población se comporta exactamente al contrario que el ejemplo de los políticos.

Ahora bien, ¿cuánto tiempo puede durar la sensatez del pueblo, si los gobernantes o mandamases no dejan de envenenar el ambiente con sus estupideces y perversidades?

Hagamos apuestas.

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Brecht el libertino

Enero 26, 2010 · Dejar un comentario

La ninfa Cultura, impresionada por el despliegue de su negociado en Bercelona
Fin de semana en Barcelona.

Vamos al Lliure, en una de las cuestas que suben a Montjuich, una instalación espléndida en el remodelado Palacio de la Agricultura, de la Exposición Universal de Barcelona de hace un siglo. Enfrente, la mole de cubos de hormigón del Institut Català de Teatre. En escena en la sala  Fabià Puigserver, Der aufhaltsame Aufstieg des Arturo Ui, La resistible ascensión de Arturo Ui, escrita por Bertold Brecht en colaboración con Margarete  Steffin, secretaria y amante suya, en 1941 en Finlandia, antes de escapar los Estados Unidos.

Este magnífico panfleto teatral (tiene las mejores cualidades de la agitación política y del arte dramático) jamás pudo verlo en un escenario el libertino alemán asimilado a la doctrina comunista.  El Berliner Ensemble lo estrenó en 1959. En 1995, el entonces director del remodelado Berliner, Heiner Müller, realizó una adaptación de la obra, con Martin Wuttke en el papel de Arturo Ui. La interpretación de Wuttke vale un viaje a Barcelona e incluso a Berlín. Es soberbia, sin más. Arturo Ui es Hitler, y la acción, situada en el Chicago de los Gangsters, representa la ascensión de Hitler al poder, gracias a un conjunto de maniobras,  suciedades políticas y violencia calculada y subvencionada.

La puesta en escena de Müller evidencia que cuando se tiene talento, profesión, presupuesto y tiempo, una obra puede durar décadas sin necesidad de cambiar más que los actores, aunque en este caso, Martin Wuttke parece haberse apropiado de la personalidad de Ui-Hitler, un gangster de poca monta, pero con la determinación de hacerse con una ciudad utilizando la violencia selectiva y el chantaje inteligente. La adaptación de Müller incluye una declaración inicial y final de Arturo Ui sobre la fuerza de la fe y la voluntad para obtener el éxito, partiendo del más miserable de los comienzos. De hecho, Wuttke encarna a un perro sarnoso, jadeando por las calles. Lo hace con una maestría pasmosa.

En el programa de mano hay unos párrafos de Müller. Concluye con la afirmación de que el tono de voz de Brecht, potente, declamatorio, agitador, épico era “parecido al de Bismarck y Ulbricht, y también al de Hitler y al de Artaud”. Esto no es un despropósito. En primer lugar, porque Müller destaca los cimentos alemanes de esos personajes, salvo Artaud, al que cita por el contexto de la frase, extraída de una reflexión sobre el maestro del “teatro de la crueldad”. Bismark, Walter Ulbricht y Hitler tenían en común una visión totalizadora de Alemania, aunque Ulbricht tuvo que reservarla a la Alemania Democrática, que él gobernó con mano de hierro entre 1950 y 1971, convencido de la la otra alemania era una vergonzosa colonia yanqui, con algo de razón, todo hay que decirlo, si bien la RDA fue lo más parecido a una colonia soviética.

En esa colonia soviética vivió Brecht los últimos años de su vida, sin nacionalizarse nunca ciudadano de la RDA, apoyando la represión de los albañiles revoltosos de 1953, pero consciente de que la revuelta tenía como origen el mal gobierno de los supuestos representantes de las fuerzas populares. Brechet no se casó con nadie, mejor dicho, se casó con Helene Weigel, que consintió que su marido tuviera una sucesión de amantes. Este aparente libertinaje erótico-afectivo de Brecht es paralelo a su aparente libertinaje ideológico. Porque el dramaturgo alemán nunca hizo el más mínimo gesto de separarse de su mujer legítima ni se marchó de Berlín a otro lugar donde hubiera ganado más dinero. ¿Qué habría pasado si Helene hubiera plantado a Brecht en algún momento de su matrimonio? ¿Qué habría pasado si el socialismo real hubiera desautorizado a Brecht? ¿Habría sucedido algo así de haber sido Brecht más longevo?

A Bertold Brecht ni el dinero ni el sexo le quitaban el sueño. Eran un medio para mantener engrasadas sus meninges, y producir una serie de poesías que no se publicaron y de obras teatrales que no se estrenaron hasta después de su muerte. Porque Brecht dedicó lo más fino de su inteligencia a observar el mundo, a deleitarse con él todo lo posible, y a retratarlo en magníficos frescos dramáticos que al representarse ahora adquieren mayor fuerza que si se hubieran puesto en escena en su época. Probablemente habrían sido rotundos fracasos.

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Spain is different

Enero 20, 2010 · Dejar un comentario


España persiste en ser diferente.

En el Ulster, cuando la mujer del primer ministro le engaña con un jovencito, y aprovecha la posición de su marido para conseguir un favor para su amante, el primer ministro reconoce su responsabilidad conyugal y dimite.

En España, el mismo caso se resolvería de esta manera: el político cornudo daría una conferencia de prensa y se mostraría encantado del atrevimiento de su mujer, restaría importancia a los hechos, algo que le pasa a la mayoría de las parejas, aceptaría sus cuernos como una tasa emocional por la igualdad de géneros, y concluiría negando el favor de su esposa al jovencito, asegurando que la transacción se realizó de acuerdo con la más estricta legalidad.

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Paradojas

Enero 18, 2010 · Dejar un comentario

Paradojas de la inteligencia

Dice un antiguo sindicalista convertido en funcionario gracias a su pasado: “Nunca me ha ido mejor que con Aznar. Pero cuando se fue, abrí una botella de champán”.

En la época del aborrecido líder pepero, el tipo había sumado a las tres viviendas que poseía un Mercedes y un campo de hortalizas que cultivaba en los largos asuetos que le permitía su trabajo.

Ahora dice: “Estoy empezando a ver miseria a mi alrededor. Pero por nada del mundo votaría contra Zapatero.”

Según la mayoría de las observaciones y experimentos, el ser humano es inteligente y racional. Pero hay innumerables excepciones.

Paradojas de Haití

Al hambre le sucede la violencia y a la violencia el caos. Millones de seres humanos famélicos, sin recursos y sin futuro. Esto es lo que menos debe de importarles, el futuro. Pero a nosotros, que desayunamos, comemos y cenamos todos los días, nos produce escalofríos imaginar el destino de esos congéneres. Mucho arte y literatura de Occidente pronostica un destino dantesco a nuestro mundo privilegiado. Pero los que ya viven en el infierno son los habitantes de territorios baldíos como Haití.

¿Qué podemos hacer? ¿Intervenir según nuestro mejor entendimiento y voluntad, privando de la capacidad de decisión a los haitianos, que han harto demostrado ser incapaces de autogobernarse? ¿Abandonarles a su suerte? ¿Entregarles unas toneladas de ayuda humanitaria, unos cuantos millones de dólares y dejarles caminar de nuevo poco a poco hacia un precipicio?

Occidente inventó y desarrolló la democracia. Pero cada vez que ha intentado poner su frágil huevo en un corral ajeno a las costumbres euroamericanas forjadas desde la Ilustración, el pollito no ha llegado a nacer. (Pienso en El Siglo de las Luces de Alejo Carpentier y me pregunto qué escribiría ahora el cubano.) A lo mejor es que la democracia sólo nos sirve a nosotros, y no siempre y no a todos.Pero desde luego en el continente africano y en todo Asia, eso de las libertades democráticas y los derechos del ciudadano y demás rótulos dorados son meras zarandajas. Esperar que los chinos o los indios alcancen las formas democráticas que tiene Francia, por no citar a un país anglosajón, es tan estúpido como creer que Mao instauró el comunismo marxista entre sus cientos de millones de súbditos.

La miseria de Haití la han fomentado pacientemente los propios haitianos. Sin duda la mayor responsabilidad recae sobre esa banda de buitres que pasa por ser su clase dirigente. Pero eso de echar la culpa a los yanquis no es más que un acto de miopía basado en el hecho real de que a los tipos de Washington les venía bien la estabilidad con que Papa Doc y su hijo machacaron a su pueblo.La otra mitad de la isla también estaba dentro del objetivo imperialista yanqui y no se ha convertido en un erial poblado de seres desesperados.

¿Y ahora, qué haremos?

Si no queremos abandonarlos a su ruina, tendremos que inventar un neo colonialismo formalmente basado en la voluntad de no ser colonialistas. Algo bastante kafkiano.

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Noticias de Haití

Enero 15, 2010 · Dejar un comentario

Una maldición se ha abatido sobre Haití. El Vudú o la Magia Negra. La razón no alcanza a entender semejante catástrofe.

Durante dos días me he privado voluntariamente de leer las noticias o de ver imágenes de la catástrofe en la televisión. Hoy he acudido a la prensa digital.

De la información sobre el terremoto de Haití en los diarios digitales, me ha impresionado la imaginación empleada por los grafistas para crear cabeceras, y también que para entrar en determinadas informaciones te salga al paso una pantalla publicitaria.

Tiemblo al imaginar el envoltorio en el que irá empaquetada la catástrofe en las televisiones. No quiero verlo.

Una conclusión extraigo de los tres diarios nacionales que he visitado: las crónicas de los corresponsales son de una calidad literaria extraordinaria. Tienen desplegados ante ellos todos los estímulos del horror para transmitirlo, y sin duda son buenos profesionales. Pero donde se encuentra la información más extensa es en los textos de agencia. Carecen del filtro literario de los enviados especiales. Van al grano, no aliñan con detalles melodramáticos la noticia.

Destaco una que aparece en todos los medios que he visitado: “Supervivientes al terremoto que sacudió Haití el martes están organizando barricadas con los cadáveres de fallecidos en señal de protesta por el retraso en la llegada de ayuda humanitaria al país, según informaron testigos. El fotógrafo de la revista TIME Shaul Schwarz aseguró a Reuters que había visto al menos dos de estas barricadas formadas por cuerpos humanos y rocas en diferentes carreteras. “Están comenzando a bloquear las carreteras con cadáveres, la situación se está poniendo fea. La gente está harta de que no llegue la ayuda”, afirmó.”

En ninguna página digital he encontrado yo esas barricadas. Cosa sorprendente, siendo un fotógrafo quien hace la afirmación.

Las fotografías de agencia son mucho más ilustrativas de la catástrofe que las realizadas por fotógrafos free lance o contratados por los diarios. Las de estos últimos ponen todo el énfasis en la visión melodramática, en el impacto visual, no en mostrar los efectos del terremoto, directamente, sin efectos estéticos. ¡Esto sí que es horrible, que se maquille estéticamente una tragedia! Y sin embargo, los medios están obligados a ello, porque de no hacerlo, la catástrofe pasaría inadvertida en sus páginas.

Uno de los diarios ofrece una fotografía aérea de un barrio de Puerto Príncipe. Al recorrerla con la lupa digital, no he visto devastación sino un panorama de chabolismo. Es imposible observar las casas y las calles con la proximidad necesaria para hacerse una idea de las consecuencias del terremoto. Esa foto no sirve para nada, es un anzuelo más.

Testimonio revelador de un cubano que se encontraba en la isla al sobrevenir el temblor de tierra. Recordaba así el momento: “Veníamos en una guagua y empezó a dar bandazos. Al poco, una polvareda cubrió todo, y comenzó a aparecer gente herida, con sangre por la cara. Yo creía que los estadounidenses habían empezado a tirar bombas”. A más de uno se le ha pasado por la cabeza la idea de responsabilizar a los EE UU del terremoto, directa o indirectamente. Algo he escuchado en la radio. Me parece asqueroso polemizar ahora sobre la responsabilidad de quién es culpable de los extremos tan apabullantes de miseria del país.

Para acabar, las cifras. El primer día escuché que los muertos pasaban de los cien mil. Ahora se ha reducido el número a la mitad. Ignoro si al final tendrán razón los exagerados o los prudentes. Da igual. Como periodista, entiendo la necesidad de los medios de hablar del número de muertos. Pero me parece una irresponsabilidad coger al vuelo una afirmación de una supuesta autoridad y difundirla. Como en todos los casos, catástrofes naturales, violencias sociales o políticas, sucesos de poca monta o accidentes de tráfico, la información real, la veraz, tardará en filtrarse. Hasta que no pase un mes no tendremos una visión aproximada de lo que ha sido esa tragedia. Para entonces,  los medios se habrán olvidado de ella. Mientras tanto, lo único que podemos hacer es ayudar a repararla. Cada uno como sepa.

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Interacciones plásticas

Enero 14, 2010 · Dejar un comentario

Una de las esculturas de Navarro vigilando la Gran Muralla

Rodolfo Navarro es artista. Su empeño mayor son las interacciones plásticas. Pinta inmensos murales en un papel resistente, las tienden en el suelo de un claustro renacentista, debajo de la torre Eiffel, en el patio de un museo alemán, en la Muralla China. Las personas pasan y miran el mural.

¿Por qué hace esto Rodlfo Navarro? Para colmar un deseo, un impulso irresistible, dice él. La energía vital del artista, del creador.

El mural, abrigando la Gran Muralla

A raíz del primer intento, la primera instalación de un “mural sobre papel” (50 metros cuadrados) en el suelo de gravilla donde se eleva la torre Eiffel, debajo justo de ella, de forma que podía verse desde las escaleras o el ascensor, descubrió que la mirada de los turistas se dirigía a su obra. Dice que comprendió entonces que podía hacerse un “cuadro” en el que la gente se metiera, “que no necesitaran entrar en un museo o en una galería para recibir el mensaje proveniente de un cuadro, que el público se encontrara de repente con un cuadro inmenso en la calle, que no necesite ir a ver Arte, sino que el Arte lo encontrara paseando, de compras o al ir al trabajo… tropezarse con él e involuntariamente establecer una comunicación, cualquier cosa, pero al fin una conexión entre el espectador y la obra, una relación siempre enriquecedora.”

Es el propósito de todos los artistas, que las personas tengan aceso a su obra, la vean, la lean, la escuchen, ya sea en un salón público, en uno privado o en la medio de una ciudad. En esto, Rodolfo no se diferencia de sus colegas. Su “descubrimiento” adquiere fuerza en su voluntario apartamiento de los circuitos mercantiles del arte. No expone en galerías.

Esto no significa que Rodolfo Navarro sea otro caso de creador misántropo, recluido en el tormentoso Olimpo de la Elite. Al contrario, Rodolfo es un hábil agente de su trabajo. Tiene una página web (http://rodolfonavarro.es/arte_joyeria/tienda.php) en la que promociona todos sus productos, que van desde el retrato a las joyas (aprendió el oficio de sus padres, que tienen un taller de orfebre en Valencia), desde la escultura a la fotografía, pasando por la edición de libros de arte y la publicidad de sus interacciones plásticas.

A Rodolfo no se le encontrará en los depósitos de ninguna galería comercial, es posible que tampoco en ningún museo (lo ignoro, es una especulación derivada de su posicionamiento artístico anticonvencional). Pero su estudio de la ciudad de Liria, donde reside, está ariborrado de creaciones. En ese estudio se puede uno tropezar también con una retahila de niños dando rienda suelta a su imaginación vía la plástica.

He conocido a Rodolfo Navarro en una exposición magnífica que acaba de cerrar en las Reales Atarazanas de Valencia. Aprovechó el inmenso espacio para realizar una muestra antológica de sus realizaciones. Deduje tras la visita que es un artista vocacional y lleno de energía. No le asusta la competencia del terreno en el que se gana la vida, no le arredran los obstáculos que debe sortear el artista en su oficio. No sé si se desanima, pero no lo aparenta, o lo disimula muy bien. Y tiene un secreto de los que suelen guardarse en baúl con cinco llaves: el trabajo.

Al final lo que queda es el trabajo. Al final es el trabajo el que da sentido a la vida. Al final es el trabajo el que redime los pecados que van cometiéndose en la vida.

Resulta difícil aceptarlo, en un mundo en el que los parásitos y los energúmenos pueblan los territorios de la fama. Pero es así.

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Teoría de los tres mundos

Enero 11, 2010 · Dejar un comentario

Una esquina de Antequera

Ofrezco su desarrollo a aspirantes a doctores sin tema de tesis, ensayistas en dique seco, sociólogos hartos de encuestas, contertulios (tertulianos), reporteros sin fronteras y porteros de discoteca.

A continuación, una sinopsis.

En nuestro mundo hay tres mundos.

Uno, el mundo de los medios.

Dos, el mundo de los políticos.

Tres, el  mundo de la realidad.

El primero es virtual, lo fabrican los medios de comunicación y, sobre todo, la publicidad, que es el sostén y la razón de ser de un montón de personas.
El segundo es una fantasía hipócrita tejida por los políticos en ejercicio.
El tercero es el que vemos cuando nos mezclamos con la realidad, y está compuesto de muchas realidades, la de cada uno de nosotros, la de los objetos, la de los animales no racionales, y la de los mundos Uno y Dos.

La mayoría de las personas nos esforzamos por vivir en el tercer mundo, pero los dos primeros hacen lo posible por influir en él.
El primer mundo, el de la publicidad y los medios, intenta conformar nuestras costumbres más arraigadas, las comerciales. Nos alimenta, nos viste, nos amuebla la casa y la cabeza.
El segundo mundo, el fabricado por los politicos, difiere tanto del real y del publicitario que cuesta aceptarlo.  Es un mundo tan engañoso como el primero, pero el maquillaje es tan burdo que no disimula el cuento sino que lo pronuncia.Y sin embargo, cada vez que hay elecciones, la población lo refrenda libremente con su voto.
Del tercer mundo, poco hay que decir, pues lo llevamos a cuestas y avanzamos pisándolo a la vez. Las interferencias de los dos mundos figurados son tremendas, violentas, nada sutiles. Pero sobrevivimos a todo.
Vamos camino del agotamiento de los recursos. No de los naturales, sino de los ideológicos. La publicidad que domina prácticamente la conciencia de los seres humanos, está rizando el rizo y ya ha invadido el territorio de la inverosimilitud. Nadie se cree nada, aunque parezca que sí, puesto que seguimos comprando. Pero el comercio es el hábito más antiguo de la sociedad humana. Los políticos han perdido todo contacto con la realidad y viven en un mundo imaginario cada vez más gárrulo y garrulo.

Antaño, las artes habían creado un mundo propio en Euroamérica. Pero duró un suspiro, de la Ilustración a la Modernidad. Hoy, los recursos creativos más valiosos de los cinco continentes se emplean en la publicidad. El arte actual, dicho mal y pronto, es una caca.

Aconsejo a los ensayistas a quienes ofrezco la explotación de este material, que se fijen en el conglomerado humano que fabrica el primer mundo, y me permito disuadirles de investigar en el segundo, que depende tanto del mediático. Entrar en la redacción de un mass media o de una agencia publicitaria es una revelación, casi una epifanía. Allí encuentra el estudioso, encarnados en seres humanos, todos y cada uno de los tópicos que se propagan: las redactoras más guapas, jóvenes y elegantes, los redactores más agresivos (también jóvenes y elegantes), la superficialidad, la inmediatez, la prisa, el perfume de la noticia antes que la noticia, la imaginación febril al servicio de la máxima audiencia, la ironía, el cachondeo, el cinismo. Todo esto y mucho, mucho más.

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Diálogo con las paredes

Diciembre 31, 2009 · 1 comentario

Si no es usted feliz, puede llegar a estarlo.

Palimpsesto ideológico.

Entrada libre

Autorretrato anónimo

Sindicatos versus autogestión

Antes de la tertulia

Instantáneas tomadas hace dos días en la calles de Almería.

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